"Ojalá te toque vivir en tiempos interesantes"
Esta antigua maldición china refiere a las épocas en que los acontecimientos se precipitan, los hechos pierden el orden conocido, y cambios inesperados y violentos interrumpen o destruyen la normalidad individual y colectiva. El nuestro es un tiempo cada vez más interesante.
En esta primera mitad del año hubo tormentas financieras que preanuncian nuevas y mayores tempestades, y guerras comerciales y militares que se aprestan a destruir un orden mundial sin que nadie sepa cómo será reemplazado. Los gobiernos tampoco tienen certeza sobre la evolución de las cosas, pero sí sobre quién debe pagar los costos.

Economía y finanzas
A principios de marzo se produjo la quiebra del Silicon Valley Bank (SVB), una entidad que manejaba las cuentas de muchos de los capitales de riesgo que financian a las empresas tecnológicas de EEUU -electrónicas, informáticas y de desarrollos biológicos-. El banco, de tamaño mediano para el ecosistema financiero estadounidense, tenía además importantes sucursales en Gran Bretaña, Hong Kong, Israel y Singapur.
El SVB había sufrido una fuerte desvalorización de activos en los últimos meses, por la fuerte bajante de los negocios de las tecnológicas, que habían alcanzado su pico durante la pandemia. Eso llevó a que los inversores más astutos comenzaran a desprenderse de las acciones del banco "en corto", es decir que las vendieron anticipadamente por menor valor, lo que indujo la baja general de los papeles del SVB. Para proteger sus activos, el directorio del banco incrementó la compra de bonos del Tesoro de EEUU, considerados los más "seguros" del mundo, pero difíciles de transformar en efectivo rápidamente.
Casi simultáneamente, la Reserva Federal estadounidense comenzó una sistemática suba de la tasa de interés –como parte del plan del gobierno para la reducción de la inflación-, que pasó rápidamente de 0,5% a 4,5%. Esto tuvo dos efectos letales para el SVB: por un lado rebajó el valor de la masa de títulos del Tesoro que había comprado a tasas inferiores, y por otro lo puso en la necesidad imperiosa de obtener liquidez para pagar los nuevos intereses a sus depositantes. Cuando se corrió el rumor sobre estas dificultades, se produjo la clásica "corrida", y en cuestión de 24 horas el banco terminó quebrado.
Tres asuntos llamaron a atención en esta quiebra. De menor a mayor significación, fueron los siguientes:
1.- Esta fue la primera "corrida" de depositantes en la era del home banking(en 2008/2009 eran muy pocos quienes podían transferir dinero instantáneamente desde su notebook o celular): desde la mañana del miércoles 8 de marzo hasta el anochecer del jueves 9, cuando la FED clausuró la actividad del banco, se retiraron del SVB USD 42.000 millones en depósitos.
2.- Nuevamente, el estrago se pagó con fondos públicos. A pesar de no ser un banco del "top ten" estadounidense, desató un contagio (de inmediato entraron en riesgo el Silvergate Bank, el Signature Bank y el First Republic, con masas de depósitos que superaban largamente el billón de dólares) que obligó a intervenir en conjunto a la Reserva Federal y al banco Morgan, el mayor del mercado de dinero de corto plazo ("money market"), que terminó comprando el SVB. El gobierno se vio obligado a asegurar que respondería por todos los depósitos del sistema, obviando el tope de USD 250.000, porque el 90% de las cuentas superaban ese límite.
Adicionalmente, el HSBC fue obligado por el gobierno británico a comprar la sucursal Londres del SVB, ¡por una libra!; el Banco Central de Suiza le dio 50.000 millones de euros al banco UBS para que se hiciera cargo del Credit Suisse; y el gobierno alemán debió salir a garantizar depósitos y capitalización del Deutsche Bank luego de que sus acciones cayeran el 15% en una jornada. Hasta allí llegó la onda sísmica de la quiebra en un banco mediano de EEUU.
3.- Semejante sacudón dejó expuestos problemas mucho mayores y profundos en el sistema financiero y bancario global, que veremos a continuación.

Deuda pública, deuda privada e inversiones
Todos los bancos afectados por este remezón compartían entre sí un punto débil que, casualmente, también es el de la gran banca internacional: sus activos están saturados de bonos de deuda pública.
