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Con menos bosques habrá más inundaciones y enfermedades

Según Greenpeace, la Argentina está entre los diez países del mundo donde más superficie boscosa se destruyó en los últimos 30 años.

El 80 por ciento de esa deforestación, advierte la organización, se concentra en solo cuatro provincias: Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa. También observa que el deterioro ambiental aumenta las probabilidades de que la región sufra más inundaciones y enfermedades.

En lo que respecta al Chaco, la organización ambientalista asegura que mediante la
realización de sobrevuelos de zonas afectadas por la tala ilegal y luego de un trabajo comparativo de imágenes satelitales logró detectar la deforestación de al menos
10.329 hectáreas en la provincia, a pesar del fallo de la Justicia provincial que ordenó
suspender los desmontes en noviembre pasado. A nivel regional, en tanto, estima que
las hectáreas de bosques arrasadas llegan a casi 50 mil.

En su sitio web, la organización remarca que estos bosques son el hogar y el sustento
de miles de comunidades indígenas y campesinas; y además ayudan a regular el clima, a mantener las fuentes y los caudales de agua y a conservar los suelos. “Los bosques son, posiblemente, nuestro patrimonio natural más importante, pero también el
más amenazado y depredado.

Los desmontes e incendios forestales provocan inundaciones, desertificación y cambio climático. Menos bosques significan más inundaciones y más enfermedades”, advierte Greenpeace, que volvió a reclamar la sanción
de una ley de Delitos Forestales que considere a la destrucción de bosques nativos
como un delito penal, sin posibilidad de evadirlo con el pago de multas económicas.

Es que, según explica la organización, actualmente las personas o empresas que destruyen bosques nativos sólo son sancionadas con multas cuyo valor ya lo incluyen en
sus costos de producción, y así siguen violando la ley nacional de protección de los
bosques. Dicho de otro modo, las multas no son un problema para quienes incumplen
la ley y, por lo tanto, no son suficientes para desalentar la deforestación.

Esta semana, en esta misma columna, se hizo referencia al reclamo de distintas organizaciones ambientalistas que advierten que como la figura de delito ambiental no
existe en la Argentina, quienes provocan daños en los ecosistemas, la biodiversidad
y la salud de la población, no pueden ser investigados ni condenados por la justicia; y
por eso exigen que los delitos ambientales sean incluidos en el Código Penal.

La Fundación Ambiente y Recursos Naturales, por ejemplo, explica que el Código
Penal argentino se encuentra vigente desde 1921 y no regula de manera directa, concreta y autónoma delitos contra el “bien jurídico ambiente” en términos colectivos.
La fundación observa que en el derecho penal existen conductas tipificadas que protegen bienes jurídicos tales como la salud pública, seguridad, propiedad, pero no se
encuentran tipificadas las conductas que agreden al ambiente de manera autónoma.

¿Cuáles son las razones por las que el norte argentino concentra el 80 por ciento de
la deforestación? La respuesta que ofrece Greenpeace a este interrogante es que en los
últimos años hubo una fuerte expansión de la ganadería intensiva en el norte del país
fundamentalmente porque el precio de una hectárea en esta región oscila entre los
300 y 500 dólares (con bosques), mientras que en la zona pampeana su valor ronda
entre los 10 mil y 15 mil dólares.

Se produjo, entonces, un fenómeno que llaman “la
pampeanización del Gran Chaco” que incorporó a grandes productores agropecuarios, muchos de los cuales no son de la región chaqueña. Según Greenpeace, la mayoría proviene de la región pampeana (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) y en algunos
casos del exterior.

Es importante detenerse también en otras de las advertencias que hace la organización cuando observa que la pérdida de bosques y el deterioro ambiental están aumentando el riesgo de transmisión de enfermedades, debido a que están permitiendo que los seres humanos entren en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadoras de virus, bacterias y otros microorganismos a los que, generalmente, las personas no habían estado expuestas.

El resultado, alerta Greenpeace, es un incremento de las enfermedades zoonóticas, es decir aquellas que proceden de los animales. Por otra parte, señala que alrededor del 30 por ciento de los brotes de enfermedades como el virus Nipah, Zika y el Ébola están relacionados con el cambio de uso de la tierra.

Resulta llamativo que en un año electoral la agenda ambiental no tenga una presencia más relevante en los discursos de campaña. Es de esperar que no se siga subestimando este grave problema.s

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