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“La normalidad era la crisis”

El año que vivimos en peligro

En su balance de diciembre, el editorial del Financial Times calificaba al 2019 como “el año de las protestas callejeras”: “Cuando los historiadores lo pongan en perspectiva, podrían declararlo también como un año clásico de la rebelión popular”.

Sin embargo, sobre el final, advertía: “Si 2019 entra en los anales de la protesta callejera, es posible que el año que conmueva realmente al mundo termine siendo 2020”.

Naturalmente, el FT no sospechaba lo que nadie sospechaba: que efectivamente 2020 iba a conmover al mundo de una forma que no se ha visto en por lo menos un siglo, y con una profundidad que hoy solo podemos sospechar.

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En el comienzo mismo de la pandemia, China levantó en diez días un hospital de mil camas exclusivo para infectados por el nuevo virus. La hazaña constructiva impactó al mundo porque esta crisis global ha puesto en evidencia la carencia generalizada de recursos sanitarios

La amenaza mortal de la pandemia, que no se dirige contra un grupo social, contra un país o un continente, sino contra toda la Humanidad, ha cambiado ya muchas cosas, pero serán más las que cambiará, y muchas más las que abolirá definitivamente. No habrá “regreso a la normalidad”, ni en 40 días, ni en 40 años.

El año 2020, en unos pocos meses, se ha situado ya como un mojón histórico, como uno de esos goznes seculares cuyos mecanismos y efectos solo podrán descifrarse en un futuro no muy próximo.

El zarpazo vertiginoso de la peste

La evolución del coronavirus ha revelado, de forma impiadosa, las enormes flaquezas del sistema económico, de sus formas de gobierno y de su organización social.

La secuencia se inició en los últimos días del año pasado, con la noticia de un brote en la central ciudad de Wuhan, en China.

Cuando el 7 de enero los científicos de ese país informaron que creían que el virus era “similar al SARS” sufrido en 2003, ya aparecía el primer caso en Japón, el 22 de enero en EEUU, el 23 de enero se decretaba una cuarentena total en dos ciudades chinas, y para el 27 ya comenzaba la serie de derrumbes bursátiles y petroleros que se suceden desde entonces. Claro que si el virus comenzó a ralentizar y detener la actividad económica y social desde muy temprano, nunca detuvo lucha política, que por el contrario se agudizó casi al mismo al ritmo de la pandemia.

El 3 de enero el gobierno de EEUU había ordenado el asesinato, en Bagdad, del máximo jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán.

Las represalias de la república islámica con el bombardeo de bases estadounidenses en Irak traían trágicas consecuencias colaterales: el derribo de un avión civil ucraniano con centenares de pasajeros. Mientras en Taiwán perdía las elecciones por primera vez en su historia el nacionalista Kuomintang, en Francia el presidente Macron cedía luego de meses de protestas de los trabajadores y retiraba su proyecto de privatización jubilatoria. En el medio, se incendiaban provincias enteras en Australia y millones de animales morían abrasados, mientras el humo recorría el hemisferio.

El día 7 el partido Demócrata estadounidense mostraba sus limitadísimas capacidades políticas lanzando un improbable proceso de impeachment contra Donald Trump, que se agotaría sin pena ni gloria en menos de un mes. En el medio, el presidente estadounidense se dio el lujo de presentar el “Acuerdo del Siglo” entre israelíes y palestinos, con la presencia en la Casa Blanca del arrinconado Benjamin Netanyahu (no podía formar gobierno en Israel después de tres elecciones y enfrentaba un juicio por múltiples casos de corrupción y abuso de poder). La otra parte del “Acuerdo”, los palestinos, no habían sido consultados, ni invitados. “A los israelíes les dan el queso, a los palestinos los agujeros”, graficaba la revista británica The Economist.

