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De Margarita, Santa Fe, a Roma

Un corazón peregrino: la historia de Lucía Mansilla en el Jubileo

Lucía Mansilla tiene 27 años y es oriunda de Margarita, un pueblo pequeño de Santa Fe, donde vivió hasta que tuvo 18 años y luego, junto a su familia, se mudó a Reconquista. Es psicomotricista y ejerce en distintos ámbitos.

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Es una amante del deporte e hincha fanática del Club Atlético Unión, como ley familiar. Pertenece a la Diócesis de Reconquista, es practicante de la fe católica y miembro de distintas organizaciones mundiales de servicio. Actualmente, vive en Alemania y está transitando una de las etapas más importantes de su vida, ya que el proceso de emigrar requiere de mucho, pero a la vez te brinda herramientas y experiencias muy significativas.

Sobre su relación con el Chaco, Lucía cuenta que hace un tiempo comenzó a investigar acerca de su árbol genealógico en profundidad para obtener la ciudadanía española. Por estos motivos, se ha comunicado con familiares y amigos del Chaco, ya que gran parte de sus integrantes proviene de esta zona. Cabe destacar que, a través de una nota realizada por NORTE al padre Rafael Del Blanco, Lucía se comunicó y pudo contactarlo para tener un encuentro en Roma en el marco del Jubileo. "Quiero destacar que el Chaco tiene un lugar valioso en mi corazón, ya que he realizado varias misiones allí y compartimos la devoción a Nuestra Señora de Itatí, siendo parte de la misma región NEA", comenta la joven.

Lucía va a participar del Jubileo en Roma, representando a todo el NEA, así como otros cientos de jóvenes que entregan su vida a Dios. Pero, para que eso suceda, para que abrace la religión, tiene que haber un comienzo y la santafesina cuenta: "Crecí en una familia católica y practicante, por ende, desde chica me caracterizo por ser una persona que intenta vivir su fe y compartirla. Comencé mi camino pastoral a los 7 años, pero con el correr del tiempo fui involucrándome en los distintos grupos que pertenecían a la parroquia, siendo los principales aquellos referidos a la misión y Renovación Carismática."

A través de los encuentros y actividades parroquiales fue como empezó a consolidar su relación con Dios, a conocerlo, descubrirlo y sentirlo diariamente. "Pero fue en un retiro donde escuché su llamado y lo elegí, pero sinceramente no lograba discernir qué quería de mí. Y en Brasil, cuando viví la Jornada Mundial de la Juventud junto al papa Francisco, me respondió: ‘Déjame ser Dios’. Desde ese entonces, fue un antes y un después, como en cada día que hago el rosario siento que me llama por mi nombre, para siempre", revela Mansilla.

Los jóvenes y la fe

Como joven, vivir la fe es uno de los desafíos más grandes que existen en la actualidad, pero, como en el caso de Lucía, no podría transitar la vida de otra manera, más allá de todas las dificultades que deben atravesar.

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En estos tiempos donde el mundo ofrece muchos caminos e intenta atraer desde lo fácil, cómodo y todo aquello que no es compatible con el proyecto de Dios, ser creyente y parte de una comunidad es un regalo, pero también es un reto, porque no es solo vivir encuentros, reuniones y eventos religiosos, sino lograr que permanezcan juntos cuando surgen las dificultades, cuando aumentan las necesidades, cuando se apaga el entusiasmo. Pero el compromiso que tiene la juventud es seguir comprometidos a caminar con y por otros.

"La fe tiene que iluminar vidas y, a través de ella, transmitir un mensaje de esperanza. Es lo que le da sentido a nuestra misión. Y es aquí donde entra el debate acerca de la iglesia que hacemos, pero principalmente, que somos", explica la joven practicante y añade: "Me caracterizo por ser una persona que, apuesta a una iglesia en la calle, en el barrio y en los sitios donde uno vive su rutina diaria, y sobre todo en aquellos lugares donde se necesita el mensaje de un Dios que nos ama. Pero también considero fundamental generar espacios de debate, donde a los miembros parroquiales se nos incomode, se nos cuestione, porque significa que aún hay mucho por hacer y deshacer, que no podemos seguir siendo una iglesia para ‘algunos’, tibia, que intente justificar aquellas acciones que no son correctas bajo ninguna mirada, que sea lejana al que sufre, que solo mantenga las puertas abiertas para la misa de los domingos", afirma.

Para Lucía, "no hay que tener miedo a la crítica, al enojo, a la decepción, ya que por momentos la vida duele mucho y en incontables ocasiones no logramos transmitir el verdadero testimonio que Dios nos pide. Por eso, hay que tener la capacidad de diálogo y escucha con la comunidad para llevar a cabo acciones concretas que tengan impacto en la vida de aquellos que más necesitan. Hay que generar cambios y nuevos caminos con la convicción de que somos y hacemos iglesia dentro y fuera, porque Dios está en todos lados, principalmente donde nuestro mensaje todavía no llegó".

Su rol en el Jubileo

El Papa Francisco anunció que este año será un Año de Jubileo o Año Jubilar, algo que ocurre cada 25 años. El tema de este Jubileo 2025 es "Peregrinos de esperanza", pues será un año de esperanza para todo el mundo, que sufre el flagelo de las guerras, los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19 y la crisis del cambio climático.

"Jubileo" es el nombre que se da a un año establecido como tiempo especial para renovar una bien fundamentada relación con Dios, con el prójimo y con toda la creación.

Lucía será voluntaria y indica que: "mi servicio lo considero, en primer lugar, como tiempo de gracia. Hacía mucho tiempo que venía rezando por la oportunidad de poder estar. Es una alegría inmensa poder llevar a cabo esta misión acompañando, sosteniendo, guiando y cuidando a peregrinos de todo el mundo. Es un servicio que requiere de entrega, oración, compromiso y despojo. Para mí, es poder dar respuesta desde el amor a lo que Él me encomienda. Deseo que esta experiencia de fe me siga ayudando a descubrir mi misión personal y me conduzca por el camino que Dios ya ha preparado para mí".

"Anhelo profundamente que nuestra vida sea un jubileo y podamos transitarla con la certeza de que ‘la esperanza no defrauda nunca’. Que podamos reconocer a este Dios misericordioso, presente en cada pedacito de nuestros días, humilde y peregrino en el rostro de nuestros hermanos. Confiados de que Él nos hace uno y que estamos todos bajo su mismo cielo. Nuestra vida está escrita con amor", opina Mansilla sobre su participación en este nuevo encuentro mundial.

Su oración y relación con el Papa Francisco

"A Francisco lo conocí en Brasil y anhelo profundamente el reencuentro, pero como se sabe, su situación nos tiene conmovidos a todos. Y es inevitable que en estos momentos no tenga sentimientos encontrados. Es un año particular para él y todos", expuso Lucía, que está esperanzada en volver a ver al papa argentino en el Jubileo.

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"Me genera mucha tristeza la falta de respeto y empatía frente a estas situaciones. Prefiero fortalecer mi oración por él y por todos los ‘Francisco’ que tenemos a nuestro alrededor. Hay que seguir encomendados a María, es en su corazón donde encontramos refugio y consuelo, sabiendo que nunca estamos solos y dejar que Dios haga su voluntad", relata y expresa su deseo de pronta recuperación porque "lo necesitamos con nosotros. Es el papa de los jóvenes, los pobres y los enfermos".

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