Así como los ingentes rescates de los Estados a los bancos en la crisis de 2008/2009 se volcaron masivamente a la especulación con las materias primas (soja, petróleo, minerales, etc) provocando aquel famoso auge de las commodities, los rescates a bancos y empresas durante la crisis de la pandemia fueron mayormente a la compra de títulos de la deuda pública –que a su vez estaban en auge porque los Estados se endeudaban masivamente… para rescatar a los agentes económico-financieros durante la pandemia. El círculo vicioso salta a la vista.
A continuación, los bancos centrales –sobre todo de EEUU y Europa- emprendieron fuertes subas de la tasa de interés, intentando así absorber esas masas de liquidez que estaban desbocando la inflación. Que se logre aplacar al monstruo con ese método es un poco incierto, pero en cambio es automática la devaluación de aquellos títulos de la deuda pública emitidos a tasas de interés más bajas, con el consiguiente perjuicio para sus tenedores (en primer lugar, insistamos, los bancos).
Para más gloria, los bonos se desvalorizan porque muchos Estados salieron del mercado de deuda de EEUU como consecuencia de la guerra económico-comercial que se desarrolla a nivel mundial, acelerada por la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania y las múltiples sanciones financieras cruzadas que desató entre unos y otros.
Impagable
A principios de mayo, el periódico británico especializado Financial Times publicó un informe de la consultora McKinsey, que había relevado un stock mundial de títulos de deuda y acreencias relacionadas por valor de u$s 160 billones . La consultora estimaba que la suba de tasas de interés había desvalorizado esa riqueza de papel en aproximadamente u$s 8 billones, solo en el primer trimestre de este año.
McKinsey señalaba también que en el año 2000, por cada dólar de inversión real se generaban USD 1,9 de deuda. Para 2019 (antes de los estragos de la pandemia), la consultora ya calculaba el endeudamiento en USD 3,4 por dólar. Es decir, que hay tenedores de títulos de deuda que pueden reclamar USD 3,4 por cada dólar producido en la economía real. De esa forma, la relación endeudamiento/PBI pasó del 340% al 600% en dos décadas.
Este panorama estremecedor pintado por McKinsey se quedaría corto, acotaba el Financial Times, citando a otros economistas que ya antes habían advertido sobre un estallido financiero internacional, señalando que el endeudamiento global de la economía-mundo podría superar el 400% del PBI internacional, mucho más que lo que alcanzó a relevar McKinsey. Los bonos basura, como se llama a los préstamos a alta tasa de interés tomados por estados o empresas cuyo flujo financiero no les permite pagar, abarcarían hasta un tercio de la economía privada global.
Fue la primera "corrida" de depositantes en la era del home banking: en 24 horas se retiraron del SVB USD 42.000 millones en depósitos.
En tal escenario, el artículo del Financial Times finalizaba sugiriendo que se consideraran soluciones drásticas, como por ejemplo un retorno a la legislación de la antigua Babilonia, que preveía el perdón de las deudas impagables como única forma de mantener el desarrollo de la economía.
Claro que en el mundo capitalista nunca hubo una autoridad como la del rey de Babilonia, capaz de imponer tal solución al conjunto de los actores económico-financieros, ni podría haberla, ni la habrá. ¿Qué autoridad podría decidir que unos dejen de pagar y otros dejen de cobrar? ¿Qué poder podría imponer tales decisiones a nivel global?
En un mundo que está abocado al convulso abandono del orden mundial unipolar de los últimos 30 años, que se fragmenta y se enfrenta en bloques de países, y con países que se rompen y dividen en medio de locuras nacionalistas y de guerras de rapiña, en medio de la destrucción del clima y la naturaleza, pretender un arbitraje como el del rey de Babilonia equivale a creer en los espíritus benéficos.

Mejor es ajustar (muchísimo)
Es cierto que el mundo está lleno de gente que cree en los espíritus, y muchas corrientes políticas sostienen que es viable hacer que los más poderosos del sistema paguen, sin tocar el sistema. En la práctica, cuando tienen oportunidad de gestionar los asuntos públicos, entran en razón y concluyen que "lo mejor es enemigo de lo posible". Y lo posible, en las condiciones dadas, es que paguen los de siempre. Rebajas y restricciones a las jubilaciones, la salud, la educación, las ayudas sociales, etc, aportarán obligatoriamente al pago de las deudas que nunca se perdonarán.
