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Sedentarismo, una amenaza para la salud

Sustituir el tiempo sedentario por una actividad física de cualquier intensidad, incluso leve, se traduce en beneficios para la salud. Así lo advierte la Organización Mundial de la Salud en su informe "Directrices sobre actividad física y comportamientos sedentarios", en el cual se destaca que "cada movimiento cuenta" y que todas las personas, independientemente de su edad o capacidad, pueden beneficiarse de ser más activas.

La guía de la OMS recomienda a los adultos realizar entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada a vigorosa por semana. Para niños y adolescentes, de 5 a 17 años, en tanto, sugiere que realicen un promedio de 60 minutos de actividad física diaria. En el caso de mujeres embarazadas se alienta a mantener una actividad física regular durante el embarazo y el posparto y que se adapten las actividades a su condición; mientras que para adultos mayores, a partir de los 65 años, se recomienda incluir ejercicios que mejoren el equilibrio, la coordinación y la fuerza muscular para prevenir caídas y mejorar la salud general.

El sedentarismo es considerado un factor de riesgo tan peligroso como el colesterol elevado, el tabaquismo o la hipertensión. De hecho, los especialistas consideran a la falta de actividad como el cuarto factor de riesgo más importante, después del consumo de tabaco y el exceso de glucosa en la sangre. En cambio, la actividad física regular es considerada clave para prevenir enfermedades como las cardiopatías, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer, reducir síntomas de depresión y ansiedad, mejorar la salud cognitiva y la memoria. Por estas razones, la OMS enfatiza la necesidad de reducir el tiempo dedicado a actividades sedentarias y aconseja que cualquier tiempo sedentario sea reemplazado por actividad física, incluso de baja intensidad, ya que esto puede traducirse en beneficios significativos para la salud. Según estudios médicos, el sedentarismo aumenta el riesgo de mortalidad prematura, convirtiéndose en un factor clave en la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles.

Una de las principales causas de este fenómeno radica en los hábitos de vida actuales, que han ido evolucionando hacia un modelo más pasivo. En muchos hogares, las personas pasan una gran parte del día frente a la televisión o la computadora, mientras que los niños, cada vez más, prefieren la pantalla de un teléfono móvil a la actividad al aire libre. La falta de tiempo o de motivación para realizar ejercicio físico, junto con la creciente disponibilidad de entretenimiento digital, hace que nos resulte cada vez más difícil desconectarnos de la inactividad.

Según la Fundación Cardiológica Argentina, una persona físicamente activa tiene mayor y mejor esperanza de vida, independientemente de los factores hereditarios que tenga. Observa, además, que aún en los casos en los que haya factores de riesgo cardiovascular, una persona físicamente activa, reducirá el riesgo de muerte prematura en comparación con las personas inactivas que no tienen factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.

Es necesario un cambio en los hábitos, y este debe comenzar en los entornos más cercanos: el hogar y la escuela. El seno familiar es el primer espacio donde los niños y jóvenes deben aprender la importancia de mantenerse activos. Los padres juegan un rol importante en la promoción de hábitos saludables, tanto a través de su ejemplo como fomentando actividades físicas que involucren a todos los miembros del hogar. Es fundamental limitar el tiempo frente a las pantallas, promoviendo en su lugar juegos al aire libre, deportes o incluso caminatas en familia.

Debe tenerse en cuenta, por otro lado, que una vida sedentaria combinada con hábitos alimentarios no saludables favorece la aparición de enfermedades que empeoran la calidad de vida de las personas, a cualquier edad. Por eso es importante promover hábitos saludables en la alimentación ya desde edades tempranas.

Las escuelas tienen una responsabilidad esencial en la educación para la salud. Incorporar más actividades físicas, no solo en las clases de educación física, sino también a través de actividades que involucren a los estudiantes en ejercicios durante el día, puede ser una alternativa.

Las políticas públicas, a su vez, deben incentivar la creación de entornos más saludables, como parques accesibles, zonas peatonales y facilidades para el uso de bicicletas. Las campañas de concientización son fundamentales para cambiar la mentalidad de una sociedad que, lamentablemente, se ha acostumbrado a la inactividad. Es necesario que la ciudadanía tome conciencia de los serios riesgos del sedentarismo y actúe en consecuencia.

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