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Cartas de lectores

Causa Victoria: a tres años de la histórica reparación a las infancias

A tres años de la histórica reparación a las infancias con la condena contra la prescripción de los delitos de A.S.I. a 17 años de prisión para el abusador, Victoria agradece a la Justicia. En respuesta a la publicación realizada el 9 de mayo en NORTE con el título “Pidió ser fiscal electoral y atrapó a su abusador cuando fue a votar”, la víctima del fallo histórico, tanto del país como de nuestra provincia, se comunicó con este medio para agradecer a través de una carta a la Justicia, pero en especial al fiscal Roberto Villalba. 

La mujer decide guardar su identidad y mantenerse bajo el nombre con el que se conoce la causa: Victoria, “el grito de lxs que luchan”. 

Carta al fiscal Roberto Villalba y a jueces y juezas de la causa

Señor director de NORTE:

El 28 de junio se cumplieron tres años de que Miguel Frutos está preso. El 18 de junio se cumplieron dos de la condena firme y efectiva; en este mismo mes la Cámara Penal del STJ mantuvo firme la condena. No sé por dónde empezar, miro para atrás y me reconozco luchando, desbordada, los recuerdos atacaban sin piedad y más aún en el proceso judicial. Pero existe un momento que fue crucial para mí y para mi niña interior, la reunión con el fiscal Villalba, esa fue clave; aún siento ese suspiro de alivio que di mientras hablaba y lloraba en su despacho. “Me cree, me cree”, repetí esa frase mil veces mientras salía de su oficina. 

Cumplí al pie de la letra cada uno de sus consejos, muchos iban en contra de mis ideas como activista, esta vez simplemente cumplí y como todo mi proceso judicial lo llevé sola y en soledad, vi precisos sus consejos. Recuerdo que unas compañeras me sugerían escrachar a Frutos así lo encontrábamos más rápido, pero su consejo fue cierto y valedero, una experiencia más para mí y que la apliqué en cada uno de los casos que pude socorrer aquí en El Impenetrable (lugar en donde vivo). Sus palabras fueron: “Aún no subas fotos, estas personas se escapan, se fugan”, a lo cual retruqué sosteniendo “no se va a escapar, señor fiscal, es changarín”, y él responde dándome tranquilidad: “Hija, estas personas se escapan, se cuelgan detrás de un camión, se van de cualquier forma y modo. Quiero darte la tranquilidad de que estas causas para mí no tienen margen de dudas, y si la consideran prescripta voy a apelar para que vos puedas estar estable y mejor después de adulta”. De esas palabras no me olvido nunca. Fue la segunda persona en este proceso de lucha judicial que me creyó; el primero fue mi abogado Leandro Ramírez, una persona humilde que empáticamente supo acompañar a la víctima que fui cuando hablaba en cada una de las citaciones judiciales y pericias.

Después de esa única reunión que tuvimos, todo era muy positivo pero nos faltaba algo para la captura, el domicilio real en donde vivía Frutos Miguel. Junto con Leandro, un 26 de mayo de 2018, recorrimos cada pista que teníamos para dar con el paradero, era una noche helada, y las veces que la recuerdo sonrío porque era tal cual como miles de veces soñé la búsqueda. Con mi autito gris usado, de tres puertas, no hacía mucho que había aprendido a manejar, mi abogado de acompañante y yo conduciendo, tenía mucha fe, las palabras del fiscal, mi abogado a mi lado y mi autito funcionando eran suficientes para dar vueltas el mundo y hacer justicia. 

El resultado de esa noche fría fue que nos congelamos y no habíamos encontrado nada. Pero andábamos cerca. El 27 de junio de 2018 llegué a mi casa, cansada ya y otra vez la misma pregunta “cuánto tiempo durará todo esto sin tener su dirección”. El pedido de captura estaba pero no teníamos dirección fija. Fue así que prendí mi celular y en una página encuentro unos datos indicando que posiblemente se podía encontrar ahí, reenvié a mi abogado y el mismo automáticamente al equipo de investigaciones. 