Una primera expresión de esta tendencia la dio en abril el presidente Joe Biden, quien adelantó la fecha para poner fin a la emergencia por Covid-19 en su país debido a que el Congreso votó para terminar la Emergencia Nacional antes de lo previsto. La Administración estadounidense trabajó para acelerar la retirada de las protecciones sociales y sanitarias –que nunca fueron gran cosa, ni en EEUU ni en ningún lado- antes de tiempo.
El anuncio de Biden decretó el fin de una variedad de beneficios sociales y de atención médica para millones de trabajadores, como el Medicaid, un programa federal y estatal que proporcionaba cobertura de salud gratuita o de bajo costo a millones de estadounidenses de bajos ingresos, familias y niños, mujeres embarazadas, personas mayores y con discapacidades. Decenas de Estados trabajan aceleradamente para eliminar hasta siete millones de personas de las listas de Medicaid en el transcurso de este año.
Además, los sistemas de salud, que deberán enfrentar nuevas pandemias aún sin haber salido de la del Covid-19, quedan todavía más desguarnecidos. Los sectores no gubernamentales que medían la evolución y los impactos de la pandemia debieron abandonar su seguimiento diario, y hasta la Universidad Johns Hopkins cerró su rastreador para computar infecciones, hospitalizaciones y muertes por Covid.
Sirva el caso de EEUU como muestra de la casi unánime conducta de los Estados y gobiernos, que corrieron a recortar los gastos extraordinarios en que incurrieron obligadamente durante la etapa más álgida de la pandemia.
Los despidos masivos de personal sanitario contratado en 2020 y 2021 –que nunca alcanzó siquiera para solventar la demanda en los años de cuarentena y encierro- se impusieron, a pesar las evidentes carencias estructurales. Y los trabajadores que permanecieron vieron sus salarios evolucionar siempre por debajo de los índices inflacionarios.
El ejemplo más notorio de esta tendencia fue el conflicto en el National Health System (NHS) británico, quizá el más reputado sistema sanitario público del mundo, donde los trabajadores se lanzaron a huelgas no vistas desde hacía décadas en el país. Desde todas las especialidades y ramas del sistema denunciaron unánimemente asfixia presupuestaria y sobreexplotación del personal, lo que aseguraba la creciente desatención y hasta el maltrato a los pacientes. Las huelgas fueron domeñadas al cabo de tres meses, con algunas concesiones salariales, pero médicas y enfermeros consideraron que las cuestiones de fondo no mejoraron.
Solo la cita de ejemplos similares llevaría páginas, por lo que cerraremos el punto con otro tema que es el favorito de los partidarios de hacer pagar por abajo lo que no quieren o no pueden cobrar por arriba: las jubilaciones. Los fondos de pensión a los que aportan millones de trabajadores constituyen masas de dinero que desde hace mucho tiempo usan los gobiernos de todo el mundo como un método sencillo e infalible para "hacer caja", una tentadora pesca en la pecera.
En las últimas décadas, las cajas de las pensiones han sido expuestas a los avatares de las finanzas, haciéndolas funcionar como fondos de inversión y mercados de capitales, al mismo tiempo que políticas económicas de todo pelaje castigaban a los trabajadores con mayor desempleo (sobre todo juvenil) y menores salarios, debilitando (y hasta matando) a la gallina de los huevos de oro. La conclusión que gobiernos, economistas, empresarios y entidades financieras multinacionales como el FMI y el Banco Mundial han sacado de tal proceso es tan obvia como falaz: "el sistema es insostenible", por lo que es necesario ajustar más… a los trabajadores.

En este campo, el exponente indiscutible fue este año el gobierno del presidente francés Emmanuel Macron, que desde enero hasta abril lanzó una enorme ofensiva en dos frentes -en el Parlamento y en la calle-, para aplicar una reforma previsional que postergaba el derecho a la jubilación de los 62 a los 64 años, y aumentaba a 40 años el periodo mínimo de cotizaciones para acceder jubilación completa.
