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Carta de lectores

El valor de la vida humana

Señor director de NORTE:

Los acontecimientos trágicos ocurridos en Bahía Blanca, y sobre todo la búsqueda de dos pequeñas, así como de Loan y Lian en otras circunstancias, nos muestran cuánto valoramos la vida humana, y cuánto repercute en nosotros saber que se pierden, sea por eventos climáticos o por acciones de terceros con fines de trata u otros fines inmorales. 

Cuando se habla de vulnerabilidad, concepto que es muy amplio y se interpreta ligado a diferentes situaciones, hay que recordar que, si bien hay vulnerabilidades o fragilidades propias de los seres humanos, otras se dan ligadas a la edad. Antes y después de nacer somos especialmente vulnerables, porque es una característica nuestra la necesidad de un largo proceso para desarrollarnos y madurar tanto a nivel biológico como psicológico y también consciente, lo cual exige especiales cuidados. Sin mencionar que el desarrollo de la autonomía, es decir la libertad reflexiva unida a la responsabilidad, se puede alcanzar solo mediante el reconocimiento, el respeto y la educación.

El problema al que nos enfrentamos a nivel social, nacional y sobre todo global es la deshumanización en los modos de entender el valor de la vida o la negación de este valor, es decir, el desarrollo de prácticas que la vulneran de múltiples formas. Se pueden mencionar las guerras, las que están en los medios de comunicación masivos y las que desconocemos, las matanzas que continúan en Siria con más de 1800 asesinados por cuestiones religiosas o de etnia o de ideología, por no mencionar la política, así como las víctimas de la prostitución sobre todo infantil, aunque no solo ellos, que está unida a las drogas y a enfermedades de transmisión sexual. Y las drogas mismas, que van destruyendo vidas valiosas y que inciden en el cuidado de las madres y padres por sus hijos, ya sean pequeños o grandes. Además de la violencia cotidiana, la de las calles, la del que roba y mata y la del que maneja a exceso o alcoholizado y también mata.

Sin embargo, la indiferencia, el mirar para otro lado, es considerado una actitud válida para muchos, mientras no estén en ese lugar, mientras les pase a otros y eso no lo afecte, mientras sean decisiones ajenas, y están convencidos de que no se han deshumanizado por pensar y actuar de este modo. 

El valor de la vida humana, la nuda vida, es decir la vida misma tiene que ser reafirmado si queremos una sociedad y un mundo humanizados. Comenzando por el respeto al ser humano antes de nacer. 

El 25 se celebra el Día del Niño por nacer, se celebra porque cada niño es una esperanza, la de un futuro para él y para todos, si reconocemos la pertenencia a una misma trama, comunitaria, nacional y global. El rechazo de la vida humana y su eliminación, en especial a través del aborto en sus múltiples formas, constituye una violencia, asociada en muchos casos al ocultamiento de la información y la ausencia de escucha atenta para con la mujer (o el varón/pareja) que pide el aborto. No informar las leyes que la protegen y ayudan, no informar acerca de las consecuencias, no realizar una ecografía o permitirles verlas, perseguir a los médicos objetores de conciencia son decisiones que van en una sola dirección: las políticas antinatalistas que se difunden e imponen a nivel global hace más de sesenta años.

¿Seguirán repitiendo que es cuestión de autonomía? ¿De qué autonomía? La angustia, las situaciones de precariedad y pobreza o, en otros casos, la consideración de que el ser humano por venir molesta, sobra, me impide la buena vida, la vida profesional, el éxito en sus diversas formas, inciden en las decisiones e impiden mirar, ver, la importancia de la vida y el futuro del otro.

La responsabilidad como tal se asocia muchas veces a la carga, al peso, y así debe ser, pero esa carga se puede llevar en tanto hay lazos y manos que se tienden, entre ellas las de los médicos, responsables de ayudar a pensar, de informar, de mostrar ese ser humano que vive en la madre, para no traicionar el fin que da sentido a su profesión: el cuidado de la vida humana. Y para no convertirse en meros instrumentos de políticas ocultas que solo buscan la reducción poblacional sin importar los medios.

La vida humana no pierde su valor, el ser humano no pierde su dignidad, aunque algunos no quieran reconocerla. Nos corresponde pensar el papel que tenemos en el cuidado de la vida humana, en especial antes de nacer.

MARÍA ELENA RADICI

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