Hostigamiento en el ámbito escolar: un síntoma más de la degradación
El maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares primarios y secundarios, también conocido como "bullying", es una dolorosa realidad en todas las escuelas de nuestro país. 
Según la ONG internacional Bullying Sin Fronteras, los casos de maltrato en las escuelas se han duplicado en el 2021 y en 2022 no hay razones para pensar que las cifras vayan a ser mejores.

La violencia entre pares en el ámbito escolar, no sólo afecta el rendimiento académico de la víctima, sino que sus efectos dañosos se proyectan a la esfera psicológica y familiar. El algún caso estos efectos devienen crónicos e irreversibles.
FENÓMENO SOCIAL
Es necesario precisar que el bullying es un fenómeno social y no individual, aunque, obviamente quienes lo practican son individuos que responden a un aprendizaje, a un proceso de socialización que naturaliza la transgresión y la agresión como una forma de vincularse con los otros. Los niños y niñas de nuestra ciudad están expuestos a un constante bombardeo de señales explícitas y otras difusas, que van en el sentido de convalidar la fuerza y el atropello como una manera de posicionarse en la vida.
La complacencia social con diversas formas de violencia convivencial, penetran los límites de la escuela, pero también del club, la familia, las redes sociales y el grupo de amigos. ¿Pensamos acaso que los niños están blindados o inmunizados ante el triste espectáculo de las calles cortadas, las plazas tomadas, la corrupción generalizada y la ausencia de un futuro cierto?
En un país cambalache, por tomar el profético tango de Discepolo, los niños y niñas transitan sus infancias en un verdadero caos de valores, creencias y principios, que les dificulta identificar qué es correcto y que no lo es. Así el acosador cree que es broma, y la víctima llega a convencerse que se lo merece.
AFRONTAR EL ACOSO EN LAS ESCUELAS
En sentido común indica que lo primero es la prevención, es decir, la anticipación a la posibilidad de que el acoso se produzca. Para ello debemos formar y desarrollar en nuestros hijos y alumnos las habilidades sociales y emocionales para gestionar los conflictos de manera sana, para convivir y enriquecerse de la diversidad y, sobre todo, para desarrollar una cultura del cuidado.
El segundo aspecto a considerar es la observación. La mirada atenta, que no es lo mismo que una mirada vigilante desde un atalaya, escrutadora e intimidante. La mirada atenta no es vigilancia policíaca, sino entendimiento, reconocimiento y disposición para actuar cuando es necesario y oportuno.
El tercer nivel de abordaje tiene que ver con las intervenciones. Deben ser inmediatas e integrales. Al acosado se le debe brindar protección y escucha, y al acosador un espacio de diálogo para descubrir los motivos que lo condujeron a esa situación. Desde luego, la inclusión de las familias es fundamental para que las intervenciones sean exitosas.
MITOS Y VERDADES
Algunas creencias erróneas funcionan como factores de encubrimiento y de mantenimiento del acoso en las escuelas. Una de ellas es que las burlas, las chanzas, los golpes y el robo de objetos personales, los memes y las publicaciones en redes sociales injuriosas, son cosa de niños y de los jóvenes, y forman parte de su desarrollo normal. Falso: el maltrato no forma parte del desarrollo y puede tener graves consecuencias a corto y largo plazo.
Algunos padres, sobre todo de niños varones, sostienen que aprender a aguantar es parte de forjar el carácter. Según esta visión sufrir acoso ayuda al niño a hacerse más fuerte, a aguantar el dolor, a templar un carácter masculino y hacerse duro. Argumentan, que como padres no pueden salvarlos de todo y tienen que aprender a defenderse solos. Falso: el maltrato no fortalece a nadie, a lo sumo convertirá a ese niño en una persona cruel e insensible al dolor de los otros o, por el contrario, lo convertirá en un adulto inseguro y resentido.
Un tercer mito plantea que sólo los varones son capaces de acosar porque son mas proclives a la agresión física y la competencia por la fuerza. Las niñas, en cambio, tendrían una inclinación ‘natural’ hacia la ternura y el cuidado, ‘por algo después se convierten en madres’. Falso: los niños y las niñas acosan por igual, y en algunos casos las niñas superan a los niños en ferocidad, persistencia y alcance del acoso.
Un cuarto mito que opera como justificador de la conducta violenta es que sostiene que algunas personas se lo merecen. Ya sea porque son raros, tienen gustos extraños, porque no se imponen o porque no saben defenderse en un mundo difícil. En fin, la víctima es culpable porque atrae, estimula y provoca la agresión de la cual es víctima. Falso: nadie, por ninguna razón, merece ser maltratado. Acosar a una persona por su apariencia o forma de pensar está esencial e irremediablemente mal. Es moralmente incorrecto, injusto y cruel. Los maltratadores y sus cómplices, suelen nutrirse de estos mitos para apuntalar sus conductas y verse a si mismos como sujetos socialmente aceptables… Y los aceptamos.
CONSECUENCIAS
El acoso en la escuela puede tener un abanico de consecuencias para la víctima en distintas esferas de su funcionamiento vital. Por un lado, puede deteriorar gravemente su autoestima llegando el niño a odiarse a sí mismo. No pocas veces este sentimiento de auto rechazo, se traduce en cortes y lesiones físicas auto inflingidas.
Una segunda esfera de afectación es la caída del rendimiento académico. El fracaso escolar se convierte en un nuevo motivo para la auto depreciación, la depresión y la ruina psíquica. Son frecuentes en los niños y niñas acosados que desarrollen trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia), trastornos en los hábitos alimentarios (sobre todo si el bullying refiere a su apariencia física). Los síntomas psicosomáticos (migrañas, cólicos, etc.) también son consecuencia del estrés.
No es infrecuente que el adolescente acosado recurra al consumo de sustancias psicoactivas o alcohol como un mecanismo de evasión y/o como una forma de tomar coraje, para desinhibirse y desembarazarse del oprobioso lugar en el que es situado por el/los acosadores (‘el tonto/a’, ‘el gordo/a’, ‘el/la pobre’, ‘el/la negra’, etc.)
A largo plazo, ya en la vida adulta, encontramos que la persona puede desarrollar cuadros depresivos o distímicos, ataques de pánico, y una visión general de si mismo teñida de una valoración negativa.
CULTURA DEL CUIDADO
Debemos contraponer a la cultura del atropello y la violencia, que todos los días nos asfixia y aflige, una cultura del cuidado. Cuidar es preservar, respetar, ocuparse, dar, confiar y colaborar. Una cultura que se edifica a partir de la responsabilidad, la honestidad y la justicia. No se trata de encandilarnos con la visión de una sociedad idílica de imposible realización; se trata, simplemente, de que reconozcamos que el bullying y la violencia entre niñas y niños es un síntoma más de la ruina moral, más grave que la económica, por la que transita nuestra sociedad.
(El autor es psicólogo, especialista en Psicología Forense, profesor titular Psicología Social en UCES)
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