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Brigitte Bardot (1934-2025)

Una actriz talentosa, una animalista amorosa, una racista incurable

Muy relacionada con la ultraderecha, fue condenada varias veces por racismo y homofobia. Su último marido fue asesor de Le Pen.

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   La muerte de Brigitte Bardot (1934-2025) obligó a la prensa francesa a dividir su memoria en dos mitades difíciles de reconciliar: por un lado, la actriz mítica, símbolo de belleza, libertad y modernidad; por otro, la figura pública marcada, en el último tercio de su vida, por un racismo reiterado, una homofobia explícita y una militancia cercana a la extrema derecha. Ícono mundial conocido simplemente como BB, Bardot falleció en Saint-Tropez, el lugar donde eligió retirarse del cine y del mundo.

   Nacida en París el 28 de septiembre de 1934, Bardot fue una superestrella precoz. Saltó a la fama en 1956 con "Y Dios creó a la mujer", de Roger Vadim, película que bastó para convertirla en un fenómeno global. Entre 1952 y 1973 participó en 45 filmes y encarnó como pocas el deseo, la sensualidad y la emancipación femenina en una Francia todavía conservadora y traumatizada por las guerras coloniales. Para muchos, fue la imagen misma de la mujer libre: independiente, dueña de su cuerpo y de sus deseos.

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   Musa de cineastas, escritores, músicos y artistas —de Godard a Gainsbourg, de Warhol a Duras— Bardot influyó en generaciones enteras de creadores y en la cultura popular del siglo XX. Su figura trascendió el cine para convertirse en un símbolo cultural comparable a Elvis o Marilyn Monroe. "Si Dios creó a la mujer, Brigitte Bardot la liberó", se repetía entonces.

   Tras abandonar el cine, volcó su energía en la defensa radical de los derechos de los animales, causa que consideró superior a cualquier otra. Fundó organizaciones, financió campañas y escribió libros en los que expresó un profundo rechazo hacia la humanidad, a la que acusaba de crueldad y barbarie. En ese ámbito, incluso sus detractores reconocen la coherencia y la intensidad de su compromiso.

   Sin embargo, su legado quedó gravemente ensombrecido por sus posiciones políticas y sociales. A partir de los años noventa, Bardot manifestó sin ambigüedades su cercanía a la extrema derecha francesa y expresó opiniones racistas, islamófobas y homófobas que le valieron múltiples condenas judiciales. Fue sancionada en varias ocasiones por incitación al odio racial y por insultos contra la comunidad musulmana. En sus memorias y declaraciones públicas, atacó la inmigración, el islam, las prácticas religiosas halal y kosher, y vinculó de forma polémica la homosexualidad con la decadencia moral.

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   Casada en 1992 con Bernard d’Ormale, cercano a Jean-Marie Le Pen, Bardot nunca renegó de esas posiciones, que defendió como una supuesta libertad de expresión. Esa obstinación terminó por fracturar definitivamente su imagen pública.

   Brigitte Bardot deja así un legado profundamente contradictorio: fue emblema de emancipación y belleza, pionera del animalismo moderno, pero también una figura marcada por la intolerancia. Tanto celebrarla como condenarla exigirá aceptar esa tensión irresuelta entre la estrella que liberó imaginarios y la mujer que eligió el enfrentamiento, una francesa de bien.

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