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Opinión

Hacia dónde va la crisis en el transporte público 

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José Valentín Benítez, contador público y analista de Economía.

En el medio de otra crisis del transporte en Resistencia, me gustaría compartir sintéticamente algunas reflexiones sobre el tema que recurrentemente está en la agenda del día.  

Se escuchan voces que hablan de la "voracidad de los empresarios",  "que los trabajadores tienen razón, pero deberían buscar otra forma de reclamar" o "que los únicos perjudicados son los usuarios".

En el cálculo del costo (y obviamente del precio del boleto) del transporte automotor existe un índice que es ineludible para calcularlo: el índice pasajero/kilometro. 

Para decirlo muy sencillamente: si el costo de movilizar un colectivo (combustible, neumáticos, salarios, lubricantes, amortización del rodado, etc. etc.) suma 100 pesos y un solo pasajero realiza el viaje, el precio del boleto será de 100 pesos. 

Si los pasajeros son dos, el precio será de 50. Además, interviene otro índice –pariente directo del anterior– que es la rotación del asiento. Si en el recorrido suben y bajan pasajeros, automáticamente mejora el índice pasajero/kilómetro.

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La utilización del transporte público de pasajeros viene disminuyendo en términos interanuales a partir de la suba considerable de la tarifa.

Reflexiones sobre el sistema de transporte urbano

- Primera reflexión: en nuestra ciudad la rotación del asiento es muy baja, es mínima. Los usuarios suben en el barrio y bajan en el centro, o viceversa. Esta es la regla general. Además, por medios alternativos, y por falta de una política de transporte urbano, también baja el pasajero/km

- Segunda reflexión: desde un barrio promedio (San Cayetano, por ejemplo) la distancia al centro es de 4 o 4,5 km. Ida y vuelta, en un auto (también promedio) gasta un litro de combustible. Es decir 1.550 pesos. 

Una persona gastaría $2.600 (a $ 1.300 el boleto) de pasajes en colectivo.  Si fuera un matrimonio ese gasto sería de $ 5.200. Así de simple. El usuario no hace cálculos de gastos de neumáticos, lubricantes y amortización. Busca comodidad y rapidez en su traslado y vive el día a día. Dejo para técnicos, que sepan más que yo, estos análisis y la incorporación, por ejemplo, del gasto de estacionamiento (si existiera en la zona del usuario).

- Tercera reflexión: ¿qué incentivo tiene un usuario que debe venir al centro para tomar un colectivo? Espera en la parada. Detenciones a lo largo del trayecto, etcétera.  

Y si agregamos un cálculo de lo que sale movilizarse en motovehículo comparado en el precio del boleto, la respuesta es obvia.

- Cuarta reflexión: ¿se le puede pedir a los empresarios que trabajen a pérdida? ¿Se les puede pedir a los trabajadores de las empresas que acepten tener salarios menores?

La incidencia del Estado en la discusión 

Lo que quiero decir es que el Estado debe plantearse discutir el sistema de transporte urbano, no únicamente como un mecanismo de traslado de personas. Se debe plantear el tema como un sistema de tránsito que incentive su uso. Tratar de sacar vehículos que vienen al centro, por ejemplo. Se me ocurre que esto disminuiría la alta siniestralidad.

También pienso claramente que esto no es posible lograrlo sin subsidio (sí, aunque suene como mala palabra). Esto no significa darle plata en efectivo a las empresas. Se puede buscar mecanismos indirectos como exenciones impositivas, por ejemplo. ¿Cuánto nos ahorraríamos en la salud, pública y privada, con menor siniestralidad?

Cada aumento del boleto significa, en las actuales circunstancias, un índice menor pasajero/kilómetro. Por supuesto, esto significa menores frecuencias, mayores incomodidades, menos trabajadores del transporte. Y todo este combo, mayores incentivos para utilizar vehículos particulares (de cualquier tipo), mayor congestionamiento del tránsito, mayor siniestralidad, mayor contaminación, etcétera. Si solamente se discute el precio del boleto o que los salarios son altos, mal veo el futuro de los servicios de transporte de pasajeros.

Estas reflexiones, casi telegráficas, merecen mucho más análisis y seguramente aportes y correcciones, pero son un intento de abordar la cuestión desde un punto de vista más integral. 

Así como estamos, el transporte urbano tiene poca vida y ahí sí, los usuarios serán los verdaderos perjudicados. Sin hablar de los habitantes de la ciudad en los aspectos ya citados. 

*

 (El autor es contador público, analista de Economía). 

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