El puente Chaco-Corrientes frente a su límite operativo
El Puente General Manuel Belgrano, que une las provincias de Chaco y Corrientes, atraviesa una crisis estructural y operativa que amenaza con transformarse en una emergencia permanente. Inaugurado en 1973, el paso interprovincial fue diseñado inicialmente para una carga vehicular muy inferior a la actual. Hoy soporta el paso de entre 20.000 y 27.000 vehículos por día, lo que hace que se generen demoras y congestión en horarios pico.
La semana pasada, un accidente múltiple expuso con crudeza la fragilidad del sistema. Un camión de gran porte, que se habría quedado sin frenos, provocó una colisión en cadena que dejó como saldo una persona fallecida, dos heridos graves y numerosos vehículos dañados. El tránsito quedó paralizado por horas, afectando a miles de automovilistas y transportistas. Más allá de la gravedad del hecho en sí, lo ocurrido evidenció lo que desde hace años denuncian especialistas, usuarios y empresarios, y es que el tránsito sobre el puente está saturado.
No hay que olvidar que es la única conexión terrestre entre dos capitales provinciales que juntas conforman un conglomerado urbano de casi un millón de personas. Además, es un punto neurálgico del transporte de cargas regional, nacional e internacional, por donde circulan productos de Misiones, Formosa, el norte de Santa Fe y países vecinos como Paraguay y Brasil, con destino a puertos argentinos o hacia la región del norte de Chile. Cada interrupción, por mínima que sea, tiene consecuencias en la logística del Mercosur, en los costos de las industrias y en la calidad de vida de los ciudadanos de nuestra región.
El episodio del viernes confirma que el puente que une las dos provincias, pese a seguir siendo estructuralmente sólido, ha alcanzado su límite funcional. Las demoras, los cuellos de botella en los accesos, los controles superpuestos y el tránsito pesado sin regulación efectiva convierten el cruce diario en una odisea cotidiana.
Frente a esta situación, y ante la incertidumbre sobre la construcción del postergado segundo puente interprovincial, especialistas y entidades empresarias proponen medidas inmediatas de factibilidad concreta. Entre las principales sugerencias figura la implementación de una divisoria central para evitar colisiones frontales, causa frecuente de accidentes graves que paralizan la circulación por horas. También se propone reforzar el control de carga y potencia de los camiones en el ingreso chaqueño, especialmente en la zona de peaje, para evitar que vehículos con sobrepeso o sin potencia adecuada queden varados en las subidas. Estas acciones permitirían reducir los riesgos viales y proteger la infraestructura existente.
El 70 por ciento del tránsito sobre el puente corresponde a desplazamientos en vehículos locales, por lo que un pequeño cambio de hábitos incentivado por tarifas puede contribuir a descongestionar los horarios más críticos. Asimismo, se plantea la construcción de una nueva vía de acceso para el barrio San Pedro Pescador, en el lado chaqueño, ya que su conexión actual interfiere directamente con el complicado tránsito general del viaducto.
Desde el punto de vista estructural, los expertos insisten en la necesidad de reforzar las defensas de las pilas centrales ante el creciente tráfico de barcazas de gran porte por la hidrovía Paraná-Paraguay. Aunque existen protecciones flotantes, estas no serían suficientes para resistir el impacto de un convoy pesado, y un choque de este tipo podría tener consecuencias serias para la estabilidad del puente.
La construcción de un segundo puente entre Resistencia y Corrientes ha sido anunciada en múltiples ocasiones, pero lamentablemente nunca se concretó. Entre las razones se pueden señalar la falta de decisión, obstáculos técnicos, inestabilidad institucional y, más recientemente, la drástica caída en el presupuesto nacional destinado a obras públicas en la provincia del Chaco. Para 2026, el crédito asignado a la provincia en este rubro cayó un 78 por ciento, lo que prácticamente descarta cualquier avance en el corto plazo.
La saturación del Puente General Belgrano es una cuestión vial pero también representa una amenaza para el desarrollo económico y productivo de las provincias de la región. El siniestro de la semana pasada ocurrido sobre el paso interprovincial debe servir como una nueva advertencia sobre la necesidad de sumar esfuerzos con el objetivo de lograr lo mejor para el desarrollo integral de la región.
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