Peronismo inconcluso: ¿quién le teme a la planificación?
(Segunda parte)
Señor director de NORTE:
"El tiempo es superior al espacio" es uno de los cuatro principios estratégicos que el Papa Francisco consignaba a modo hoja de ruta de su Pontificado, y los expuso en su exhortación apostólica programática Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio). Bueno es registrar que el actual capitalismo salvaje que nos quieren imponer planifica la disgregación social, no es solo un "daño colateral" de las crueldades libertarianas. Cuando reflexionamos sobre Planificación, traemos a la mesa este principio –"El tiempo es superior al espacio"–.
Primero, porque nadie planifica para atrás, para cambiar lo que ya se hizo (en todo caso se hace para repararlo o mejorar lo que se hizo), siempre se busca "planificar" para incidir en los tiempos por venir. Perón decía "Gobernar es prever y la previsión impone que en la solución de los problemas de un país se tenga en cuenta que unos no pueden ser independientes de los otros" (28 de marzo 1947 a representantes de la Federación Agraria Argentina).
Segundo, porque la incapacidad o ignorancia en la gestión del factor "tiempo" es letal tanto en el manejo de los gobiernos, las empresas, los sindicatos, pero también de las dirigencias y militancias que –sean o no gobierno– deben remarla en la complejidad cotidiana. Con frecuencia escuchamos que hay una sensación térmica –por la cultura electoralista vigente– de que "siempre se está empezando de cero…", síntoma palmario de ausencia de un Planeamiento Estratégico que contemple todos los tiempos, por lo que es previsible que venga el "embotellamiento" de siempre, todos los temas postergados (institucionales, elecciones y/o acuerdos hacia adentro y hacia afuera, territoriales, de formación, de diseños de la gobernabilidad futura, etc., etc.).
En tercer lugar, porque el manejo de los tiempos y especialmente su relación con los espacios, puede definir un avance, un freno o un retroceso según los objetivos políticos, sociales o de gobierno que nos proponemos. La historia cuenta que Julio César gana al General Pompeyo en la mítica batalla de Farsalia, teniendo apenas el 40% de las fuerzas de su oponente, apelando a la habilidad de manejar los tiempos –factor sorpresa incluido– con avances, repliegues, y atacando solo en los espacios desequilibrantes. Por estas razones insistimos en que este año no-electoral debemos avanzar algunos pasos –si hay acuerdos y voluntad política pueden ser pasos acelerados y enormes– respecto de tres objetivos imprescindibles para canalizar la voluntad de nuestro pueblo y transitar el programa de transformaciones que exige el Chaco, cada vez más postergado y a la deriva: 1) fortalecer el Partido Justicialista y buscar máxima calidad en su funcionamiento político-institucional, instalando al Partido en el siglo XXI; 2) conformar el Movimiento y dinamizar su rol histórico-político, social y cultural (en este punto, terminado el período de prédica, pasaremos a las experiencias iniciales); 3) ampliar e institucionalizar el Frente, superando cualitativamente el rol meramente electoralista. De cualquier forma, "Un objetivo sin un Plan, es solo un deseo", como dijera el escritor y aviador Saint-Exupéry. Para que estos temas no se recuerden solo como un deseo, acordar esta hipótesis de puntos de llegada (pongamos en cinco años), resulta tan vital como acordar los puntos de partida, sin lo cual será dificultoso acordar la hoja de ruta y los vehículos para avanzar hacia las metas. Tomemos dos botones de muestra (uno partidario y otro de políticas públicas) de los tantos puntos de partida que necesitamos consensuar "modo trampolín" para salir "hacia adelante, y hacia arriba":
1) Nuestro partido realizó recientemente su Congreso Provincial en San Bernardo. Siempre se afirma que éste es el máximo órgano soberano del partido, y es imprescindible planificar que en pocos años se consolide como tal, como el ágora del debate doctrinario, el lugar donde el partido y sus secretarías presenten su plan anual, y pautas del plan estratégico de nuestro espacio político, así como también el ámbito donde nuestros legisladores nacionales y provinciales realicen su informe de gestión (su plan legislativo como bloque y sus proyectos presentados o en carpeta). Llegar a un Congreso re jerarquizado así tampoco será magia: es consensos y es planificación. De lo contrario, seguiremos en nuestro actual punto de partida: un congreso que solo "cumple lo reglamentario", que brinda un espacio transitorio de "aplausometría" balsámica, dirigentes claves retirándose y desjerarquizándolo; y afiliados y ciudadanía interesada sin encontrar todavía en el sitio web del PJ algún Boletín de Prensa que informe sobre qué temas se trataron, qué se resolvió y qué asuntos quedaron pendientes.
