CARTAS DE LECTORES
Fuera de la Iglesia no hay salvación
Señor director de NORTE:
La Iglesia debe enseñar la palabra de Dios sin omisiones ni agregados, sin embargo, en los tiempos actuales vemos una enseñanza viciada por los efectos desacralizadores, que han llevado al cristianismo a ser considerado una interpretación humana de hechos del pasado y no como la palabra de Dios, que no pasa.
Por lo tanto, el punto de partida de la enseñanza no es la palabra de Dios que permanece para siempre, la relación entre Dios y el hombre ha sido trastocada y ya no es Dios quien se revela sino que es el hombre el que investiga y encuentra muchas cosas bellas entre las cuales se encuentra a Dios. Ergo, ya no se trata del Dios trino sino de una opción de alternativa para descubrir la verdad.
Así, la Iglesia ha declinado en sus medios de salvación y diluye toda la verdad pues enseña a los cristianos a dialogar con los fieles de las otras creencias, no para convertirlos como debiera ser la aplicación del verdadero ecumenismo —unidad en la verdad que, en su dimensión trascendente y sobrenatural, se encarna en Jesucristo Dios y hombre verdadero— sino para que les ayude en la búsqueda de crecimiento personal, en la búsqueda de Dios o de la verdad.
La gracia es relegada por los méritos y valores humanos como la libertad, las aspiraciones del alma, la creatividad.
En una palabra, la palabra de Dios está en la conciencia del hombre, es decir que el hombre encuentra a Dios en su propia naturaleza, un dios a su medida, ese Dios "único" para todas las creencias que tanto hoy, heréticamente, se proclama desde Concilio Vaticano II, cuyo fundamento es considerar que el destino del hombre en el mundo, es el mundo mismo y que el fin trascendente es un medio secundario que permite comprender la conciencia inmanente del hombre.
Por tanto, en esta sociedad desacralizada que avanza hacia el paganismo solo cabe un cristianismo "nuevo" donde Dios ha muerto con Cristo.
La adoración a Cristo Rey ha ido desapareciendo hasta pasar desapercibida; ahora se predica un acomodamiento al mundo, se privilegia el "no chocar" antes que el dar testimonio.
Esto es lo que siempre buscaron los herejes, liberar la Iglesia de Dios incluyendo la des-romanización del mismo y de esta manera proclamar la muerte de la Iglesia como institución, enfocándose ésta en el consentimiento de una sociedad impía que no es otra cosa que el mundo anatematizado por Jesús, ya predicho en el Evangelio.
En esta visión "progresista" del mundo, la Iglesia ha perdido su misión sobrenatural, la ha relegado para quedarse con una función civilizadora cooperando con la búsqueda de una sociedad más equitativa y justa.
Es decir, la Iglesia se ha encarnado en el mundo dañando la verdad absoluta.
En el encuentro con Pilato, Jesús dice: "He venido para dar testimonio de la verdad". "¿Qué es la verdad?", pregunta Pilato, pero Jesús permanece en silencio, no responde porque él es la verdad, se muestra como tal.
La verdad estaba ante los ojos de Pilato.
Como católicos, no nos dejemos engañar, la verdad absoluta es Dios, su palabra heredada y contenida en el depósito de la fe a la que el mismísimo papa debe no sólo respetar sino también mantener y enseñar sin omisiones ni agregados porque la Iglesia fundada por Cristo es la depositaria de la doctrina íntegra y sin errores. No hay opciones, para Dios es "si si, no no".
Lamentablemente desde las conocidas frases "quién soy yo para juzgar" y "hagan lío", muchos ministros "progres" han ido pergeñando sutiles cambios que con una buena labia y carisma de falsa "humildad, misericordia y eutrapelia" aunque sin descartar el desparpajo de otros, han hecho mella en el alto clero y en la feligresía.
Dios es la verdad absoluta, la verdad misma y como tal ni se engaña ni puede engañar; el hijo eterno de Dios, Sabiduría encarnada, ha sido enviado al mundo para dar testimonio de la verdad.
La palabra de Dios es la verdad absoluta, es la promesa de vida y felicidad, es la promesa de consuelo en medio de las dificultades. Jesús hoy nos lo dice: "Cielo y tierra pasarán", es decir que los problemas aquí en nuestro tiempo, aunque parezcan permanentes han de pasar, no tienen la última palabra. Lo que no tiene caducidad es la promesa de vida y consolación cuando nos dice "pero mis palabras no pasarán" (Mt.24,35)
Señor director: son tantas las ansias de no dejar reinar a Cristo que es común cada día encontrarse con alguna novedad, y por cierto, ninguna que goce de veneración y humillación ante el Dios verdadero.
De hecho, en este tiempo de desacralización, decir que Dios es la verdad absoluta enerva a los demonios que pululan en el interior de la Iglesia al punto de aprovecharse del poder para engañar a los fieles, manipulando la misma verdad de Cristo.
Los católicos que defendemos la verdad heredada y contenida en la tradición apostólica, es decir, la verdadera doctrina, no nos creemos poseedores de la verdad absoluta. Es la verdad misma que toma nuestro corazón para ponernos al servicio y dar testimonio ante el mundo de esa verdad que tanto necesitamos. Sin embargo somos etiquetados de "extremistas", "fundamentalistas", "retrógrados", "nostálgicos", por el propio vicario de Cristo que con ensoberbecimiento pretende ser dueño de la verdad y tener el derecho de cambiar la doctrina; no hay duda que el relativismo ha minado las inteligencias para amoldar la verdad a conveniencia y medida del hombre.
El señor sabía que su palabra, su prédica iba a ser perseguida y borrada de la faz de la tierra. Así debía ser, estaba predestinado.
Él predijo su pasión (Mt. 16, 21-23) y también predijo la pasión de la Iglesia; predijo los falsos profetas, los judas dentro de la Iglesia predicando un Evangelio diferente, los tiempos actuales lo confirman: la Iglesia, es decir Cristo la verdadera doctrina, la verdad absoluta está siendo opacada, burlada, censurada, calumniada por personas de la Iglesia en altos niveles y también por laicos (fuera de la iglesia).
El popular diálogo ecuménico instalado como la "plenitud de la verdad" acuerda perfectamente con esta "nueva doctrina" que se predica; y si bien refiere al acercamiento de aquellos alejados de la verdadera Iglesia, no tiene como objetivo su conversión pues se los ha puesto en igualdad con los católicos.
Por lo tanto es un falso ecumenismo, arma sutil que desde dentro de la Iglesia el demonio maneja esta herejía de igualar la sana y santa doctrina de Cristo Rey con las otras creencias.
Por supuesto, que el demonio no lo dice abiertamente sino que de a poco va introduciendo la nueva doctrina herética que aprueba en que no es necesaria una conversión, con abjuración de los errores de la secta, para ingresar en la Iglesia católica.
Esto contradice la enseñanza de la doctrina tradicional: "no pertenecen a la Iglesia de Cristo las sociedades de hombres bautizados que no reconocen al Romano Pontífice por cabeza", "no puede haber más iglesias porque así como no hay más que un solo bautismo, así no hay ni puede haber más que una sola y verdadera iglesia" (Cat. Mayor de San Pío X).
Además, "La iglesia católica posee la plenitud de Cristo y no tiene que perfeccionar dicha plenitud por obra de las demás confesiones" (papa Pio XI).
(Fuente: El sentido escatológico de la desacralización).
CLARA MARÍA GONZÁLEZ
RESISTENCIA
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