El 1ro de febrero el Reino Unido formalizaba su retiro de la Unión Europea (aunque los detalles y condiciones seguirán negociándose hasta diciembre), y dos días después se iniciaban las internas demócratas en EEUU, con un escrutinio impresentable en Iowa, al mismo tiempo que Trump resultaba absuelto con el voto de sus senadores.

El 5, en Wuhan, moría de Covid-19 el médico Li Wenglian, que en diciembre había advertido sobre las peligrosas características del nuevo virus y había sido perseguido y acallado por las autoridades. Ya había mil muertos en todo el mundo, la mayoría en China. El 12 de febrero Trump propuso destinar ciertos fondos del sistema de salud para reformar y modernizar el Air Force 1, el avión presidencial. La ONU denunció a 112 empresas, la mayoría europeas, por realizar negocios de importación y exportación con los ilegales asentamientos israelíes en los Territorios Palestinos de Cisjordania.

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La policía de Minneapolis habló de un “incidente médico” y después dijo que George Floyd “había opuesto resistencia”. Luego de que se conocieran varios videos que mostraban a los policías asfixiándolo, se desataron protestas en EEUU y en varios países.

Se publicó un informe de Amnistía Internacional sobre Brasil, donde consignaba que las muertes de ciudadanos a manos de la policía se duplicaron en 2019. El 18 de febrero la organización Boy Scouts of America presenta quiebra en EEUU para eludir el pago de centenares de sentencias por abusos sexuales contra menores y violaciones en ese país. Había brotes de coronavirus en Irak, Bahrein, Omán, Kuwait e Irán, aunque en ningún caso alcanzan el número ni la gravedad de los registrados en la Lombardía italiana.

En EEUU Harvey Weinstein fue condenado a 23 años de cárcel por violación y abuso sexual, y Plácido domingo confesaba haber acosado y abusado de varias mujeres a lo largo de su carrera. El 27, un informe de la ONU denuncia abusos, violaciones y asesinatos cometidos por el ejército colombiano en varios departamentos del país.

El mes de marzo traía la noticia del primer muerto por Covid-19 en EEUU, mientras el gobierno de Donald Trump firmaba un acuerdo con los talibanes para el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán tras casi 20 años de ocupación. El coronavirus ya hacía estragos en Ecuador, en proporción, el país golpeado de América Latina.

En España denuncian al rey emérito Juan Carlos por el cobro sistemático e irregular de comisiones a empresas españolas y extranjeras a cambio de favores políticos. Chile, Colombia y Perú registran las primeras infecciones de coronavirus. Italia aislaba tres provincias con 16 millones de habitantes.

El 12 de marzo se superaban los 100.000 casos de coronavirus en todo el mundo

China parecía haber contenido el brote, y el presidente Xi Jinping visitaba la emblemática ciudad de Wuhan. Donald Trump declaraba la emergencia sanitaria (al mismo tiempo que España y Portugal) y estimaba que venían “semanas muy duras” pero que EEUU saldría de la crisis con “casi 0” fallecidos.

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Partidarios de Donald Trump salen tras varias horas de protesta armada contra la cuarentena dentro del mismísimo parlamento del estado de Michigan. La policía garantizó que la manifestación no fuera interrumpida hasta que sus protagonistas decidieron retirarse.

Ante la falta de consumo y el exceso de oferta, los precios del petróleo se derrumban. Se repetían los casos de disputa entre países por insumos sanitarios y respiradores, y EEUU intentaba comprar la farmacéutica alemana CureVac, una de las primeras en desarrollar proyectos de vacuna contra el coronavirus.

En Seúl, Corea del Sur, estalla un brote a partir de una iglesia evangélica. El día 17 se registra el primer fallecido por Covid- 19 en Brasil, cuando en Italia ya se cuentan 500 muertos. El 24 de marzo, el premier británico Boris Johnson, que quince días antes era partidario del contagio masivo y la “inmunidad de rebaño”, debe volver sobre sus pasos y declarar la cuarentena total. Tras días después, cae enfermo, el mismo día en que EEUU superaba a China en el número de infectados.

