Promesa de lealtad a 170 años de la sanción de la Constitución Nacional
Por Jessica Ayala 
 
 En este 2023 que se encuentra en curso, se conmemora, además de los 40 años de la recuperación definitiva de la democracia, los 170 años de la sanción de la Constitución Nacional.
La magnitud de esas fechas son fuertes razones para que recordemos y reiteremos nuestro innegociable compromiso con la vigencia de la Constitución y la democracia, que tienen en verdad un sentido compartido y son valores que se apoyan y condicionan: sin Constitución no tendremos democracia y sin democracia ninguna Constitución podrá alcanzar legitimidad.
Por eso, aprovechando este aniversario, quiero resaltar que se encuentra vigente en nuestra provincia la Ley 2202-E, sancionada en el año 2014 y que establece que los alumnos y las alumnas del último grado del nivel de educación primaria y del último año del nivel de educación secundaria prometerán lealtad a las Constituciones Nacional y Provincial durante los actos que el Ministerio de Educación determine, con motivo del aniversario de la aprobación de la Constitución Nacional de 1853 el 1 de mayo de cada año.
Esa ley fue sancionada a instancia de la propuesta realizada en el marco de un programa denominado "Chau indiferencia, ahora la Constitución", desarrollado por la Asociación Argentina De Derecho Constitucional y la Fundación Americana de la Educación, principalmente a través del trabajo local que en representación de la primera realizó en Chaco la jueza Iride Isabel María Grillo como profesora de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste. Gracias al empeño de estas entidades y personas, la Legislatura provincial sancionó la ley que instituía de manera obligatoria la promesa de lealtad a la Constitución Nacional y a la Constitución Provincial, en el entendimiento de que la vigencia de las instituciones está fuertemente condicionado por el conocimiento que tengan sus destinatarios y operadores, pero fundamentalmente por el apego afectivo y compromiso emocional que sientan respecto de esas instituciones. La vigencia de las instituciones depende en gran medida de que las personas a las que pretende regir se sientan identificadas con los valores que las fundan y responsables por tanto de su efectivo cumplimiento.
La Constitución no es solo una norma jurídica, es también un pacto comunitario que refleja nuestra identidad como pueblo y condensa nuestros acuerdos más básicos.
Eso explica la relevancia que tiene instituir un acto formal obligatorio donde los alumnos y las alumnas de los niveles superiores presten su promesa de lealtad, como un momento de vinculación afectiva que persigue comprometer a nuestros jóvenes con el mantenimiento de esos acuerdos básicos que son indispensables para vivir en democracia y gozar de los derechos y las libertades. Pero al mismo tiempo ese acto no es un único y aislado momento simplemente solemne, sino que es la culminación de una instancia de formación basada en el conocimiento de aquello con lo que debemos comprometernos prometiéndole lealtad.
Es así como el acto de promesa debe estar precedido de aprendizaje sobre los contenidos de la Constitución, expuestos a modo de transmitir y vivenciar la importancia central que tienen la democracia y los derechos humanos para nuestra vida y existencia como comunidad.
Cercanos otra vez a la fecha en que se conmemora el aniversario de la sanción de nuestra Constitución Nacional junto a la presidenta de la Cámara de Diputados, Elida Cuesta, acompañaremos la jura en establecimientos educativos y su posterior entrega de constituciones nacionales y provinciales como hace tiempo lo viene haciendo este cuerpo legislativo.
Estoy segura de que estas son acciones que servirán para la formación de ciudadanía y de compromiso con los derechos humanos, que es una parte esencial y muchas veces descuidada de las virtudes cívicas necesarias para vivir en una república democrática. Necesitamos conocer nuestra Constitución, pues solo aquello que conocemos puede ser exigido como obligatorio, pero fundamentalmente necesitamos hacerlo porque solo habrá verdadera vigencia de las reglas del poder y los derechos instituidos por la Constitución, cuando nos llene a todos y todas el sentimiento constitucional, es decir, el entendimiento emocional de que sin esas reglas y sin esos derechos no existe posibilidad de vida digna.
(*La autora es diputada provincial)
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