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Sergio Schneider

Columnista

Lección de inicio de clases

Sobre el final de la semana, el gobierno provincial anotó un logro importante: el inicio del nuevo ciclo lectivo con la casi totalidad de los gremios docentes decididos a dar clases.

La excepción, como en 2021, vuelve a ser Federación Sitech. Pero es la única entidad que decidió convocar a una medida de fuerza, dentro de un universo conformado por casi una veintena de sindicatos de maestros.

Alguien podría discutir si realmente se trata de algo para festejar. Al fin de cuentas, el desarrollo normal de las actividades escolares debería ser la norma. Pero para la realidad del país, y para la del Chaco en particular, no se puede negar que es una buena noticia.

Desde hace por lo menos treinta años las huelgas docentes fueron un clásico en el comienzo de la gran mayoría de esos calendarios del sistema educativo provincial. Los arranques sin conflictos fueron excepcionales.

Pero lo peor es que las protestas gremiales promoviendo el no dictado de clases no se convirtieron en un hábito que afectaba únicamente al tramo inicial de los ciclos lectivos, sino que en el resto de cada año las medidas de fuerza se volvieron abundantes y generalmente contundentes. El resultado: períodos educativos que culminaban con una regularidad apenas simbólica, a veces con la fantasía de que una acumulación de semanas enteras –a veces meses- sin enseñanza formal se compensaba con un manojo de actividades adicionales que en verdad no reparaban el inmenso daño sufrido por los estudiantes.

No fue un tema solo de cantidad. Los paros, el deterioro social y otros factores también impactaron de lleno en la calidad. Los alumnos egresan hoy del colegio primario y del secundario con un nivel de conocimientos notoriamente inferior al de décadas atrás. Con el agravante de que ello sucede en un contexto en el cual carecer de una formación adecuada es casi una condena a la precariedad económica perpetua.

OTRO CLIMA

La negociación de este año entre el gobierno y los gremios no fue tan áspera como la de 2021 ni ocasiones anteriores, pero tuvo lo suyo. La ventaja para la administración de Jorge Capitanich fue que esta vez los encargados de llevar adelante el diálogo con los sindicatos –los ministros Santiago Pérez Pons y Aldo Lineras, titulares de Economía y Educación, respectivamente- pudieron exhibir que durante el ‘21 hubo un cumplimiento fiel de lo pactado el verano pasado.

A diferencia de lo ocurrido doce meses atrás, cuando el incumplimiento en 2020 de la clásula gatillo (que garantiza un incremento adicional en caso de que la inflación supere a la mejora acordada para todo el período) hacía que nadie creyera demasiado en los compromisos que el gobierno ofrecía firmar.

El respeto durante 2021 de lo acordado para ese año, además, permitió que los salarios del sistema educativo tuvieran una recuperación real importante, con 26 puntos porcentuales por encima de la inflación del año, que fue del 50,9%. Un resultado que pocas actividades pudieron alcanzar.

Como era de esperar, el comienzo de las negociaciones desembocó en un desacuerdo que a esta altura de la historia ya está más cantado que el "Despacito" de Luis Fonsi. Los gremios saben que tienen que ponerse duros y no aceptar el primer ofrecimiento, y el gobierno sabe que no debe quemar en esa propuesta sus verdaderas posibilidades financieras. Recién a la segunda o tercera ronda muestra sus cartas más fuertes, que conoce desde enero, y recién allí los sindicatos asumen que hay que tomarlas o dejarlas porque no habrá una oferta mejor.

Este año ese juego se desarrolló con un primer capítulo en el que Pérez Pons y Lineras propusieron una recomposición del 40% para todo el año más una cláusula "de revisión" que en junio y diciembre reabriera la discusión para ver cómo le estaba yendo a la evolución salarial en su carrera contra la inflación. Los gremios, de inmediato, dijeron que no: reclamaron una pauta mayor y la reaparición de la cláusula gatillo, hasta allí ausente.

El gobierno, que la había guardado para el partido final, la puso sobre la mesa en la reunión definitoria del lunes pasado, mejorando también el ofrecimiento de pauta anual (la subió al 42%, con un primer escalón del 15% a partir de los sueldos de marzo). Aunque todos los dirigentes presentes condicionaron sus respuestas a las consultas con sus afiliados, el clima anticipaba un entendimiento.

