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HISTORIA DE VIDA

Los desafíos de ser docente de primer grado: "El pizarrón ya no alcanza"

Leticia Frank es de Castelli, pero vive desde hace tiempo en el barrio San Pedro Pescador. Lleva más de diez años en la docencia en la Escuela de Enseñanza Primaria 159, Provincia de Corrientes.

El sol baña todo el ambiente. En derredor, todas las casas son bajas. El cielo es amplio, luminoso y azul. Los perros están tendidos en la calle. Las motos y los autos pasan despacio cuando el día todavía guarda algo de fresco. Pocos caminan en una mañana de sábado, donde los pájaros cantan y se escucha alguna cumbia y algún chamamé lejano. La entrevistada abre la puerta de su casa con un gesto cordial.


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“Estar en primer grado significa mucho trabajo, pero es hermoso. Cuando los niños comienzan con sus primeras lecturas es bello”, comentó Leticia Frank.

Leticia Frank es de Castelli. ‘Somos trece hermanos y varios somos docentes‘, cuenta con orgullo y su sonrisa se ensancha y abarca todo el rostro. En ese marco de felicidad, trae una infidencia familiar, cuenta que en broma su madre quería completar la libreta familiar que tiene lugar para doce hijos. La vida le trajo una más. ‘Con mi hermano llegamos por partida doble. Él todavía me carga porque nació primero pero está fuera de la libreta‘, desliza y ahora la risa ya es contagiosa. Reímos.

Desde Castelli se vino a la capital del Chaco a estudiar en el colegio secundario 59, Juan F. Quiroga, en el barrio San Cayetano de Resistencia. El colegio era un internado de monjas donde había chicas del interior, muchas de su ciudad. Mientras estudiaba en el colegio secundario comenzó a trabajar como empleada doméstica. Después emprendió la Facultad pero el trabajo y el estudio no fueron sus aliados, el estudio siempre se iba postergando. ‘Tenía más horas trabajando que horas de cursada y estudio‘, recuerda.

DOCENTE POR ELECCIÓN

Leticia dejó la carrera. Estaba de novia con quien hoy es su marido, que ya vivía en el barrio San Pedro Pescador. Iba a visitarlo y después, un poco movida también por la familia, se decidió a estudiar la carrera de docente. Estudió donde le quedaba más cerca, en la ciudad de Corrientes. Terminó de cursar y se recibió. Ni bien concluyó todo y obtuvo el título, se inscribió en el Ministerio de Educación del Chaco.

Hace ya más de diez años que se recibió. Vivía con su pareja en la casa de su suegra. Estaba embarazada. Un día de semana que puede ser cualquier, un martes, por ejemplo, había tomado unos mates a la mañana y de repente golpearon las palmas frente a su casa. Desde la Escuela 159 la fueron a buscar. Había que cubrir una suplencia y ella ya se había recibido y estaba inscripta en el Ministerio de Educación. ‘Desde aquella mañana no dejé de trabajar‘, cuenta, orgullosa, feliz, agradecida. Hoy junto con su esposo tiene su casa propia, una hija de dieciocho años y un niño de un año. El tiempo, el estudio y el profesionalismo le permitieron alcanzar la titularidad en su cargo.

‘Un objetivo que alcancé fue ser titular en este escuela. En 2016 hubo con concurso a nivel provincial en Sáenz Peña. El puntaje me daba para ser titular en Barranqueras pero yo no tomé el cargo porque quería estar en mi barrio. Un año después de aquel concurso, una docente que había ganado este lugar en el barrio renunció y ahí me llegó la titularidad. Fue algo precioso‘, recuerda y la felicidad le dura, en los ojos y en la expresión radiante.

Ella enseña en el primer ciclo: primero, segundo y tercer grado. En su salón tiene algunas sillas de jardín, ‘algunos niños tiene la emoción de que ya salieron de jardín y que están en primer grado. Otros aún añoran aquel espacio de juegos y por ellos tenemos esos espacios. Doy lo mejor de mí para que ellos sientan este acompañamiento y este crecimiento‘, confiesa.

POR DOS

Tiene la piel blanca, los ojos claros, el pelo recogido hacia atrás. La dentadura perfecta. Le agrada y es feliz siendo docente del primer ciclo. ‘En 2018 hubo unos ateneos, proyectos de educación para reforzar algunas áreas. Fue la primera vez que me tocó filmar a los niños haciendo sus primeras lecturas. Todavía se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo. Después vino la pandemia, fue duro pero al final del ciclo los chicos me pasaban sus videos haciendo las primeras lecturas. Es hermoso‘, desliza y ceba un mate para dejar correr ese nudo que llegó a su garganta.

