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Carta de lectores

Democracia derruida y quienes todo lo pueden, menos usted

Señor director de NORTE: 

Con el debido agradecimiento por la oportunidad que me brinda de poder expresarme por este medio, lo hago trayendo a mi memoria una tarde cualquiera del año 1975 en la Escuela Nacional de Comercio N° 23, ubbicada en el barrio de Caballito (actual CABA).  El profesor Urizar, de Instrucción Cívica, nos explicaba –mientras fumaba de corrido– que en nuestra organización política el gobierno se ejercía dividido en tres poderes. 

El Ejecutivo que administraba el país y tomaba las decisiones trascendentales de Gobierno; el Poder Legislativo, que sancionaba las leyes que regían nuestra convivencia; por caso, El Código, Penal Civil, etc.  Y el Poder Judicial que resolvía las controversias entre los ciudadanos y controlaba que lo actuado por los otros dos Poderes del Estado se ajusten a la Constitución Nacional. 

Entre los bostezos de esas tardes frías y soporíferas, resultaba difícil figurarme como operaban en la práctica esas cuasi-abstracciones; pero entre noviecitas y recitales del Flaco Spinetta, la vida era hermosa. Muy lejos me encontraba de pensarme cincuenta años después recordando la buena fe desde la cual el profesor Urizar nos instruía como futuros ciudadanos con derecho a voto. Mucho más lejos de imaginar (con quince años) que un año después todas sus enseñanzas serían literalmente arrasadas por una dictadura cívico-militar que se encargaría puntillosamente de desbaratar esa organización política. 

De paso –y cumpliendo las órdenes que le impartía una suerte de "Voldemort" siempre oculto pero perteneciente al sector civil de la dictadura– arruinaba económicamente al país, secuestraba, torturaba y mataba compatriotas, saqueaba sus viviendas y se apropiaba de muchos de sus hijos.  Sin perjuicio de tratar –en otra instancia– rememorar desde cuándo opera y nos gobierna, "El Poder Oscuro". 

En estos cincuenta años, entre otros menesteres, curse las materias correspondientes en la Facultad de Derecho-UNNE. Ejercí la profesión, presté treinta y tres años de servicio en la Cámara de Diputados de la Provincia y afiné algunos conceptos. 

Por caso, que en nuestra organización política y jurídica no existen (o no deberían existir) tres poderes cual si fueran compartimientos estancos, sino que el Poder Público es único y se ejerce desde tres estamentos, con atribuciones puntualmente delimitadas (competencia funcional) y sujetos a un sistema de verdadera ingeniería normativa que los coloca en situación de recíproco contralor. 

El "señor oscuro" ha cobrado desde hace algunos años un poder inusitado y demoledor de nuestra joven –y ahora muy debilitada– democracia. Ningún estamento de gobierno cumple ni siquiera intenta con fuerza, cumplir su deber de controlar lo actuado y/o resuelto por los otros dos. 

Y lo que es peor, ya no opera en las sombras sino a cara descubierta y hasta se sirve de algún "dementor" que se ocupa cotidianamente de hostigarnos, insultarnos, golpear, hambrear y gasear jubilados; y ahora con todo desenfado, "asumir públicamente que es deliberadamente cruel con ciertos sectores sociales"; obviamente porque sabe que lo hace fuera de cualquier control. 

El poder real de nuestro país no tuvo necesidad de servirse de una gran inteligencia (porque obviamente no se puede hacer uso de lo que no se tiene) para consolidar y ejercer la suma del Poder Público, a poco de advertir que contaba con un Poder Legislativo convertido en un conglomerado anónimo de convicciones, ética y moralmente muy lábiles. 

Veamos, legisladores que cambian de ideas e ideologías en 24 horas; mutan el voto prometido en minutos, y luego se ausentan para disfrutar en Paraguay de un merecido descanso... ¿en prisión? Finalmente, aquellos que luego de una tan maratónica como cínica jornada, se equivocan de botón al votar, cual si el destino de los argentinos pudiera jugarse en un patético pinball. 

Pero los legisladores son transitorios y nunca se sabe cuáles son sus "verdaderas lealtades". Entonces, les fue necesario observar detenidamente al otro poder y advertiremos que también opera en las sombras, jamás podríamos reconocer a sus miembros por la calle, no podemos hablar o debatir con ellos (sólo hablan por sus sentencias... aunque no sabemos si "escuchan" a alguien antes de dictarlas; el proceso es ultrasecreto) mientras se mantengan fuertemente distraídos en nimiedades a sus contralores –los legisladores– nadie podrá removerlos de sus cargos y han de servirnos para siempre, dice el poder oscuro.

Además, tiene que ser un ámbito de poder estructuralmente antidemocrático, e impregnado de la convicción de ser una élite; por ejemplo, que no paguen algún fuerte impuesto y que necesariamente deben ganar importantísimos sueldos porque "un haber insatisfactorio puede afectar su independencia". Esto último es tomado –como concepto– literal de un fallo. C.S.J.N. 26 de julio de 1999. 

Finalmente, "al vulgo" se le repite hasta el hartazgo: "Con estos no se metan porque estamos hablando del Poder Judicial y ellos son tan independientes como intocables".

 En definitiva, son por siempre, la última garantía para la protección de los derechos y libertades individuales y el cumplimiento de la ley. Lo dice la Constitución... ¡mentira!Afortunadamente, el sistema Federal de Gobierno permite que cada Poder Judicial de provincia se administre política y constitucionalmente a sí mismo; y si bien, cosas veredes Sancho, poco nos importa lo que sucede con el Poder Judicial de San Juan. 

Nos hallamos en otro momento en el cual el Estado de Derecho no rige. Quizá podría el ciudadano creer que si, a su respecto, se hallara en una situación que ha menester acudir al máximo Órgano del Poder Judicial de la Nación –como garantía asegurada de sus derechos–, podrá quedarse tranquilo. ¡Pues no!, habida cuenta de que la posibilidad de acudir a la tripartita "Corte Suprema" es algo que depende del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia del Chaco, y si este dice que "no", pues habrá llegado el momento de acudir al Chapulín Colorado.

Y si pasado ese versátil valladar local, pudiera poner mi caso a consideración de esta inverosímil cuan inaudita Corte Suprema... ¿qué habría de acontecer? 

Cualquier abogado intelectualmente confiable lo sabe, pero si le interesara al apreciado lector tomar razón de que como funciona, escucha, pide permiso y resuelve dicho Máximo Tribunal, ofrezco mis excusas porque el espacio con el cual me honra NORTE, tampoco puede permitirme pormenorizar, para poder adelantar algo sobre lo inadmisible que ha ocurrido otrora, hasta el trágico barranco en que se halla la suerte jurídica del amigo lector, sus hijos, nietos, etc. 

Espero y seguro estoy, que cuento con otra oportunidad para ello. Sólo puedo adelantar, el dueño de vuestra suerte, opera desde un lugar tenebroso. Por eso son sólo tres.  

DOMINGO AUGUSTO ZAMACOLA

DNI 14.496.619

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