El 29, un informe de la Comisión Económica para América Latina (OEA) advierte que al subcontinente le esperan “años de economía de guerra”. Comienza una crisis política en Brasil cuando el presidente Bolsonaro, quizá el más extremo entre los negacionistas de la pandemia, se enfrenta a los gobernadores que decretan cuarentenas llamándolos “mentirosos” y “boicoteadores”.

El 2 de abril, Donald Trump calculaba que en EEUU podría llegar a haber entre 200 mil y 240 mil muertos. La escritora y politóloga Naomi Klein recuerda a quienes ansiaban “volver a la normalidad” que “la normalidad era la crisis”. El 5 de abril el primer ministro británico Boris Johnson, infectado de coronavirus, estaba grave. Solo diez días después de las más extremas atenciones podría salir de la terapia intensiva.

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En marzo, obreros que construían un nuevo y lujoso edificio en el centro de San Francisco eran informados de que no tendrían trabajo ni salario por tiempo indeterminado. La cuarentena fue más difícil para quienes no tenían la alternativa del teletrabajo.

En Ohio, Illinois, Georgia y Nueva York, personal médico y de enfermería protesta por falta de insumos y rebajas salariales. El 7, la Corte australiana anula la condena a 6 años por abusos sexuales contra el extesorero del Vaticano, el arzobispo George Pell: “No se estableció la culpabilidad al nivel requerido”.

Ante las complicaciones de la crisis sanitaria, el presidente estadounidense Donald Trump acusó a la OMS de encubrir el mal manejo de la pandemia por parte de China y reclamó que los gobernadores comenzaran a dejar atrás la cuarentena.

El mismo día, 8 de abril, el demócrata Bernie Sanders abandonó la carrera presidencial en beneficio del exvicepresidente Joe Biden. El 15 de abril se descubre que el gobierno chileno contaba a los muertos por Covid-19 entre los recuperados: “porque ya no contagian”, argumentaba el ministro de Salud Jaime Mañalich.

El 16, el presidente Bolsonaro echa a Walter Mandetta, su ministro de Salud, por serias diferencias en el manejo de la pandemia. En Miami, la policía detiene como “sospechoso” a un médico afroamericano que hacía test de coronavirus a gente sin techo. El 20, el petróleo cierra con precio negativo: por falta de capacidad de almacenamiento, los productores deben pagar para que alguien se lleve los barriles.

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Micrografía electrónica de partículas del SARS-CoV-2. El virus fue caracterizado y secuenciado muy rápidamente por científicos de todo el mundo, lo que permitió que ya comiencen a desarrollarse varios tipos de vacunas.

En varios países de América Latina van a la huelga trabajadores de Glovo, Rappi y PedidosYa, entre otras apps de distribución y mensajería, en reclamo de mejor pago y condiciones laborales. El 24, Trump sugiere que inyecciones de productos desinfectantes podrían ayudar a combatir el virus.

En días subsiguientes, hospitales estadounidenses reciben miles de intoxicados que probaron la idea de su presidente. El 26 renuncia Sergio Moro, ministro estrella del gobierno Bolsonaro, acusando al presidente de intentar manipular a la policía de investigaciones para encubrir delitos propios y de sus familiares.

Al otro día se conoce que Brasil supera a China en número de muertos por Covid-19. El 2 de mayo, miles de presos en cárceles de Manaos, el estado brasileño más afectado por la pandemia, se amotinan en reclamo de elementos de higiene y mejores condiciones de alojamiento.

El 8, la oficina de estadísticas de EEUU revela que al menos 20 millones de trabajadores perdieron su empleo en abril. Las aerolíneas latinoamericanas Avianca y Latam se acogen a la ley de quiebras de EEUU, y UBER despide a 3.500 empleados técnicos y administrativos.

