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CARTAS DE LECTORES

DÍA DEL NIÑO POR NACER

Amar la vida es cuidarla

Señor director de NORTE: 

Se puede afirmar que, en estos momentos, gran parte de la sociedad experimenta angustia por una crisis que presenta diversos aspectos: ¿es una crisis solamente económica, producto de la inflación desmedida?, ¿acaso es una respuesta aceptable decir que hay otros países en crisis? 

Porque no todos la viven del mismo modo. Ciertos lugares de esparcimiento siempre están colmados ¿sólo se da este hecho porque la gente quiere gastar el dinero que se desvaloriza? Son respuestas demasiado simples. 

  La crisis afecta a la sociedad porque va mucho más allá de lo económico, si bien en gran medida es causa de determinadas conductas. 

La violencia es una de las causas principales de la emigración actual, el temor y el terror a padecerla, la muerte de tantos jóvenes y ancianos en particular, la violencia mediática, la cultura de la cancelación que incide sobre la libertad de expresarse, las estafas permanentes de todo tipo que se apropian del fruto del trabajo de otros. Sin hablar de la corrupción que atraviesa la función pública, los impuestos y los costos de los servicios (deficientes en gran medida) que inciden en todas las familias, la arbitrariedad en el manejo de los fondos públicos, o sea "de todos", etc.

 Amar la vida no es un simple sentimiento, sino más bien una actitud personal que, como tal, integra todas las dimensiones humanas: las convicciones, las acciones, las emociones, o sea, lo que pensamos, queremos, nos proponemos, y cómo nos relacionamos, sobre todo. "Pregonar es fácil, realizar es difícil" señala un filósofo argentino.

 Por eso, en el Día del Niño por Nacer, del ser humano viniente, que ya está allí pero aún no llega a los brazos, recordamos que si no se es capaz de cuidar al débil y vulnerable, al que necesita del mayor cuidado, al que depende de otros para poder crecer, compartir y realizarse, nuestra sociedad pierde, pierde mucho más que cualquier bienestar económico que pueda alcanzar. 


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Porque lo que se pierde es la misma humanidad, esa palabra que indica la capacidad de reconocer al otro como alguien que debe ser mirado con respeto, consideración y amabilidad, y sobre todo con empatía.

  La empatía como capacidad de comprender lo que el otro siente, alegría o pena, bienestar o dolor, no se reduce a los sentimientos aunque los incluya, es un tipo de mirada que conduce al cuidado del otro. 

Ya no podemos negar la presencia del ser humano por nacer como un ser vivo, humano, que está creciendo en la espera de la acogida. 

Cuidar es justamente acoger, recibir, encontrar modos de protección del otro. 

No se puede seguir justificando la eliminación de ese ser humano  sin reconocer que es un modo de violencia, de sufrimiento que incide en dos seres vulnerables: el que nada puede hacer y la que no puede o no quiere acoger. 

Sin olvidar a los que obligan o a los profesionales de la salud que intervienen en contra del fin mismo de su profesión.

 Es posible amar y cuidar, es posible quizás permitir que los niños sean colocados en Cajas de Acogida como en otros países, con anonimato de las madres. 

Es posible también difundir el trabajo de las organizaciones que ayudan sin que sean perseguidas. 

Se esgrimen muchas razones para evitar nacimientos, pero son muchas más las razones que invitan a respetar, amar y cuidar. 

MARÍA ELENA RADICI

RESISTENCIA

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Hace 47 años…

Señor director de NORTE:

Un 24 de marzo, hace 47 años estaba preparando para hacer la mudanza desde el centro de la ciudad a un barrio lejos -así le decían-, cerca del hospital y a pocas cuadras de la vía.

La casa en la que habitarían era antigua de puertas y ventanas altas, el tren pasaba por las vías a la estación de ferrocarril a pocas cuadras, por eso le llamaban "el barrio de los ferroviarios". 

No había pavimento, la primera avenida cercana solo tenía una mano.

También se identificaba por ser una zona de pensiones de estudiantes ya que la Universidad estaba cerca.

Aída había distribuido sus pocos muebles y la cama cucheta de sus hijos en esa pequeña vivienda.

Al día siguiente ese 24 de marzo se levantó para ir a trabajar, debía pagar una boleta de la luz y en la caja le dijeron: "Hubo un golpe de Estado, no ande sin su documento". Fue a buscarlos y se dirigió a la Casa de Gobierno, donde hasta ese momento realizaba sus tareas. 

Al llegar a la esquina de Mitre y Alvear se vio sorprendida por un grupo de soldados, fusil en mano, que le hicieron seña para que se detenga. 

Ella con su mano derecha mostró su documento, explicó el motivo, y el soldado -un jovencito veinteañero- accedió a acompañarla por las escaleras hasta el tercer piso. 

Retumbaba el sonido de las botas. Y al llegar se encontró con su oficina vacía.

Sin saberlo, viviría una etapa importante de la historia argentina que cambiaría la cara y el perfil de su barrio.

El tren dejó de funcionar, ya no se escuchaba el pitido de la locomotora. Las pensiones de estudiantes se transformaron en monoblock.

Las casas en fideicomiso, las casas lindas, portones ciegos al estilo búnker.