Hasta los seis años Leticia Frank hablaba alemán, comentó y ahí abrió las puertas de su hogar familiar. Vivió en Castelli, Resistencia y ahora en el barrio San Pedro Pescador. ‘Mi marido vivió la creciente del año 82 en este lugar. Hicimos nuestra casa con mucho sacrificio. Trabajo y vivo acá. Este es mi lugar, donde quiero estar. Nuestra vida está acá‘.

Acompañar a los pequeños en el primer ciclo: primero, segundo y tercer grado

Si bien su camino como docente Leticia lo comenzó en los grados de cuarto y quinto, luego se pasó a primero. ‘Desde hace varios años tengo el primer ciclo: primero, segundo y tercero. Este año estoy arrancando con los niños de primer grado. Después los acompaño en segundo y tercero. Luego bajo de nuevo a primer grado. Es como una hermosa rueda‘, cuenta.

‘Este año 2023 es especial para mí porque el año pasado no inicié las clases. Había nacido mi bebé en el mes de febrero, así que tuve licencia por maternidad. Este año estoy desde el inicio con los niños de primer grado, que es fabuloso. Estar en primer grado significa mucho trabajo, pero es hermoso. Cuando los niños comienzan con sus primeras lecturas es bello. Son hermosos con sus ocurrencias, con sus picardías y sus progresos. Van poco a poco mostrando las diferentes capacidades que tienen cada uno. Te sorprenden cada día‘.

Cuando habla de primer grado, de las niñas y de los niños, Leticia se entusiasma. Estamos bajo la galería de su casa, hay alfajores de maicena y mates, que de forma pausada van de mano en mano. ‘Me fascina primer grado, segundo y tercero. Los acompaño en ese proceso durante tres años, verlos crecer y acompañarlos es muy importante. Acá tenemos algunos padres, mamás o familiares que a veces no pueden ayudar al niño y entonces todo recae más en los docentes. Tengo algunos casos donde hay que dar todo para esos niños. De a poco ahora los chicos siguen estudiando, terminan el secundario y después siguen con alguna tecnicatura, alguna carrera terciaria e incluso algunos también van a la Universidad‘, explica, como quien no solo acompañó el crecimiento de los niños en el primer ciclo sino que también los sigue viendo crecer en la institución y en el barrio.

En medio de la charla Leticia desliza que aprende mucho de los chicos. ‘Se aprende mucho‘, dice. Hace una pausa, tomamos mate y entonces amplifica: ‘De ellos aprendo la paciencia y el entusiasmo que tienen por aprender. Los chicos tienen un entusiasmo y una curiosidad desmedida, eso tenemos que tomar de ellos. Ahora es más difícil tener su atención, diez años atrás era más sencillo atrapar su atención o entretenerlos. Ellos tenían otros intereses. Ahora hay que buscar cosas que los motive, que los llame y les despierte su atención. Los niños llegan a primer grado con los dibujitos, la play, el celular. Los docentes tenemos que renovar estrategias todos los días. El pizarrón ya no alcanza, hay que sumar estrategias‘.

Pandemia y tecnología

Durante la pandemia a Leticia le tocó justo primer grado. Antes no hacía audios por WhatsApp porque no le gusta su voz en el teléfono. Pero tuvo que armarse de valor, grabar audios y videos para los adultos que tenían que acompañar a las niños y niños de primer grado. ‘A veces quería llorar porque enredaba más a las mamás o a los papás que tenían que transmitir las enseñanzas a sus hijos‘, recuerda de aquel tiempo espinoso donde todo -o casi todo- pasaba por la pantalla de un celular. ‘Fue difícil para mí pero también fue difícil para las mamás y los papás‘, agrega.

En relación con la tecnología aplicada a la escuela, Leticia Frank cuenta que todavía falta una integración más consciente. En la escuela cuentan con computadores y una biblioteca equipada. ‘Usamos además pantallas y proyectores. En ocasiones llevo a los chicos a trabajar en la Biblioteca. Sin embargo debemos incorporar otras cosas, programas u otras cuestiones que nos permiten finalmente integrar la tecnología con el aprendizaje escolar. Es el desafío que tenemos diariamente como docentes‘, cuenta.

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