Le enseñaba vóley a su hija y hoy entrena a niños del barrio
Se trata de la historia de una comunidad de Resistencia donde floreció una disciplina formativa para chicos y adolescentes.

En un espacio verde, hace siete años, cuando Jorge Cuberli le enseñaba a jugar al vóley a su hija María Luz, otras niñas de la misma edad que los miraban pidieron sumarse. El sí de Jorge fue el origen de una suerte de pequeño club comunitario del Nuevo Barrio Don Bosco que logró la construcción de un playón y una modesta infraestructura.

Sin ser profe de educación física -lo aclara varias veces- hoy entrena a equipos con diversidad de edades y cuenta con orgullo que una de las formaciones llegó a ganar un campeonato. "Tengo alumnas que solo quieren aprender y otras que esperan jugar en un club", describe.
En los entrenamientos las más visibles son las chicas, sin embargo también hay algunos varones Sub-12 y Sub-15 y de la categoría masculino libre, que son los más grandes. Son menos por una cuestión cultural: "Hay un machismo muy fuerte con el vóley, mucha gente cree que es un deporte de chicas. Después, cuando los varones van a torneos y ven jugar a otros chicos, se enganchan".

LA CANCHA
En 2017 había diez nenas jugando con la hija de Jorge y otras más pidiendo entrar porque por distintos motivos no podían ir a un club (la distancia, el tiempo, recursos limitados). Entonces él le dijo a Daniela, su pareja: "Hay que hacer una cancha para jugar al vóley como tiene que ser y empezar a enseñar".
Con el respaldo de ella, de un compañero que se llama Pablo Cañete y de un hermano -que es un técnico profesional en el deporte- empezaron desde cero.

Se pidió permiso a los vecinos y la respuesta fue: "Puede hacer la cancha, profe; si es para los chicos no tenemos ningún inconveniente".
"Todo desde cero y a pulmón. Hicimos los pozos para los parantes y nos robaron los hierros. Tuvimos que hacerlos extraíbles", recuerda. En esa etapa inicial la canchita era con piso de tierra y unas 30 chicas acudían a jugar.

De ahí salieron las ventas de pastelitos para comprar camisetas, pelotas y para pagar el transporte en las primeras competencias. En la Copa Futura, las Sub-15 se alzaron con la primera de muchas glorias, salieron campeonas. Después las invitaron a un torneo en el que compitieron con jugadoras entrenadas en clubes y también se coronaron campeonas.

"De eso no se olvidan más, las de ese equipo ahora tienen 22, 23 años y cuando pasan por la cancha y ven a otras entrenando, me dicen que yo era más "malo" con ellas", sonríe Cuberli reconociendo el reproche por haber sido bastante estricto.
Entrevista completa:
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