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Devoción y promesas

Una multitud volvió a colmar Puerto Tirol en una jornada de fe

Peregrinos de distintos puntos del Chaco y otras provincias se convocaron ayer para participar en la tradicional celebración de Santa Rita de Casia.

El frío intenso de la mañana no alcanzó para frenar la devoción. Envuelta en camperas, mantas y ponchos, una multitud de fieles colmó este viernes las calles céntricas de Puerto Tirol para participar de la tradicional fiesta de Santa Rita de Casia, patrona de las causas imposibles.

Desde las primeras horas del día, largas filas rodearon la parroquia San José. Familias enteras llegaron para acercarse a la imagen de la santa, participar de las misas y cumplir promesas. La celebración volvió a convertirse en uno de los encuentros religiosos más convocantes de la provincia.

La peregrinación fue uno de los momentos más emotivos de la jornada. Entre cantos, aplausos y oraciones, los fieles acompañaron el recorrido con respeto y emoción, mientras otros aguardaban pacientemente para ingresar al templo. Los pedidos por salud, trabajo, paz y unión familiar fueron los más repetidos.

Muchos llegaron desde distintos puntos del país. Una mujer proveniente de Santa Fe capital contó que viaja todos los años desde niña para agradecer a la santa. "Mi mamá me traía de chica y después seguí yo con la tradición. Vengo a agradecer y a pedir por la salud de todos y por una Argentina mejor", expresó mientras sostenía una antigua imagen de Santa Rita.

La devota recordó además que atravesó un grave problema de salud y atribuyó su recuperación a la fe. "Tuve un caso terminal y salí adelante. Hasta acá estoy, sigo adelante con mucha fe", relató emocionada.

También hubo peregrinos llegados desde localidades chaqueñas como Cote Lai y Sáenz Peña. Un hombre que arribó en tren aseguró que hace más de veinte años participa en la festividad. "Santa Rita me ayudó en muchas cosas de mi vida. Vengo principalmente a agradecer", señaló.

Otra mujer, llegada desde Sáenz Peña junto con su familia, contó que regresa cada año luego de que se cumpliera una promesa vinculada a la salud de su marido. "Pedimos mucho por él cuando estaba muy mal y hoy venimos a agradecer", dijo.

La celebración no solo tuvo expresiones de fe. En los alrededores de la plaza y la iglesia también se vivió un importante movimiento comunitario. Integrantes de la parroquia y grupos de catequesis repartieron mate cocido y pan a los peregrinos que llegaban desde temprano. "Es una alegría ayudar a la gente que viene y quizás no desayunó", comentaron jóvenes voluntarios mientras recorrían la fila de fieles.

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