CARTAS DE LECTORES
Soliloquios en la encrucijada
Señor director de NORTE:
Nuevamente me dirijo a mis conciudadanos para transmitirles unas reflexiones que surgieron en mis soliloquios, luego de lecturas y remembranzas de vida en que las experiencias vividas dejaron enseñanzas y conclusiones que pueden ser de utilidad a quienes transitan años más jóvenes en este momento histórico.
A lo largo de la historia independiente de la Argentina, los desencuentros, rivalidades y luchas por el poder por sí mismo antes que como servicio al bien común, han oscurecido nuestro crecimiento colectivo, a pesar de épocas más felices y hombres de temple y coherencia probadas, que iluminaron a sus contemporáneos y no fueron percibidas sin falsos prejuicios ni sin en conos estériles que sumieron a la sociedad en una oscura desazón y muchas veces culpable indiferencia por el cómodo "no te metas", como si esa posición los salvara del desastre presente y el devenir que hoy nos conmueve .
Con este último pensamiento quiero decir claramente que la sociedad toda, a través de sus variados sectores, es tan responsable del presente como de una dirigencia, en su mayoría, poco coherente con sus proclamas y promesas, salvo excepciones que no hacen a la regla.
Estamos próximos a una nueva elección nacional y aparecen en los medios de comunicación voces que con el viejo estilo de la viveza criolla, prometen soluciones que otrora no dieron resultados y en flagrantes mentiras anuncian soluciones que –lejos de la realidad vivida por toda la sociedad– prometen paraísos a viejas y perimidas realidades que exigen ser modificadas desde la base, para que resulten viables en la sociedad presente y futura que demanda el país y que en otras partes del mundo ya se hizo con resultados más evidentes que los nuestros.
Entiendo desde mi limitada posición, pero no por eso poco reflexiva y con suficiente experiencia para aportar a mis conciudadanos unos pensamientos, que puedan, sumados a otros, dar algunos aportes que nos lleven a transitar un presente más responsable para solucionar en parte, viejos problemas e inútiles enfrentamientos que reiterados hasta el cansancio en la vida del pueblo argentino han culminado en esta realidad que nos duele y nos golpea reclamándonos la cuota de culpabilidad que tenemos, para despertarlos del letargo cómodo de gran parte del pueblo que permitió que ocurrieran los índice de pobreza que nos avergüenzan.
Todos somos responsables, en mayor o menor grado, quienes tienen formación intelectual para discernir y ejecutar lo necesario a fin de contribuir al bien común en forma más eficaz, la diligencia política indudablemente, salvo excepciones, vuelvo a insistir que no hacen a la regla, pero también todos los otros sectores de la sociedad.
Por eso creo que es necesario asumir y concretar nuestro compromiso con las generaciones nuevas y por venir y actuar en las elecciones con un sincero voto que lleve a un compartido destino de involucrarnos con lo que somos y deseamos ser para el país.
Creo no en palabras sino en coherencia de vidas, testimonios probados en adversidades y bonanzas.
Es hora de leer, investigar y aprender de los errores cometidos, no tropezar con piedras que, tanto en lo nacional como en países de otras latitudes, han llevado a los pueblos a desastres terribles de los cuales surgieron calamidades que castigaron como de costumbre a los más vulnerables; y para muestra, mirémonos.
La historia argentina cuenta con muchos hombres que supieron advertir nuestros problemas, nuestros vicios y las posibles soluciones y no fueron escuchados, San Martin, Belgrano por citar a los más conspicuos a los que cabe sumar científicos de gran valor en la cultura nacional.
Por lo que me permito recomendar la lectura de un libro, sobre todo a quienes ostentan formación adecuada, para que su lectura ayude en este momento a una reflexión serena, y a pesar de lo que se pueda cuestionar a su desempeño como gobernante, pero creo honestamente que sus experiencias pueden servirnos, y sin coincidir necesariamente con el protagonista y sin compartir sus ideas, pero considerar su testimonio y vida como ricas enseñanzas y sobre todo aprender de un hombre coherente y debidamente probado en la vida familiar y pública, me refiero a el libro "Confesiones de un general" de Alejandro A. Lanusse (de Editorial Planeta).
Creo que hará bien a muchos y ayudará en las necesarias reflexiones que se deben hacer en estos momentos tan difíciles de la patria.
Quisiera terminar estas líneas con una cita del libro de Thibault De Montaigu, titulado La Gracia: "Lo que el padre celebra, lo que Jesús celebra (…) no es solo el renacimiento del hijo, sino lo que este renacimiento anuncia: no hay que perder la paciencia, no hay que dejar de amar, no hay que dejar de creer. Porque la esperanza existe y si existe para una persona, entonces existe para todos".
ALBA NIDIA DELLAMEA DE PRIETO
DNI 5.416.312
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