CARTAS DE LECTORES
Fernando Birri y el río Negro
Señor director de NORTE:
No sé si Fernando Birri habrá conocido nuestro río Negro. Papá nunca me comentó esto, y es probable que no. Siempre andaba de paso.
Cuando en el Festival de Cine de Mar del Plata (año 2004) le entregué a Fernando Birri las cartas que le había enviado durante la década de 1940 a Ercilio Castillo en un intercambio epistolar entre ellos dos, el viejo cineasta no se acordaba de él.
También le dejé —junto con las cartas— mi librito de "Cine Argentino e Identidad Cultural", pero no creo que haya tenido tiempo de leerlo durante esos días; quizá nunca lo hizo. Ahí comentó acerca de esa amistad.
Al día siguiente, cuando nos reencontramos en una función en donde se exhibía la película Mate Cosido, el bandolero fantasma, de la chaqueña y psicóloga Michelina Oviedo (Buenos Aires, 2003), Birri se acercó a mí y me preguntó: "¿Tanto tiempo guardó esas cartas?"
Casi nada más, pero tuve el pálpito de que ahora quizá algo sí se le movió adentro.
Ver las fechas, el logotipo de su teatrillo de títeres "Maese Pedro" usado como membrete de sus misivas y el "Viva los Títeres" y leer esas utopías dichas con entusiasmo y legítima pedantería de adolescente, seguramente lo hizo reencontrarse consigo mismo y ver en el barbado y simpático "maese Pedro", una premonición cumplida del que era ahora: la misma y larga barba; el sombrero en lugar del bonete; la felicidad de haber vivido.
Cuando se conocieron, papá era un maestro correntino ejerciendo en el interior del Chaco junto con Irma Miró. Ya había nacido Elbita (su primera hija) y tenía algo en común con Fernando: ambos hacían títeres y soñaban ("pisando la tierra", claro, como decía María Fux).
Birri estaba saliendo recién de la adolescencia, inquieto y lleno de utopías. Se llevaban diez años de diferencia; mi hermana ya había nacido. Cuatro años después nací yo, justo cuando mis padres fueron trasladados de la Escuela Rural 340 del Lote 13 (La Clotilde) a la Escuela 13, de la Liguria, en Resistencia, donada por el filántropo español Roger Balet.
Fernando, en sus cartas, habla del gran paso para mis padres que significaba ese traslado a Resistencia, más allá de la tristeza de dejar esos pagos donde aprendieron a ser maestros y buena gente. Seguro que papá, como buen "nostalgiero", le dio motivos a Fernando para esa especie de consuelo que ensaya en una de las cartas.
Siempre cuento que papá guardó todas las cartas que yo les escribí desde Rosario durante los seis años que estuve allá. No falta ni una, y las tenía en un paquetito (voluminoso por cierto) que decía "Cartas de Jorge". Son el espejo de lo que fui y en gran medida de lo que sigo siendo. Leerlas no solamente me hace acordar de cosas que ya me había olvidado de haberlas hecho, sino que me muestra también el proceso que se fue dando para que pueda cumplir mis propias utopías.
Qué bueno sería que padres e hijos hicieran siempre lo mismo: escribirse (o hablarse o filmarse, dependiendo de lo que tengan a mano) como para poder reencontrarse en el futuro y poder explicar bien su pasado y su presente.
Pero ahora viene el asunto del río Negro: ¿conoció o no Fernando este río de mis amores? ¿Habrá percibido en mí al hijo en busca de un pasado que no había vivido todavía, porque nació después? ¿Se habría imaginado de mi vocación por la investigación y el amor (en este orden) a los títeres, a la cerámica, a la música y al cine, todo contaminado con el amor a la Naturaleza y a la vida? Seguramente no, porque él también —como el resto de los humanos— se había olvidado de su antiguo amigo o hermano mayor, Ercilio.
Viendo el video que subí dedicado a Birri se me hizo más firme lo que ya tenía firme: Fernando habla en Mar del Plata (2004) y a nuestra derecha, el canal You Tube muestra otras opciones para seguir visualizando.
La primera película que ofrece es su cortometraje Tire Dié (Santa Fe, 1960, la que lo hizo mundialmente conocido a Birri); la segunda, Nuestro río Negro (Jorge Castillo, 1992, última de la zaga dedicada a defender nuestro río y ¡oh, coincidencia! (no digo casualidad ni azar) el mismo que registró las palabras de Birri en el video de la izquierda.
Jamás podría haberse dado esta coincidencia de títulos (que es aleatoria, no azarosa) de no haber existido Fernando Birri y de haber hecho lo que hizo; de no haber sido amigo de Ercilio y que este guardara sus cartas hasta el último día de su vida, como guardó la de otros amigos y la de su propio hijo, quien encontró en todo esto un espejo vital y válido para entender sus decisiones y sus elecciones; vivir lo que vivió y convencerse (convencerme) de que los seres humanos somos artífices de nuestros destinos.
JORGE CASTILLO MIRÓ
CENTRO CULTURAL ERCILIO CASTILLO
RESISTENCIA













