Resistencia31°Min. 21° • Max. 31°

La desinformación en temas de salud pública

Las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, sobre un supuesto vínculo entre las vacunas infantiles, el uso de paracetamol durante el embarazo y el autismo en niños fueron desmentidas categóricamente por la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea del Medicamento. Ambas instituciones reiteraron que no existe evidencia científica que respalde tales afirmaciones y subrayaron la importancia de seguir basando las decisiones de salud pública en estudios rigurosos y consensos médicos, no en opiniones personales sin fundamento.

Trump, acompañado por su secretario de Salud de EEUU, Robert F. Kennedy, conocido por su postura antivacunas, afirmó que no hay motivos para aplicar la vacuna contra la hepatitis B a recién nacidos y que el paracetamol podría ser perjudicial durante el embarazo. Ante tales afirmaciones, la OMS salió al cruce del mandatario estadounidense e indicó que las pruebas disponibles sobre estos supuestos riesgos son inconsistentes y que, si existiera una relación directa entre el paracetamol y el autismo, ya habría sido detectada de forma clara y repetida en múltiples investigaciones científicas. El organismo insistió en que las vacunas continúan siendo una de las herramientas más eficaces para prevenir enfermedades y salvar millones de vidas cada año.

Por su parte, la Agencia Europea del Medicamento señaló que no hay evidencia que justifique modificar las recomendaciones actuales sobre el uso de paracetamol en embarazadas. En un comunicado oficial, la institución explicó que el paracetamol sigue siendo una opción segura y eficaz para tratar la fiebre o el dolor durante el embarazo, y que todas las evaluaciones científicas disponibles descartan un vínculo entre su uso y el desarrollo de trastornos del espectro autista en los niños.

Diversos expertos en neurología, farmacología y autismo coincidieron en que las declaraciones de Trump carecen de base científica y generan confusión en la población. Este tipo de mensajes puede tener consecuencias graves en la salud pública, especialmente si provocan dudas injustificadas sobre prácticas médicas ampliamente comprobadas. La OMS recordó que los temores sobre una posible relación entre vacunas y autismo surgieron hace décadas a partir de un estudio fraudulento que fue retractado y desacreditado por completo, pero que aún hoy es utilizado como argumento por los sectores antivacunas.

La gestión de Trump en temas de salud pública es señalada por priorizar discursos ideológicos por encima de la evidencia científica. Desde su llegada a la Casa Blanca, su administración recortó fondos para la investigación de vacunas, despidió a altos funcionarios del Centro de Control de Enfermedades y los reemplazó por figuras escépticas con la vacunación. Un amplio sector de la comunidad científica denunció censura, presiones políticas y bloqueos a investigaciones en áreas clave como el cambio climático y la salud. Según estos expertos, los daños generados por estas políticas podrían tardar décadas en repararse.

En rigor, el historial de Trump respecto de la ciencia y la medicina incluye numerosos episodios polémicos. Durante la pandemia de Covid-19 sugirió inyectar desinfectantes como posible tratamiento contra el virus, una idea inmediatamente refutada por profesionales de la salud y hasta por los fabricantes de productos de limpieza. También se lo recuerda por haber observado un eclipse solar sin protección visual desde el balcón de la Casa Blanca, desoyendo las advertencias de astrónomos y de la propia NASA.

En la reciente reunión de la ONU, el presidente estadounidense volvió a poner en duda el consenso científico, esta vez respecto al cambio climático. Calificó la crisis climática como una estafa y ridiculizó los esfuerzos globales por frenar el calentamiento del planeta, en un discurso que fue ampliamente rechazado por mandatarios de otros países, especialmente aquellos más afectados por fenómenos extremos como la subida del nivel del mar.

La OMS reiteró que la vacunación infantil debe mantenerse como una prioridad de salud pública y que no hay motivos para alterar las pautas de vacunación vigentes. Además, recordó que las afirmaciones que asocian las vacunas con el autismo fueron refutadas en numerosos estudios internacionales y no cuentan con respaldo científico.

La desinformación en temas de salud pública representa un riesgo real para la sociedad. Cuando líderes políticos promueven ideas sin evidencia, generan confusión y socavan la confianza en los sistemas sanitarios. Las decisiones sobre salud deben estar guiadas por la ciencia, no por opiniones personales o prejuicios ideológicos.

Más de Salud Pública+ Ver todas
Te puede interesar