2) ¿Por qué nuestros municipios, después de 43 años de democracia (incluye varios gobiernos nuestros y de otras fuerzas, y algunos con continuidad local) no han asegurado un plan estratégico de abastecimiento local alimentario? Toda cadena corta de valor tiene impactos múltiples: empezando por la reducción de costos entre 40 a 60% que brinda una producción cercana, y el aumento de ingresos indirectos que esto supone en las localidades, así como el fortalecimiento de la agricultura familiar circundante, y el impacto global en el arraigo de este desarrollo. ¿Apoyar ferias locales es lo máximo que se nos ocurrirá de generación en generación? Se podrá pensar que nada es tan simple, ni simplista. Pero esta reflexión crítica se trata de invitar/invitarnos a realizar la pregunta de la otra cara de la moneda: ¿no intentaremos ningún Plan Estratégico sobre esta cuestión esencial en los próximos 15 años?, ¿en ningún municipio?
"Perón es planificación" titulaba Eric Calcagno oportunamente en un artículo homenaje al General reivindicando este rasgo esencial de nuestra doctrina (NR:https://revistazoom.com.ar/peron-es-planificacion/). Nuestro movimiento fue pionero de los Planes Quinquenales en todo el mundo occidental. Hoy, los "ingenieros del caos" quieren aplastar culturalmente la idea de planificación en beneficio del pueblo, porque quieren que solo haya "planes de negocios" de sus "sponsors" locales y multinacionales, ofreciendo incluso –alegremente– a nuestro país como una colonia a sus patrones imperiales. Flaco favor haremos a nuestro destino nacional, si nuestros espacios políticos –desde el semillero cotidiano de crear conciencias– persistimos en la mediocridad cortoplacista, que amén de cristalizar la "cultura del ya-ya-ismo …" que nos imponen los algoritmos digitales, nos condena a adoptar la agenda que instalan los medios hegemónicos, secundarizando la agenda propia desde los intereses populares que decimos representar. Es más, podemos naturalizar de que solo se puede planificar "si tenemos el gobierno". Craso error. Solo observemos la dificultosa realidad de quienes acceden a gestiones provinciales y municipales, o a cargos partidarios, que no pueden imaginar medidas audaces y creativas en sus roles y en las crisis. No es por falta de talento, sino por escasa, por no decir nula gimnasia y formación en capítulos esenciales de la planificación, como la prospectiva, o el mapeo cualicuantitativo de actores, o la antropología social de los problemas (verdadero alfa y omega de cualquier construcción política o diseño de política pública). Carlos Matus, un verdadero patriota latinoamericano y maestro de la planificación estratégica situacional (PES) –estudiado en Universidades de países centrales, y citado por nuestras tierras muchas veces, aunque no se logra aún incorporarlo en nuestras prácticas– planteaba que no detectar si el problema a abordar es un problema estructurado, o semiestructurado (como son los problemas sociales y políticos) puede ser nefasto para cualquier gobierno o espacio político que aspire a transformar situaciones vitales de su pueblo o su territorio. Por ello, propone un enfoque de planificación que pueda conducir la incertidumbre, gestionar las complejidades, y comprender que los finales siempre son abiertos. No falta quienes todavía se sorprenden del indetenible avance de China, y si bien concurren varios factores, el hecho de que este año aprobaran el Decimoquinto Plan Quinquenal, sin dudas es uno de los factores claves que lo ubica en la potencia mundial que es, en tan poco tiempo. Si nuestras culturas políticas valoran más lo lisérgico de "las selfies de ocasión" (estemos o no en el gobierno), que la "praxis de planificar" procesos de corto, mediano y largo plazo, sepamos que esto es pegarse tiros en los pies permanentemente, y será difícil construir cimientos de un destino común. Imaginemos de paso, a los "palantir de la vida" deshumanizante, solazarse de estas debilidades esenciales de nuestras instituciones, mientras acumulan patológicamente el fruto de nuestros trabajos.
La Planificación no es solamente una tarea técnica, y menos aún un documento (tan necesarios como insuficientes). Desde tradiciones muy diferentes —de Clausewitz hasta Sun Tzu, desde Miyamoto Musashi hasta Carlos Matus, o desde Juan Domingo Perón hasta Basil Liddell Hart— siempre aparece una matriz en común: toda Planificación de una acción colectiva exige y necesita direccionalidad (una brújula, un puerto posible, una hoja de ruta), profunda lectura de contexto (los factores y actores que pueden frenar o acelerar procesos), y construcción de capacidades básicas para concretarla. En eso estamos. Seguiremos remando. Aprendiendo de la gota en la piedra. Conste en actas.
JORGE LUIS MIGUELES
CORRIENTE FELIPE GALLARDO (EN EL MOVIMIENTO 11 DE MARZO)
RESISTENCIA