El 15 de mayo renuncia Nelson Teich, ministro de Salud de Bolsonaro, a menos de un mes de haber asumido. Inequality y Oxfam revelan que las cien mayores fortunas de EEUU se han incrementado en u$s 282.000 millones desde el inicio de la pandemia (aproximadamente 10% en dos meses).

El gobierno estadounidense cierra un acuerdo con Taiwán para la provisión de torpedos por valor de u$s 180 millones. Los casos de coronavirus superan los 5 millones en todo el mundo El 22 renuncia la ministra de Cultura de Bolsonaro, Regina Duarte.

Trump prohíbe el ingreso de viajeros provenientes de Brasil: “Están manejando muy mal la crisis”, argumenta. El 25 de mayo muere el afroamericano George Floyd después de haber sido detenido por la policía de Minneapolis. Al difundirse al otro día un video donde se ve cómo lo mataron, comienzan fuertes protestas en la ciudad.

El 28 de mayo Brasil registra 25.000 muertos por Covid-19. Twitter marca como “dudosa” la información sobre la pandemia publicada por Donald Trump en un tuit. El presidente estadounidense retira a EEUU de la OMS y amenaza con clausurar las redes sociales.

El 31, las protestas contra el racismo tras la muerte de Floyd ya se extienden a todo EEUU y se replican en otros países. Trump dice que declarará “terroristas” a los manifestantes y amenaza con sacar al ejército a las calles. Varios gobernadores y hasta el jefe del Pentágono rechazan la idea.

El 3 de junio, en las calles de Jerusalén, soldados de Israel asesinan a un palestino autista que huyó atemorizado al verlos. Numerosos israelíes acompañan las protestas de los palestinos, quienes denuncian que ese tipo de sucesos son habituales.

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“¿Así es como nos agradecen?”. Trabajadores de la salud se quejan en Nueva York por rebajas salariales, falta de insumos y malas condiciones laborales. Protestas similares se registraron en varios países.

El 5, la estadística del ministerio de Salud de Brasil muestra que el país supera a Italia en número de muertos. El 14 renuncia el ministro de Salud de Chile, Jaime Mañalich. Fanáticos del presidente brasileño marchan reclamando la disolución de la corte suprema y el parlamento, y que los militares tomen el poder.

El 16, el gobierno de Corea del Norte destruye la “Blue House”, edificio donde se reunía la comisión de enlace con el gobierno de Corea del Sur. El 17, un rebrote de coronavirus en el principal mercado de Beijing alarma a China: “Es una cepa europea, hallada en un cargamento de salmón noruego”, dice el gobierno.

El 23, Brasil superaba el millón de infecciones y los 50.000 muertos por coronavirus. Un rebrote en Corea del Sur marcaba el mayor incremento diario de casos, y se conocía que en Colombia, a pesar del desarme de la guerrilla de las FARC y del mayor despliegue del ejército, la producción de cocaína había aumentado nuevamente en 2019.

El 24, el estado de Florida se situaba como nuevo epicentro de la pandemia en EEUU, al llegar a los 100.000 casos de coronavirus.

Mientras, se desarrollaban rebrotes que obligaban a volver a las restricciones en Australia y Corea del Sur, al mismo tiempo el gobierno sueco admitía que falló su estrategia de “cuarentena light”: el país nórdico registraba la segunda tasa de mortalidad de Europa. En la última semana de junio, a seis meses del inicio de la pandemia, ya se habían contagiado 10 millones de personas en todo el mundo, y los muertos eran más de medio millón.

El primer semestre llegaba a su fin con encendidas polémicas entre quienes defienden la idea de que el mundo ha dejado atrás la pandemia, o al menos su peor parte, mientras otros resaltaban el surgimiento de nuevos focos en EEUU, rebrotes en Alemania, Francia, Corea del Sur, Australia y el Reino Unido, y el posicionamiento de América Latina como nuevo epicentro del virus. Por el momento, esto mantiene maniatado al mundo. Cuando logremos liberarnos llegará el momento de recordar que “la normalidad era la crisis”.

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