47 años después quedan dos o tres familias de antaño. Al quiosco de Doña Coca lo atiende su hijo, resistieron los jacarandás, un árbol de mango y, tímidamente, lucen dos carteles, uno del  zapatero y el otro de una modista.

MÓNICA PERSOGLIA

RESISTENCIA 

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Identidad de la fe católica: estamos a prueba en nuestro propio desierto
 
Señor director de NORTE:
La Iglesia vive tiempos de tribulación, los falsos profetas, es decir los Judas, se muestran airosos predicando un Evangelio diferente con el único objeto de destruir la sana y verdadera doctrina. 
El reverendo padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa nos dice:
"Queridos hermanos, seguro que muchos de ustedes se sienten preocupados por la situación de la Iglesia y de sus pastores. No pocos son también los sacerdotes que sufren con dolor la situación del camino que ha emprendido la Iglesia, o mejor, los "frutos" que se están recogiendo después de tantos años de continua destrucción de la sagrada liturgia y dominio de la permisividad moral y arbitrariedad teológica.

Podemos decir que la Iglesia se derrumba desde sus cimientos. ¿Será acaso necesario que el derrumbe sea total para que el Señor la vuelva a levantar? ¿No es necesario en muchas ocasiones derribar la casa en ruinas para volverla a edificar sólidamente? 

Antes de la Resurrección, fue necesario que nuestro Señor padeciera la amarga pasión y muriera crucificado. ¿No vive la Iglesia su propia Pasión?

Muchos son tentados, fieles y sacerdotes, fuertemente tentados. Se preguntan: ¿Dónde está la verdad? ¿dónde está lo que la Iglesia ha enseñado hasta ahora?, ¿dónde la enseñanza de los santos padres?, ¿dónde la enseñanza tradicional católica? 

Muchos se hacen la pregunta de dónde está su propia identidad católica. Seremos tentados. No podemos sentirnos fuertes. Nuestra fortaleza está en suplicarle al Señor, en suplicarle constantemente que no nos deje caer en tentación. Nada somos sin el Señor. Nos hundimos sin él. La Iglesia se hunde porque la gobierna el hombre, que piensa y actúa como el mundo, para agradar al  mundo, para contentar al mundo.

En este momento de confusión doctrinal y de identidad de la fe católica, la tentación del diablo se alza con gran fuerza y virulencia, y muchos caen en ella, en la falta de fe, en el desaliento y frustración de sus propias vidas. Muchos dudan, o dudarán, de lo que creen y han creído hasta ahora.  Nuestra fortaleza se pone a prueba. Nuestra debilidad humana se manifiesta. Se pone a prueba nuestra solidez sacerdotal, comprobamos que aún queda mucho de hombre en nosotros, la prueba va a ser larga. Hasta que nuestra alma no descanse en el Señor por completo y seamos otros Cristo, la tentación nos acecha y el peligro es constante. 

El Señor se retiró al desierto sufriendo las tentaciones del diablo, así también en esta situación eclesial que vivimos los sacerdotes, estamos como el Señor, en nuestro propio "desierto", estamos a prueba.

Muchos sacerdotes pensarán si ha valido la pena su sacerdocio, sus renuncias y sacrificios; si ha valido la pena tanto esfuerzo. ¿Cuántos días vendrán hasta que el sacerdote desee ser "hombre", y no otro Cristo, y entonces querrá lanzarse al mundo, a ese mismo mundo que domina por doquier en la propia Iglesia?

Solo hay un camino para vencer en el propio "desierto" de cada uno, la oración, sacrificio y los sacramentos. No existe para nadie la vía fácil, no existe el camino fácil. Sólo existe el camino del sacrificio y de la propia cruz personal. El Señor nos lo enseñó él primero. Pudo haber rehusado la cruz y coronarse rey pero no lo hizo, fue a la cruz, como hemos de ir todos si queremos salvar nuestra alma. 

Existe la tentación del camino fácil, es lo que se nos muestra hoy en día en la Iglesia. ¡Qué enseñanza tan opuesta a la verdad divina! Mientras unos se alegran, cayendo en la tentación de la relajación, otros se aturden en medio de la confusión y el error. Todo tiempo de tribulación es tiempo de prueba para nuestra fe. El Señor lo espera todo de nosotros, espera que cumplamos cada día con nuestra obligación. Espera de sus sacerdotes que cumplan con lo que cada día él nos manda. 

Para cumplir lo que quiere el Señor que hagamos hemos de estar preparados para las pruebas, a las que estamos y estaremos sometidos por parte del demonio; este es un tiempo propicio para él. El Señor no deja de instruirnos también en tiempo de tribulación, quiere que nos salvemos, y con nosotros que se salven muchas almas. Aún cuanto podamos ver cosas peores en la Iglesia por parte de nuestros pastores, el Señor nos insta a la salvación de nuestra alma y la de todas las almas que podamos llevar con nosotros. ¿Qué hacer en los momentos de tribulación, de duda? ¿Qué hacer cuando nuestra fe se debilite y nos aboque a la tentación? El Señor contesta:

"Arrodíllate y besa el suelo y yo vendré en tu ayuda". Ave María Purísima.

CLARA MARÍA GONZÁLEZ

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