En los días siguientes, con distintas modalidades, las entidades bajaron el tema a sus bases. "La gran mayoría estuvo de acuerdo con aceptar la propuesta, con la condición de no aceptar ningún paso hacia atrás y de que se mantenga el criterio de ir recuperando todo lo que perdimos en años anteriores sobre todo entre 2017 y 2018", decía ayer una figura que formó parte de la mesa de diálogo.

La excepción, como se mencionó antes, fue Federación Sitech, el gremio que conduce Eduardo Mijno. De alguna manera ya había adelantado su rechazo el mismo lunes. Para el gobierno y para varios de los demás referentes gremiales, su postura intransigente tiene que ver con una proximidad muy fuerte con las estrategias políticas de la UCR y con una interna sindical que le costó desprendimientos de su estructura en varias localidades.

Él lo basa en que el esquema oficial no permite recuperar los salarios a valores acordes con el costo de vida actual. Por eso su reclamo pasaba por una recomposición del 70%, que es la pérdida de poder adquisitivo que adjudica a las gestiones peronistas hilvanadas desde 2007 hasta aquí.

IDEALES Y POSIBLES

El escritor japonés Haruki Murakami es autor de una reflexión muy difundida, que expresa: "A veces, cuando observamos las cosas al cabo de un tiempo o desde una perspectiva un poco diferente, algo que creíamos absurdamente esplendoroso y absoluto, algo por lo que hubiéramos renunciado a todo para conseguirlo, se vuelve sorprendentemente desvaído. Y entonces te preguntas qué demonios veían tus ojos".

Esas palabras tienen alguna conexión con la discusión chaqueña por los salarios de los maestros y las expectativas de un ciclo lectivo sin clases perdidas. Lo que Murakami describe tan sabiamente no se aplica solamente a lo que nos parecía esplendoroso. También a lo que simplemente veíamos como lo normal y básicamente merecido, hasta que el goteo cotidiano de las circunstancias nos hace quitarle su calidad de irrenunciable. Es, de alguna manera, renunciar a lo ideal para aferrarse a lo posible. ¿Es lo mismo que la resignación? Difícil de responder.

Lo que se puede rescatar del desenlace de este diálogo entre la administración actual y los sindicatos que aceptaron comenzar las clases es que ambos, a su manera, hicieron un esfuerzo que desde hace muchísimo tiempo vemos demasiado poco: el de entenderse. El gobierno estiró su esfuerzo fiscal (volcó 37.500 millones de pesos en las recomposiciones de 2021, aplicará 61.400 millones en 2022 con las pautas acordadas hasta aquí).

La participación de la masa docente en el total del gasto salarial provincial volverá a crecer (subirá al 38,2% este año). El salario mínimo docente, que en marzo de 2021 era en el Chaco de $23.600 (cuando a nivel nacional era de $27.500), será en marzo de 2022 de $52.080 (50.000 en el orden nacional). Y el salario real de los maestros crecería este año otro 9% por encima de la inflación, si se cumplen las proyecciones oficiales sobre costo de vida.

Los dirigentes gremiales, a su vez, asumieron que era mejor decir que sí y mantener el camino de la recuperación real de los ingresos de sus representados, que entrar en el juego de quién es el más rudo de la cuadra a costa de frustrar las expectativas de cientos de miles de chicos y sus familias.

No es una posición cómoda para ellos, pero optaron por lo razonable y posible, pese a que una gran franja de docentes está por debajo de los 80.000 pesos que se calcula cuesta hoy cubrir los gastos mensuales básicos de un hogar.

Si unos y otros demostraron que es posible ceder y poner sobre la mesa no solo el interés sectorial sino también el de toda una sociedad que viene perdiendo calidad de vida desde hace medio siglo, ¿no valdría la pena aprender la lección y aplicar la fórmula para tantas asignaturas pendientes que marcan a diario la vida de los chaqueños?

Y sería de agradecer, también, una buena dosis de humildad. La que observa y escucha es una sociedad castigada que necesita mucho más para volver a remontar sus sueños. Conviene no confundir el punto de partida con la llegada