Las gigantescas protestas y las huelgas en todo el país no pudieron impedir que el gobierno impusiera la reforma, aunque lo obligaron a apelar a los más recónditos y monárquicos mecanismos institucionales para saltar por encima del Parlamento y sacarla por decreto. Fue un triunfo pírrico, y dejó en evidencia el carácter antidemocrático de la reforma y del gobierno mismo, que mientras trata de mostrarse como un gran actor en la política global, en cambio ha perdido la iniciativa interna y hasta teme no llegar a completar su periodo.
Un notable resumen de los múltiples significados e implicancias de esta reforma –ansiada por todos los gobiernos del mundo- lo dio un trabajador portuario de El Havre, cuando explicó al canal español La Sexta por qué estaba en huelga: "Cumpliré 62 años en noviembre. Debería jubilarme este año, pero Macron ha decidido que debo seguir trabajando hasta diciembre de 2025, y mientras tanto seguir pagando la cotización previsional, que quedará íntegramente en manos del gobierno, ya que nadie se jubilará por dos años. Además, los jóvenes deberán cotizar por 40 años para tener la jubilación plena. Mi hijo, que tiene 25 años, nunca ha tenido un trabajo estable, solo contratos temporarios. Si el año próximo consiguiera un empleo formal, recién podrá jubilarse a los 66 años. Y todo esto para solventar los negociados de los gobiernos y las armas para guerras como las de África o Ucrania, donde no importan los costos. Para eso siempre encuentran dinero, en nuestro bolsillo".
"Macron decidió que trabaje hasta 2025 y siga pagando la cotización, que quedará en manos del gobierno, ya que nadie se jubilará por 2 años".
Y hacer la guerra
Desde antes de comenzar, la guerra entre Rusia y la OTAN en el territorio de Ucrania había puesto en fuerte tensión la política y el comercio mundiales, debido a los alineamientos y realineamientos geoestratégicos y a las crecientes sanciones comerciales y financieras cruzadas entre los integrantes de ambos bandos. Este año, esa guerra ha deparado dos notorias novedades, casualmente protagonizadas por el mismo actor, primero en la ciudad ucraniana de Bakhmut, y un mes después en la ciudad rusa de Rostov del Don.
Bakhmut está al occidente del óblast (provincia) de Donetsk, uno de los territorios rusófonos que desde 2014 se enfrentan al gobierno de Kiev, en demanda de mayor autonomía económica y cultural. Esa pretensión le costó ataques y bombardeos del ejército ucraniano, que para 2021 había avanzado hasta la mitad del territorio de Donetsk y se había establecido en Bakhmut, nudo de comunicaciones y primera línea de su asedio a la provincia rebelde.
Durante los primeros nueve meses de la invasión, Bakhmut no sufrió mayores agobios, sobre todo por el fiasco inicial de la ofensiva rusa. Pero a partir de diciembre de 2022 se convirtió en el objetivo central del ejército invasor, cuya vanguardia eran ahora las tropas de asalto del grupo mercenario Wagner.

La batalla por ese territorio requirió de casi seis meses de una carnicería brutal para ambos bandos, durante los cuales Yevgueni Prigozhin, el empresario propietario de Wagner, no se privó de criticar ni de insultar al ministro de Defensa ruso y al jefe del estado mayor del ejército en operaciones, por la "mala gestión" de la guerra.
Cuando, finalmente, a mediados de mayo los soldados de Wagner se adueñaron de la tierra quemada donde antes estaba Bakhmut, en este mismo diario destacamos que una de las principales conclusiones del hecho era que un ejército mercenario se mostraba por primera vez como vencedor de un ejército regular (equipado y dirigido estratégicamente por la OTAN, lo que no es poco), lo que revelaba un salto en la privatización de la guerra… y en la influencia política de su jefe-propietario.
Quien de inmediato tomó nota de esa situación fue el Ministerio de Defensa ruso, que a principios de junio emitió una resolución en la que ordenó que antes del 1 de julio todas las tropas mercenarias debían firmar un contrato con el gobierno e integrarse en el ejército regular. Poco tardó Prigozhin en lanzarse contra el ministerio, denunciándolo como responsable de las decenas de miles de bajas de soldados rusos en Ucrania debido a los numerosos errores estratégicos, entre los que incluía la misma invasión.
Y uniendo la palabra al acto, ordenó a sus tropas que ocuparan la ciudad de Rostov del Don, sede del cuartel general de la "operación militar especial", como el gobierno ruso llama a la invasión a Ucrania.
