Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/207060
Nury Bendersky

columnista

Lo que queda cuando el amor se va

¿Se va el amor?, ¿lo dejamos escapar?, si lo dejamos escapar, entonces ¿significa que debemos hacer hasta lo imposible para retenerlo? En fin, la cuestión es que antes o después decidimos terminar una relación y el desequilibrio afectivo no nos permite dilucidar qué nos pasa en esos momentos.

Aunque pensemos que cada vez son más livianas las relaciones amorosas, o que resulta más fácil terminar con alguien y empezar con otro/a; lo cierto es que cuando enfrentamos una ruptura, por dentro sabemos que la cicatriz tardará en sanar. Y mientras tanto, la sociedad nos observa como caranchos que esperan a pocos metros el último suspiro para comer nuestras migajas.

En esos momentos nos replanteamos millones de opciones. Si es bueno recuperarnos rápidamente o si es necesario tomar un tiempo para volver a nuestro centro. Y ahí aparecen ellos/as: los amigos, que insisten en tirarnos a la vereda lo antes posible para sacarnos el polvo de la vieja relación y estrenar nuevo calzado, al menos para llegar al fin de semana con mejor postura y no terminar en un sofá cerrándole la puerta a la pista de baile o la barra, encuentros de amigo/as y tragos.

Vaya si es sabio el proceso que incluso nos sentimos mal si salimos a ver la vida dos minutos antes de lo que la sociedad estipula como “prudente tiempo de duelo”. Obviamente que la situación variará en cada caso.

Es diferente el caso de quien corta una larga relación de noviazgo, del que apenas si recuerda cuánto calzaba su dama/caballero. Como también es diferente y más complejo si hablamos de divorcio, por lo que con la delicadeza de siempre, sepa que quizá sólo hablemos de uno de estos casos.

De todas formas, la sabiduría de lo aprendido y la energía de una nueva derrota sirven para todos.

Ni fuego ni cenizas

Lo interesante es afrontar el proceso con los pies bajo el sol y no debajo de una frazada. Aunque la tentación es grande, y que nos duele recordar el intenso fuego que alguna vez sentimos dentro, al ver a esa persona, el secreto está en comprender que la vida es tan corta como irremediablemente irrepetible y quizá hasta ni tendremos tiempo para recordar el humo de ese amor que no fue.

Pero como nadie tiene recetas mágicas para saber cómo afrontar sanamente una ruptura inevitable y que el “después” sea vivido lo más sensatamente posible, resulta eficaz conocer qué sentiremos y qué es mejor hacer ante cada etapa de este proceso.

La psicología habla de etapas, como para no citar a cientos de padres de cada escuela de esta tan amplia disciplina, haremos un compendio y un resumen de las etapas inconscientes o conscientes que atraviesa una persona luego de una ruptura de un gran amor.

Lo que sucede al principio es la Negación. Este momento es cuando no querés ver la realidad. No tenés ganas de saber qué paso. Entendés que todo terminó pero negás las causas. No querés saber si te engañaron, si te mintieron o si sencillamente terminó. Preferís pensar en los momentos felices y vivir bajo esos recuerdos que te hacen sentir bien.

El segundo sentimiento es la Ira. Esta es la etapa de todos experimentamos después de una ruptura. Es lo que sentimos cuando nos damos cuenta que estamos atravesando un fracaso personal. Es importante pasar por este momento, de otra forma guardaremos esa ira dentro nuestro y podemos canalizarla erróneamente en algún otro momento.

La siguiente etapa es la Negociación. Esta etapa es interesante, ya que la negociación suele ser, al principio con la pareja, con quien negociamos promesas y nuevos compromisos.

Si esto no funciona negociamos con nosotros mismos. Nos prometemos no caer en los mismos errores, incluso hasta nos prometemos cambiar porque vemos en nosotros errores que ocasionaron la ruptura.

Cuando nos damos cuenta que la negociación con nuestra pareja no resulta, se ingresa a otra etapa, que es como tocar fondo. La Depresión. Aunque no nos guste mucho esta palabra, podemos llamarla duelo profundo.

Aquí sentimos la angustia en su más alto nivel. Sentimos que nunca jamás en la vida, vamos a conocer a otra persona que nos haga sentir tan bien como esta última. Creemos que ya no volveremos a ser felices por nuestra cuenta, como lo fuimos con esa persona.

Sentimos que las cosas no volverán a ser las mismas y nos pone mal. En esta etapa es importante el acompañamiento de nuestros afectos, ya que es importante el cuidado de nuestro cuerpo y nuestra psiquis.

Hay que rodearnos de personas que nos quieren y nos apoyan, aquellos que nos ayudarán a sentirnos bien con nosotras mismas. Después de la lluvia siempre salió el sol. Y como la naturaleza es sabia, el proverbio se distribuye a todos los cánones de nuestra vida.

Temas en esta nota

amor relaciones opinión Salud sexual
Notas Relacionadas