Me estremeció una mujer
Es casi un lugar común reconocer que Evita se ganó a pulso el lugar que ocupa en la historia argentina, más aún si la ubicamos en el escenario político de los años 40 del siglo pasado.
Cuando todavía hoy no erradicamos la atrasada cultura patriarcal y machista que nos rodea, se hace más comprensible el sentido de su lucha.
Puede ocurrir incluso que alguna versión feminista actual, renuente a las perspectivas populares, considere que a Evita le faltó marco doctrinario para expresar esa problemática.

Sin embargo, el ejemplo de su trayectoria vital, da cuenta de lo disruptivo de su paso por nuestra historia y de su capacidad para poner patas arriba el orden establecido.
Acaso cuestionen su encarnizada reivindicación hacia Perón, su ajuar ocasional, quizás hasta hagan a un lado su edad, y en el juego de las apariencias olviden el sentido revolucionario de su práctica.
Veamos lo que dice Estela Díaz (militante social, feminista, ministra de la mujer de la provincia de Buenos Aires) respecto del resultado material de su militancia –el saldo subjetivo es una realidad de la que da cuenta inapelable su presencia en la conciencia revolucionaria de los pueblos–:
"El peronismo hizo, con hechos concretos, muchísimo por ampliar los derechos de las mujeres, pero no supo articular un discurso que capitalice esas consignas como conquistas de género... Si bien las feministas entendieron que aquellas medidas de gobierno que garantizaron el acceso, por ejemplo, a la compra de electrodomésticos como lavadoras, y que por tanto facilitaron la realización de los quehaceres hogareños, no hicieron más que reafirmar los roles femeninos tradicionales, no se puede negar que mejoraron la calidad de vida de esas mujeres".
A continuación, Díaz observa el fenómeno desde otra perspectiva: "Ese feminismo que no incorporaba lo social, seguramente tenía ya saldadas las condiciones materiales básicas cuando cuestionaba mecanismos de inclusión social".
Así como la juventud recuperó su legado al decir "Si Evita viviera...", su figura, agigantada con el paso de los años, renace este 7 de mayo, en vísperas de un paro general convocado por la CGT para hacer frente al saqueo, la entrega y la destrucción de derechos, y se pone al frente del pueblo trabajador.
(*) El autor es profesor en Historia.
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