A continuación proclamó que con 25.000 mercenarios marchaba hacia Moscú, pero no para dar un golpe de Estado, sino para "protestar" contra los "malos dirigentes" que "sacrificaban a los soldados rusos" en Ucrania.
Ni el Ministerio de Defensa ni Vladímir Putin dijeron esta boca es mía durante más de 12 horas, y las tropas de Prigozhin, que no eran 25.000 sino poco menos de un millar con unos cuantos tanques, avanzaron en ese tiempo sin obstáculos hasta Vorónezh, a unos 500 km de Moscú. En ese punto, Prigozhin declaró que había "tomado conciencia" del peligro de desatar una guerra civil, por lo que decidió aceptar una mediación del presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, y terminaba su "protesta".
La oferta de Lukashenko consistió en que se permitiría a Prigozhin exiliarse en Bielorrusia y "continuar con la administración de sus asuntos en África" (ver tinyurl.com/42s73jxv), y que le levantarían los cargos de "conspiración" y "traición", mientras que los mercenarios de Wagner deberían integrarse finalmente al ejército regular.
El confuso episodio –hay decenas de teorías conspirativas al respecto- terminó por el momento, pero de ninguna manera será el fin de la historia. La mera insurrección de los mercenarios es un hecho gravísimo, que no se remediará con su rápida rendición.
Semejante incidente responde a contradicciones profundas del sistema, que continuarán su desarrollo y volverán a manifestarse. Aunque Putin haya solventado esta situación, el vidrio está roto y sus astillas esparcidas.

EEUU y la OTAN
En tanto, el hecho puede anotarse como una victoria parcial de EEUU y de la OTAN en la promoción de la desestabilización del régimen de Putin, una de las causas principales de la guerra. Solo desde principios de este año, EEUU ha aportado decenas de millones de miles de dólares en armamento y logística a Ucrania (recordemos, mientras cancelaba el Medicaid para 7 millones de personas en EEUU), y necesita algún éxito, al menos simbólico, que sostenga la pertinencia de tal política.
Por lo pronto, le permite revivir la hasta ahora fallida "contraofensiva" ucraniana, un operativo gigantesco de la OTAN para ensayar operaciones combinadas (aviación, inteligencia, logística, misiles, tanques) en guerras de tipo convencional, que no contemplen el empleo de armas nucleares, al menos en principio.
Internamente, en EEUU no está del todo claro el futuro de la guerra en Ucrania. El presidente Joe Biden considera que no puede retirarse de la guerra "con las manos vacías", sin infligir a los rusos alguna derrota resonante, aunque más no sea en el plano propagandístico. Por el contrario, estrategas de fuste, como Henry Kissinger y la Corporación Rand, han dicho reiteradamente que si EEUU se empantana en Ucrania estará distrayendo tiempo y recursos que necesita para preparar el enfrentamiento con su "verdadero enemigo", China.
Este equilibrio inestable aún no permite que la balanza se incline a un lado u otro. En parte, porque si hasta el momento hay un ganador en la guerra ese es EEUU, que ha logrado disciplinar a Europa a sus objetivos militares, ha logrado cortar el cordón umbilical energético que unía a Alemania con Rusia (también con la voladura del Nord Stream, pero no solo), y está vendiendo su gas licuado a la Unión Europea a un precio 4 o 5 veces superior a lo que cobraba Rusia.
En Washington, estos argumentos sirven a un lado y al otro: los que opinan que hay que retirarse con lo obtenido, y los que creen que se puede obtener mucho más (principalmente el lobby militar-industrial). Así, un día se imponen los que retacean los fondos y las armas para Ucrania; otro día los que promueven acciones "terroristas" en territorio ruso, o donde sea, llámense "voladura del Nord Stream II", ""atentado con drones en el Kremlin", "incursiones guerrilleras en Belgorod"… ¿"voladura de la represa de Kakhovka"?
En el Pacífico
Mientras tanto, sin solución de continuidad, EEUU continúa la extensión de sus políticas de cerco y sitio a China, su verdadero "enemigo estratégico", según lo declaró la propia OTAN en su cumbre de julio de 2022 en Madrid. Ya ha reactivado dos alianzas militares: la del "Cuadrilátero" (Japón, India, Australia, EEUU) y "Aukus" (Australia, Reino Unido, EEUU), que elevan peligrosamente los presupuestos militares en el Indopacífico.
