Si estuviéramos hechos de palabras
Señor director de NORTE:
Si por un momento dejáramos que la imaginación poética nos llevara a pensarnos como hechos de palabras, la primera palabra que recorrería nuestro ser sería "vida".
La vida sin la cual no somos, la que es crecimiento, riqueza, singularidad, complejidad, creatividad, la vida que se expande desde el inicio de nuestra corporeidad y conforma todo lo que somos, la que penetra el ADN y los mecanismos de crecimiento para ir conformando nuestros órganos: corazón, cerebro, pulmones, estómago, nuestros huesos, miembros, extremidades, nuestra figura total, nuestro rostro único.
Una palabra que señala lo que no puede ser definido, solo mostrado en sus manifestaciones, en sus relaciones, desde la relación primordial con la mujer-madre.
Y la siguiente palabra sería amor, que se une a vida, el amor a la vida, que conduce a cuidarla, protegerla en su vulnerabilidad, hacerse responsable por su crecimiento y desarrollo.
Porque no hay vida sin amor a la vida, la de cada uno, la de todos, la de cada uno por todos. Sin embargo, no sería tan importante la palabra perfección, porque es posible que no se la interprete en su justa dimensión y en su profundo significado, ya que la perfección de la vida incluye lo imperfecto, no se adhiere a los criterios que excluyen las diferencias de cromosomas o la suma de neuronas, o de miembros del ser humano.
Quizás la siguiente palabra debería ser alegría, sueños, proyectos, y junto con ella compasión, solidaridad, encuentro, amistad.
Las palabras que sostienen, que imaginamos como mano extendida, como sonrisa brindada, hasta como un emoji que señala "aquí estoy a tu lado".
Pero frente a la violencia de una sociedad que olvida que somos vida, vida humana, traspasada de dignidad intrínseca, volveríamos a mirarnos como impregnados de la palabra justicia, justicia como respeto, a la vida, y al que se compromete con la vida, para recordar que no se puede reclamar y defender leyes que avalan la eliminación de la vida sea por nacer, sea por finalizar.
Por eso, justicia como respeto indica que palabras como violaciones, aborto, eutanasia, asesinatos, guerras, discriminación, y tantas otras no nos conforman, nos destruyen, nos fragmentan, no nos dejan ser.
Pensarnos y experimentarnos como hechos de palabras quizás pueda cambiar el miedo, la angustia y el desánimo por la fuerza creativa de la vida, la que vivimos con los demás en la aceptación y la ayuda mutua, para que la sociedad también esté impregnada de la palabra vida, amor y respeto por la vida humana única, inexplicable, llena de sorpresas y futuro.
La filosofía ha indagado desde siempre la función de las palabras, del lenguaje en la vida humana, y son numerosos los filósofos que se dedicaron específicamente a este tema.
Así como los sociólogos y todos los especialistas de ámbitos relacionados con las palabras y el lenguaje, pero no se trata en esta carta de discutir teorías, sino de imaginarnos conformados con palabras que nos hacen ser verdaderamente humanos, en particular en el Día del Niño por nacer.
MARÍA ELENA RADICI
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