La lucha contra la desinformación
Las mentiras, especialmente las más sensacionalistas o escandalosas, tienden a provocar reacciones emocionales más intensas que los hechos verídicos. Así lo advierten distintas investigaciones que se llevaron a cabo para comprobar si las personas son más propensas a creer en aquellas narrativas que les provoca una fuerte respuesta emocional, independientemente de su veracidad.
Según los historiadores, la información falsa no es un fenómeno nuevo, sino que a lo largo de los siglos en distintas partes del mundo se ensayaron las más diversas estrategias para manipular la opinión pública. A modo de ejemplo, citan la disputa por el poder en la Roma imperial, cuando se difundieron rumores y noticias falsas sobre Marco Antonio para desacreditarlo. Otro caso de estudio es el conocido como la niña de Kuwait y la invasión de Irak: en 1990, poco antes de que Estados Unidos y sus aliados lanzaran la Operación Tormenta del Desierto contra Irak, una niña kuwaití de 15 años llamada Nayirah testificó ante el Congreso de Estados Unidos sobre atrocidades cometidas por las fuerzas iraquíes en Kuwait. En su testimonio, Nayirah afirmó haber sido testigo de cómo los soldados iraquíes sacaban a bebés de las incubadoras de un hospital en Kuwait y los dejaban morir en el suelo. El relato causó indignación y sirvió como justificación para que Estados Unidos y sus aliados intervinieran militarmente contra Irak. Sin embargo, en 1996, una investigación de Amnistía Internacional, Humans Right Watch y periodistas independientes demostró que el testimonio de Nayirah había sido falso y que había sido preparada por una empresa de relaciones públicas contratada por Kuwait para testificar. La chica, se supo después, resultó ser la hija del embajador kuwaití en Washington.
La BBC por su parte, en un artículo titulado "Noticias falsas que propiciaron guerras y conflictos alrededor del mundo", revela la información que pusieron a circular medios rusos en 2014 sobre el caso de un niño -hijo de una refugiada rusa- que, supuestamente, había sido crucificado en Ucrania. Más tarde se descubrió que el hecho nunca existió y que fue una maniobra de propaganda para manipular a la opinión pública.
Pero no hace falta ir muy lejos en el tiempo para encontrar otros ejemplos de desinformación. Esta semana, en el reciente debate entre la vicepresidenta Kamala Harris y Donald Trump en Estados Unidos, el candidato republicano aseguró que inmigrantes haitianos en Ohio comían los perros y gatos de las familias de ese estado norteamericano. Las autoridades locales no tardaron en desmentir tales afirmaciones, mientras que organizaciones de la sociedad civil denunciaron que las expresiones de Trump se basaron en rumores sin fundamento, con el fin de provocar una reacción emocional en los votantes en relación al debate sobre la inmigración en Estados Unidos. El equipo de campaña del republicano utilizó una estrategia similar en la carrera por la Casa Blanca en 2016, cuando viralizó información que aseguraba que la pizzería Comet Ping Pong de Washington escondía en realidad una red de pedofilia ligada a la candidata demócrata, Hillary Clinton. El asunto habría pasado como un caso más si no fuera porque poco después un hombre de 28 años, identificado como Edgar Welch, ingresó armado al comercio y efectuó varios disparos sin causar heridos. Tras ser detenido, dijo que había actuado de esa manera luego de leer la información relacionada con la presunta red que tenía cautivo a niños.
El biólogo estadounidense, Edward O. Wilson, es el estudioso que -quizás- mejor sintetizó el desafío que enfrenta el mundo en la lucha contra la desinformación. "El verdadero problema de la humanidad es el siguiente: tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina", dijo. Por su parte, el investigador italiano, Alberto Alemanno, cuando fue consultado sobre el fenómeno de la manipulación de la opinión pública dijo que "la difusión de noticias que engañan intencionalmente se ha convertido en un problema creciente para el funcionamiento de las democracias, afectando la comprensión de la realidad por parte de los individuos". "De hecho, lo más perturbador no es tanto la cantidad de noticias falsas en las redes sociales, sino hacia dónde se dirigen intencionalmente. En particular, este tipo de noticias floreció durante las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2016 y continúa apuntando a votantes con poca información para determinar la victoria de los candidatos en elecciones polémicas", agregó.
Por último, es importante recordar que las informaciones falsas se nutren de nuestros prejuicios y que cuando se hacen circular lo que buscan es generar sensaciones de temor o indignación con el objetivo de manipularnos.
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