En mayo, los mandatarios del G-7 (Alemania, Canadá, EEUU, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) se reunieron en Hiroshima. Tras depositar ofrendas florales en el monumento a las víctimas de la primera bomba atómica arrojada sobre víctimas civiles por EEUU, inmunes a la hipocresía, los líderes se dedicaron a denunciar "la amenaza de China", a la que advirtieron que debe cesar sus acuerdos comerciales con Rusia, abandonar sus pretensiones sobre el Mar del Sur de la China y renunciar a sus objetivos de predominio tecnológico.
Luego anunciaron el envío de aviones F-16 a Ucrania, aeronaves de corto alcance, en torno a los 800 km, pero que pueden transportar misiles de mediano alcance, entre 500 y 2000 km, y podrían alcanzar blancos profundos en el territorio ruso. Además, dejaron trascender que cientos de pilotos y técnicos ucranianos ya son entrenados por "asesores" de la OTAN.
Si la contraofensiva ucraniana progresa seriamente, implicará una escalada en la guerra con el empleo de armas de última generación y la implicación de muchas más tropas extranjeras.
Luego, a principios de junio, en Papúa Nueva Guinea (archipiélago al norte de Australia) se realizó la Cumbre del Indo-Pacífico, con el primer ministro de la India, Narendra Modi, 18 mandatarios del Foro de las Islas del Pacífico, y EEUU. Allí se firmó un "tratado de seguridad" y un "acuerdo sobre operaciones contra actividades marítimas transnacionales ilícitas" entre Papúa y EEUU. Washington se hizo así con una nueva base en el Pacífico, nueva plataforma (entre decenas) para un eventual ataque a China.
El primer ministro papuano James Marape, ante una serie de protestas de estudiantes de su país que rechazaban la presencia militar estadounidense, dijo a la prensa que el acuerdo "incluye una cláusula que establece que Papúa Nueva Guinea no será utilizada para lanzar operaciones militares ofensivas".
Será todo "defensa", según el primer ministro, omitiendo que la base militar de la isla de Manus ya ha recibido inversiones militares multimillonarias de EEUU y de Australia, y que el ministro de Defensa de ese país, Richard Marles, se felicitó públicamente de que Australia tendrá allí "un activo estratégico" para contrarrestar a China.
EEUU reactivó dos pactos militares: el "Cuadrilátero" (Japón, India, Australia, EEUU) y "Aukus" (Australia, Reino Unido, EEUU), apuntando a China.
Vale recordar aquí que durante la II Guerra Mundial las islas del Pacífico fueron escenario de batallas decisivas entre japoneses y estadounidenses, y que la terminación de la guerra demandó allí varios meses más que en Europa. De allí la trascendencia de los acuerdos militares de EEUU con Filipinas, Taiwán, Papúa, el "Cuadrilátero", el "Aukus", entre otros, esta vez apuntando hacia China (ver mapa).

La ocasión de Israel
El lunes 19 de junio, por primera vez desde el inicio de este siglo, el ejército de ocupación israelí usó un helicóptero artillado Apache para disparar misiles contra una ciudad palestina en Cisjordania. Las tropas de Israel mataron en Yenin al menos a cinco palestinos e hirieron a otros 91. El ejército ocupante debió enfrentarse entonces a un levantamiento popular y le llevó varias horas evacuar el lugar.
Luego de esa acción del ejército continuó una ola de pogromos protagonizados por colonos judíos asentados en varias colonias de Cisjordania. Ya había sucedido algo así a principios de año, contra el pueblo palestino de Hawara. A diferencia de otras ocasiones, los ataques de los colonos contra una ciudad palestina no fueron impedidos por el Ejército israelí: incendiaron una mezquita, casas y vehículos.
El régimen político israelí, administrado por el primer ministro Benjamin Netanyahu junto con una alianza de partidos de ultraderecha y fundamentalistas religiosos –en los que los colonos asentados en forma ilegal en los Territorios Palestinos que ocupa militarmente tienen gran influencia- parece decidido a anexarse definitivamente Cisjordania.
