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CARTAS DE LECTORES

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Niños por nacer

Señor director de NORTE:

   El 25 de marzo en Argentina se celebra el Día del Niño por Nacer, según decreto 1406/98, para recordar que el derecho a la vida comienza antes de nacer. La biología ofrece datos contundentes acerca del comienzo de la vida humana, y en especial la genética, lo cual ha sido documentado por nano-cámaras de Geographic Channel que han filmado el proceso de formación y desarrollo de la vida humana antes del nacimiento. Aunque algunos especialistas del campo de la biología, tratando de no ser excluidos de las comunidades ideologizadas afirman que "no se sabe cuándo comienza la vida humana" y se sumergen en disquisiciones filosóficas o sociológicas saltando fuera de su ámbito, se trata de datos científicos: el ADN se constituye en la fecundación, momento de unión de los 23 cromosomas del espermatozoide con los 23 cromosomas del óvulo, momento en que comienza a existir un nuevo ser humano. Y aunque haya casos genéticos en que hay un cromosoma más o uno menos, lo importante es que ese ADN es humano.

   La ley de aborto, llamada de ILE y de IVE, ampliamente rechazada por los ciudadanos argentinos en un elevado porcentaje, pero sostenida por algunos grupos y en gran parte financiados por la internacional del aborto, fue aprobada por los legisladores sin atender las fuertes y contundentes razones expuestas por quienes reconocen la vida humana y el derecho a la misma, antes y después de nacer.

  El derecho a la vida prenatal es ampliamente reconocido por la Constitución argentina los Tratados internacionales a los que adhiere, entre los que está el Pacto de San José de Costa Rica, el Código Civil y Comercial de la Nación, etc. (Remito a nota del 4/8/2018 presentada por profesionales y auxiliares del derecho remarcando estos aspectos, así como muchas otras publicadas en Norte). "Niño es todo ser humano desde la concepción" se remarca, "la existencia de la persona humana comienza en la concepción", etc. La Academia Nacional de Medicina ha reafirmado este dato en contra de toda confusión: la vida humana comienza en la concepción/fecundación.

   Los 245.000 abortos realizados oficialmente desde la legalización, sin contar los abortos por pastillas, legales o despenalizados aunque, aclaremos, claramente inmorales porque avalan la destrucción de seres humanos, forman parte de una política que se inscribe en un control poblacional sin sentido. Un país despoblado necesita ciudadanos activos, que construyan el futuro, no destinar miles de millones del presupuesto a eliminarlos por anticipado. La reducción de la natalidad es sorprendente, y la ignorancia y desatención a las embarazadas vulnerables, incomprensible. Se les niega información fundamental como las posibilidades de recibir ayuda de grupos que lo prestan y de leyes que las protegen, porque no importan las consecuencias sobre su vida, además de ocultar las muertes por aborto legal y por pastillas abortivas. 

   Las falsas justificaciones que se utilizan para el aborto como derecho a la privacidad, o sobre el propio cuerpo, o salud, o libertad, muestran su debilidad e irracionalidad. Ningún derecho a la intimidad permite violar, abusar o maltratar, menos destruir vidas humanas. Ningún derecho sobre el propio cuerpo indica que se pueda quitar el derecho a la vida de otro ser humano, formándose en un proceso que implica estar completo a los tres meses. Cuando se les hace escuchar el latido del corazón (21 días) y se les muestra la ecografía, la mayoría de las mujeres deciden no abortar, por eso se restringe  esa información. Tampoco un embarazo es una enfermedad, y si estuviera en peligro la vida de la madre, existen consideraciones médicas para la toma de decisiones. Asimismo, no existe libertad sin límites, de lo contrario estaríamos en un estado pre- social, en que prevalece el más fuerte sobre el más débil, sin normas que nos protejan.

   La sociedad de consumo también consume prácticas que pretenden garantizar bienestar a costa de otros, ocultando el síndrome post-aborto, los traumas que se generan ante decisiones que se inscriben en el cuerpo, en lo emocional y en una conciencia (y en el inconsciente) que no olvida. Reconocer esta realidad ha llevado a muchas personas a ofrecer ayuda a las mujeres sufrientes por el aborto.

   Cada vida humana es única, singular, irrepetible y como sociedad debemos madurar en asumir responsablemente el respeto a la misma. Todos fuimos niños por nacer, y recibimos la consideración, el reconocimiento y el respeto por el cual hoy estamos aquí, y ésta es suficiente razón para no negar a otros lo que hemos recibido.

 MARÍA ELENA RADICI

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