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Historia de vida

José Sosa, el hombre detrás del papel: 34 años imprimiendo NORTE

Desde la planta impresora de NORTE, donde el olor a tinta y papel recién impreso marcan la cadencia de los días, este paraguayo de andar tranquilo y mirada firme dejó una huella que no aparece en titulares, pero se imprime en cada página.

Su historia en el diario comienza en 1991, cuando fue convocado desde Paraguay junto a un compañero para poner en marcha la primera rotativa de NORTE, una B22 de cinco cuerpos que se instaló en la planta de la calle Pellegrini. "Esa fue nuestra primera máquina. Vinimos con mucha ilusión, con muchas ganas de trabajar. Y desde entonces empecé a encariñarme con la empresa. Me gustó NORTE, el trato de los directivos, los compañeros… me sentí mimado desde el primer día", recuerda José, con esa mezcla de humildad y orgullo que atraviesa toda la conversación.

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Los primeros años fueron intensos. Había domingos con cuatro tiradas, y el tiraje llegó a alcanzar los 47.500 ejemplares. El suplemento dominical, por entonces llamado "Mujer", más tarde rebautizado "Chaqueña", tenía 24 páginas y era uno de los más esperados. "Era otro ritmo. Otro tiempo. Y mucho trabajo en equipo. Eso es lo que más voy a extrañar", confiesa.

A lo largo de más de tres décadas, vio pasar distintas generaciones de periodistas, diseñadores, armadores y repartidores. Y con cada edición, supo lo que pocos saben: que cada diario no es solo una tapa o un titular, sino una cadena de oficios que se enlazan, desde la primera palabra escrita hasta el último pliego doblado.

EL ARTE DE IMPRIMIR

El diario crecía, y con él, también las máquinas. En 1993, cuando sus compañeros volvieron a Paraguay, José decidió quedarse. Se convirtió en el alma de la planta impresora, y su compromiso no pasó desapercibido. Fue parte de la instalación de la segunda rotativa, la B25, en la planta nueva sobre la Ruta 11, y más adelante, de la llegada de la Uniman, una imponente estructura capaz de imprimir 64 páginas con 32 a color de manera simultánea.

"El crecimiento fue constante. Se trabajaba mucho, pero también se aprendía todos los días", dice. Uno de sus mayores desafíos fue la llegada de los cambios tecnológicos. La transformación digital no fue ajena al mundo gráfico. Lo que antes se hacía de forma manual, pasó a controlarse desde computadoras. Pero lejos de resistirse, José se adaptó. "La tecnología fue un gran adelanto. Simplificó muchísimo la tarea", reconoce. Aunque no deja de agregar, con una sonrisa tímida: "Yo soy muy amante del papel. No creo que desaparezca del todo, todavía hay lectores fieles. Pero con todos los avances que hay, no sé qué pasará de acá a 10 o 15 años...".

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El oficio, sin embargo, sigue siendo el mismo: cuidar cada pliego como si fuera el primero. Revisar, ajustar, volver a empezar si hace falta. Y estar ahí, siempre, cuando la tinta comienza a correr.

EL CIERRE DE UN CICLO, EL COMIENZO DE OTRO

La jubilación de José marca el fin de una etapa importante para NORTE. No solo se va un jefe de planta: se despide un hombre que se convirtió en referente, en maestro silencioso, en memoria viva de la historia impresa de esta casa editorial.

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"Creo que dejo una buena escuela. Los que quedan están preparados. Yo di todo lo que sabía", dice, sin estridencias, pero con la certeza del deber cumplido. Y agrega, con la voz un poco más baja: "Me llevo muchas satisfacciones, mucho cariño. Especialmente de mis compañeros. Y estoy muy agradecido a los directivos por haberme dado esta oportunidad".

Para quienes lo conocieron de cerca, José es mucho más que un trabajador ejemplar. Es ese tipo de personas que nunca buscó figurar, pero que fue indispensable para que todo funcione. Que estuvo ahí cuando las máquinas fallaban, cuando había que correr para llegar al cierre, cuando la presión subía y el tiempo apretaba. Y también cuando el silencio de la madrugada acompañaba el rodar de la rotativa.

LA TINTA NO SE BORRA

En tiempos donde lo efímero parece reinar, la historia de "Sosita" nos recuerda el valor de lo que permanece. El trabajo constante, el compromiso diario, el amor por lo que uno hace, incluso sin aplausos ni reconocimientos. Y también, el poder simbólico del papel: ese objeto tangible que sigue siendo refugio, archivo, y testimonio de lo que fuimos.

Y desde este lugar que también fue su casa, todos los que hacemos NORTE (periodistas, editores, trabajadores, directivos) le decimos gracias. Por su entrega silenciosa, por su amor al oficio, por enseñarnos que detrás de cada diario hay mucho más que tinta y papel: hay personas como José Sosa.

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