El ministro de Finanzas y máxima autoridad del gobierno de extrema derecha sobre Cisjordania, Bezalel Smotrich, sostuvo que "llegó el momento de reemplazar la actividad localizada con una operación amplia para erradicar los nidos de terrorismo (sic) en el norte de Cisjordania y restaurar la disuasión y la seguridad en la región". Luego se pronunció por "traer fuerzas aéreas y blindados y proteger las vidas de nuestros guerreros", en referencia a los colonos radicados ilegalmente en Cisjordania.
Los colonos y los partidos que los representan reclaman que las Fuerzas de Defensa de Israel pasen a ser directamente sus guardianes dedicados. La ministra de ultraderecha Orit Strock llegó a insultar a los jefes militares y de seguridad israelíes que consideraron ilegales los ataques de los colonos contra civiles palestinos: "¿Quiénes son ustedes, el Grupo Wagner?", les soltó.
La ministra Strock insultó a militares israelíes por rechazar ataques de colonos contra palestinos: "¿Son ustedes el Grupo Wagner?"
Otros funcionarios e ideólogos de la oposición al gobierno criticaron también a las Fuerzas de Defensa en un comunicado, pero por no haber evitado los pogromos de los colonos judíos contra la población palestina: "Un ejército que puede interceptar misiles balísticos fuera de la atmósfera terrestre y lanzarlos a mil millas, es incapaz de controlar a una banda de colonos que opera en un área donde Israel tiene una división territorial completa con seis brigadas sobre el terreno".
En otro manifiesto, los partidos procolonos respaldaron a Strock y llamaron a "tomar la oportunidad que se nos presenta después de años de lucha, para incorporar definitivamente a la tierra prometida a Judea y Samaria (como los israelíes llaman a Cisjordania)". El programa de varios de los partidos que integran la coalición de Netanyahu establece explícitamente la anexión total de los Territorios Palestinos por parte de Israel.
La comunidad internacional, que por lo general ha tolerado durante 75 años sin mayores reproches las políticas de Israel sobre los palestinos y las violaciones al derecho internacional cometidas por su ejército en los Territorios Ocupados, ha comenzado ahora a preocuparse por la posibilidad de una conflagración mayor en el Medio Oriente, precisamente cuando el clima bélico se extiende a nivel mundial.

Ecología y cambio climático
Montevideo vive una crisis hídrica sin precedentes: debido a una sequía histórica, las reservas podrían agotarse en julio si no se producen precipitaciones abundantes. El agua que llega por estos días a los hogares tiene niveles de cloruro y de sodio en parámetros no permitidos por la Organización Mundial de la Salud. Las propias autoridades reconocieron la situación, pero argumentaron que se hacía necesario incorporar a la potabilización mayor cantidad de agua del Río de la Plata debido a "la extraordinaria bajante de las fuentes habituales".
La empresa pública Obras Sanitarias Estatales (OSE), que el gobierno había colocado en un procesos previo a la privatización, había visto disminuidos paulatinamente sus presupuestos. Una consecuencia de ello es que la mitad del agua que bombea diariamente se pierde, debido a fugas y roturas. La falta de inversión redunda en infraestructura insuficiente y obsoleta y reducción de personal.
Decenas de miles de manifestantes mantienen protestas semanales contra la mala calidad y la escasez de agua, que los obliga a gastar sumas extraordinarias en agua embotellada. Gran indignación causó entre el público la ministra de Salud, Karina Rando, cuando dijo que "bien pueden dejar de comprar una botella de gaseosa y comprarse una de agua". Pasa que la embotelladora que vende el agua es la misma que vende las gaseosas… y vende las gaseosas más baratas que el agua.
Los manifestantes se encargaron de explicar a cada medio que se prestó a escucharlos que no consideran que el deterioro creciente sea atribuible exclusivamente a la sequía, ni a la imprevisión del gobierno. Tanto el desmantelamiento de OSE como las empresas privadas que comercian con el agua son parte de una política deliberada. Las gigantescas empresas pasteras -que tanto revuelo causaron en Gualeguaychú cuando se instalaron- usan diariamente cinco veces más agua que la que consume toda la población, y además contaminan los ríos. La existencia de miles de hectáreas de monocultivo de eucaliptus –para abastecer a las pasteras- absorben reservas de agua a niveles no conocidos antes.
