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Jorge Castillo: el grito consciente

Jorge Castillo era un guerrero. Un hombre no condescendiente con los hombres, como son los exigentes, los programáticos, los convencidos de sus ideas y sus acciones. Porque Castillo era un hombre de acción. Y en el campo de batalla, el blanco era blanco y el negro era negro. No como cerrazón ni autoritarismo, sino como conducta para que el objetivo llegue sin mácula y sin tacha.

Castillo en todo ponía pasión y argumento. Por ejemplo: sufría por el destino del río Negro. No podía concebir la negligencia o complicidad de una sociedad que miraba indolente la degradación del río. Por eso fundó la Comisión de Recuperación del río Negro. 

Castillo era hombre del río. Y tenía su muelle y su terreno arrimado al agua. Y transitaba su cauce, diagnosticando la salud del líquido –cual doctor con su paciente– y repartía a los cuatro vientos y de manera compulsiva las recetas médicas alertando y deschavando la gravedad del languidecido río y su entorno.

Enarboló la –tal vez– primera bandera ambiental en Resistencia. ¿Ganó en esa desgastante o edificante empresa? La respuesta podrá deducirla el lector.

Castillo era un castillo en el cual quien entrara disponía de muchos aposentos y salas para visitar y desandar los múltiples aspectos de su vida. 

Era psicólogo, estudió en Rosario, donde también se formó como cineasta, ejercitando y fomentando esa "ciencia cultural" a su regreso al pago. 

Jorge Castillo

Amaba el cine. El buen cine. Desde 1968 realizó filmes paseándose con igual pericia por la ficción, el documental, la experimentación y la animación. Siempre en Súper 8 mm, siempre guionadas, producidas, filmadas y editadas por él. Nosotros y los Otros, basado en mitos regionales, fue el primer filme de largometraje chaqueño. Pero también medulares otras realizaciones como Cacique Catán, Pinyo Olka, Campamentos juveniles y los varios cortometrajes sobre el ambiente y el río Negro.

En 2010 fue distinguido como referente del cine chaqueño por la asociación Audiovisualistas del Chaco Argentino (ACHA) con una muestra retrospectiva de sus filmes en el Centro Cultural Alternativo, del Instituto de Cultura.

Cuando llegó el tiempo de jubilarse de las labores formales, invirtió todos sus ahorros, vendió bienes, se metió en deudas para fundar un centro cultural que tiene por alma la sala de cine donde se dio el gusto de ofrecer ciclos exquisitos que elevaron la vara de la cultura resistenciana. 

Cuánta semejanza en el obrar con Victoria Ocampo que decía: "Gasté toda mi fortuna en lo único que vale la pena: la cultura".

Y agréguese como dato de color que las gacetillas semanales que enviaba a los medios de comunicación anunciando las películas por proyectarse en "el Ercilio", de tan completas y cultas, resultan sólidos artículos de crítica de cine.

Castillo fue docente. Sus centenares de alumnos dan fe de la pasión –¡otra vez!– con que transmitía saberes. Y entre varios otros cargos desempeñados, fue rector del Instituto Superior Domingo Faustino Sarmiento.

No es asunto de este panegírico agotar su biografía. Sucintamente mencionamos que fue magíster en Gestión Ambiental y Ecología y magíster en Ciencias del Ambiente y la Salud. Especializado en Psicología Ambiental. Fue socio fundador de la Asociación de Psicólogos del Chaco y cofundador y en varios períodos, presidente del Colegio de Psicólogos del Chaco. Sus investigaciones se centraron en la psicología infanto-juvenil, en los aspectos socioculturales del nordeste, problemáticas urbano-ambientales y en los impactos de la globalización.

Castillo era un cascarrabias, un testarudo, un "mal arreado", un "mal hablado" adornando siempre la queja de improperios. Pero como una manera de bajar al llano, de ser genuino y chúcaro en su ambiente.

A él le cabría esa anécdota de Sarmiento que dijo en un discurso: "Porque ‘Chaquespeare’…". Y la tribuna risueña le corrigió: "Se dice ‘Shespier’, maestro". A lo que contestó el autor del Facundo: "Veo que saben inglés" y terminó su discurso en la lengua albión.

La escritura es otro de los innumerables aposentos del castillo de Castillo. Entre sus obras, "La Adolescencia Marginal del Gran Resistencia", "Psicología para Educadores", "Resistencia, entre el paisaje negado y la indiferencia globalizada", "Cine Argentino e Identidad Cultural", "Psicología Ambiental", "Naturaleza y Cultura"; así como cuentos y trabajos científicos como el libro editado por la Complutense de Madrid: "Mercosur/Ambiente: Algunos problemas/ algunas propuestas".  Aunque su obra cumbre fue sin dudas "Crisanto, el que soñaba con París". Y se ve allí otra vez la pasión de sabueso para (re)construir la mejor biografía que se haya escrito de Crisanto Domínguez incluyendo hallazgos y revelaciones de la vida y la obra del gran escultor.

Castillo fue un romántico que con tenacidad buscaba desenterrar la escultura del indio enterrada en el Parque 2 de Febrero. Siempre seguía el camino de los desafíos y las utopías…

Jorge Castillo Miró fue un hijo orgulloso. Lo confirma el centro cultural que fundó al que dio en llamar "Ercilio Catillo", el nombre de su padre. Y en esa casa paterna que él habitó hasta sus últimos días, devenido en centro cultural, puso en valor y exposición la obra de su padre, figura preponderante en sus días; un estrecho colaborador de Yolanda Pereno de Elizondo, que no es dato menor.

De sus padres mamó cultura con derroche. Castillo amaba el canto coral y la cerámica; el psicoanálisis, las colecciones; el debate, el pensamiento crítico, las fotografías antiguas, el cine europeo y el soñar. Fue un hombre decente, coherente, que tuvo a la ética como regla. Que militó sus ideas muchas veces al costo de la soledad. Pero eso, en él, no habrá sido costo, con tanta fe y ahínco puesto en su proceder.

El jueves 18 de abril de 2024 murió Jorge Castillo. Cayó la noticia con sorpresa. Como un balde de agua fría. Es que era de esas personas que uno imagina encontrarlas hoy, mañana o siempre… Y es en la ausencia donde resplandece su mérito. 

Murió el escritor, el músico, el divulgador, el archivista, el docente, el cineasta, el psicólogo, el defensor ambiental, el académico, el caminante de la cultura. Y resulta que ya no está y se cae en cuenta de lo valioso y necesario que nos era.

Viene a cuento recordar las palabras de Platón a la hora de la muerte de su maestro Sócrates: "No llorábamos por él, sino por nosotros mismos, por sentirnos privados de tan grande alma".

¿En qué nueva aventura te has metido, Jorge? ¿Por cuáles dimensiones te paseás en este nuevo presente? (si "presente" es una categoría válida en el más allá). ¿Es verdad que el círculo donde habita Dios está superpoblado de serafines y majestades? ¿O la paz en la que morás es la mismísima nada? ¿O acaso el cielo es un espejo de la tierra, con un río Negro –tal vez más bermejo, tal vez enriquecido de peces multicolores–, por donde navegas sin descanso, al timón de los remos, con sonrisa de niño y felicidad arrebatada...? 

Marcelo Nieto, 18 de abril de 2024.

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