La "crisis del agua" uruguaya ilustra otros dos asuntos centrales que pueden apreciarse y que golpean a nivel global: por un lado, los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos como parte del cambio climático; y por otro lado el del retiro de los Estados de sus responsabilidades de servicio al ciudadano, como parte de una nueva oleada de procesos de privatización de servicios públicos esenciales.
A nivel mundial hay unas 50 grandes empresas de agua privadas que administra la provisión a unos 300 millones de personas en 25 países. Las multinacionales francesas son las dueñas del agua potable en Argentina y Chile, y en Brasil hay cinco empresas en el negocio del agua que están entre las mayores del mundo.
La Unesco declaró recientemente que el acceso al agua es un "derecho humano esencial", pero unas condiciones naturales y otras políticas se conjugan para desconocerlo. En años recientes hemos visto en Bolivia y en Chile grandes enfrentamientos sociales en las llamadas "guerras del agua", contra gobiernos privatizadores y concesionarios foráneos.

En EEUU también
La ONG Consumer Reports, de EEUU, realizó en ese país una serie de informes e investigaciones que advirtieron sobre la desigualdad, la pobreza, la contaminación y las fuerzas comerciales que protagonizan allí la crisis del agua.
El estudio de Consumer Reports destaca "el fabuloso negocio de la industria del agua embotellada involucra y genera miles de millones de dólares. Muchas de estas empresas saquean las fuentes públicas de agua a bajo costo y luego obtienen ganancias desmesuradas vendiendo agua embotellada, a veces a personas cuyo suministro público está contaminado".
La ONG señala que "muchos estadounidenses creen que el acceso al agua es universal. Pero, de hecho, millones de las personas más vulnerables de nuestro país, personas de bajos ingresos en áreas rurales, personas de color, comunidades tribales, personas inmigrantes, han caído en el olvido. La falta de acceso a agua potable y sistemas de saneamiento hace que sea difícil mantenerse saludable, ganarse la vida, ir a la escuela y cuidar a una familia".
"La falta de acceso a agua potable y saneamiento empeora la salud, hace difícil ganarse la vida, ir a la escuela y cuidar a una familia".
Además, el informe llama la atención sobre el hecho de que "decenas de millones de estadounidenses más están a merced de sistemas de agua anticuados que no suministran agua potable segura; o esos suministros están dañados por contaminadores industriales que no están suficientemente regulados. La minería, la agricultura y otras industrias de alta rentabilidad parecen tener la ventaja de evitar los derechos de los ciudadanos al agua limpia y segura".
Luego remarca expresamente que, "la creciente crisis de asequibilidad del agua en EEUU, agravó la pandemia de Covid-19 en una magnitud que probablemente nunca podremos mensurar, y subraya la importancia vital del acceso al agua limpia para futuras pandemias. La investigación muestra que el aumento de las facturas no solo está perjudicando a los más pobres sino también, cada vez más, a muchos estadounidenses que trabajan".
Roger Colton, destacado analista de servicios públicos, que analizó el estudio, dijo que "los datos muestran que tenemos un problema de asequibilidad en una abrumadora cantidad de ciudades en todo el país, que no existía hace una década, o incluso hace dos o tres años en algunas ciudades. Las facturas de agua que exceden el 5% de los ingresos del hogar se consideran inasequibles".
El capital privado, que por definición considera que todo debe reducirse a mercancía y ganancia, no puede comprender el antiguo refranero: "Agua que no has de beber, déjala correr".
Tiempos interesantes
Cuando la sucesión de acontecimientos se acelera, con disrupciones, roturas o interrupciones bruscas en la secuencia temporal, con cambios importantes que irrumpen en períodos de tiempo cada vez más breves, a los humanos se nos dificulta la comprensión de lo que ocurre.
Desde los últimos diez años del siglo pasado, y en las dos décadas transcurridas de este, el mundo ha visto violentísimas transformaciones político-económicas que han derrumbado algunas sociedades que parecían inmutables y han trastocado otras a niveles de retroceso civilizatorio.
Entre pandemias inconclusas, sanciones cruzadas, bloqueos inéditos y guerras crecientes, el actual orden mundial está cambiando a paso sísmico, dificultando previsiones sobre el futuro casi tanto a los gobernantes como a los de a pie. La incertidumbre reina, el porvenir es un asunto inescrutable para la mayoría: la definición china de "tiempos interesantes".
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