El 28 de junio, a las 9.30, mientras entraba a clases, al aula más masiva que tenía –eran unos 200 estudiantes—, recibo una llamada y un mensaje. Siempre antes de entrar a clases prendía un cigarrillo y después ingresaba en el aula, ese día mientras prendía ese cigarrillo, atiendo la llamada de Leandro, sin esperarme la noticia, imaginé que nuevamente no era esa dirección; pero no fue así, era la noticia esperada. Me temblaban las piernas y comencé a llorar, frente a miles de estudiantes, les di un recreo, pedí que me compren más cigarrillos, no podía hablar, entré en el aula y abracé fuerte a mi bedel Érica Maidana, llamé a los chicos al aula. Como nunca, esa vez llevé tacos y me había pintado, no podía caminar de los nervios y el rímel había desaparecido; las miradas de mis alumnos no me olvido y de ellos menos. Tomé aire, levanté mi vozarrón, expliqué a medias tintas mi emoción y pedí perdón porque la clase no iba a salir como siempre, pero iba a intentar. Mientras me paseaba por el aula explicando el tema, veía sus caritas. Llegó el recreo y una por una de las víctimas sobrevivientes, que son nuevamente mis alumnas, me contenían con sus abrazos. Salí de clases y volví a mi casa, a mi hogar, ese que construí calentito para sanar a mi niña interior; apenas abrí la puerta me puse a cuclillas y lloré tanto, me abracé tanto y tan fuerte que sentí a mi niña abrazándome ella a mí. Si supieran lo que significa ese encuentro. Si pudiera poner en palabras ese sentimiento, era mi otro yo abrazándonos. Prisión preventiva para Frutos gracias al fiscal Villalba. Pero la lucha sigue, después de eso junto con mi pareja esperábamos a una nueva integrante, quien venía con el grito de “victoria” y de “justicia”. Antes de parir, me notifican que empezamos la última etapa del juicio; con tan solo un mes de vida de mi niña partimos a la ciudad de Resistencia a ponerle fin a esa historia tan cruel. 

Luego de tres meses de vida de ella, con los pechos lleno y dando de mamar en cada pasillo del sector judicial, gritamos “victoria”. Pedí a quienes conocía que llevaran bombos, sea cual fuera el resultado, hay que festejar, era lo único que pensaba. Al subir las escaleras para escuchar la lectura final, alguien de la oficina me dice sonriendo: “Dejá a la bebé con un familiar y subí tranquila, guerrera”; lo miré y me imaginé… aún lloro cuando recuerdo ese momento. 

17 años de cárcel común, la jueza de la Cámara Primera en lo Criminal de Resistencia, Lucía Ester Martínez. Casas agregó dos más a lo que pidió el fiscal Jorge Fernando Gómez, recuerdo que se lo llamaban y eso me llevó a entender que no solo me creyeron, sino que también la jueza hizo que se cumpla su función y mi sueño, justicia. Una de sus palabras en la lectura de la sentencia fue no saber si esto iba a restaurar mi vida.  Tres años después de ese histórico día, siendo madre de una niña de dos años —niña a la que veo y me acuerdo de mí misma pero siendo feliz—, creo que es el estado máximo que pude haber soñado. 

En este mismo mes y después de tres años, la Cámara Penal del STJ falló a favor de la causa. 

Al fiscal Villalba y a todos los que obraron para restaurar una infancia dolorosa e inimaginable, mi “yo adulta” les dice gracias por permitirme nacer, disfrutar de una nueva vida y ser “normal”. Espero poder encontrarlos en un momento y abrazarlos realmente. 

A mi hermano mayor que la primera vez me creyó y a su edad se fue en bici a querer hacer la denuncia y el día de la lectura de la sentencia fue el primero que estaba ahí, en la puerta, esperando ese abrazo en el que nos zambullimos, y a mi hermana que siempre fue mi base y apoyo toda mi vida. A quienes leen estas líneas les digo: Nunca es tarde para volver a empezar, denunciar sana y nuestra única herramienta es la verdad, los delitos de A.S.I son imprescriptibles. 

VCG de la Causa Victoria

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A casi 40 años del regreso de la democracia, nunca tuvo vigencia en nuestro río Paraná

Señor director de NORTE:

Es lo que yo creo que ocurre, ya que nunca tuvimos los mismos derechos y obligaciones entre pescadores deportivos y comerciales. Es un debate de más de 40 años pero ahora con la pandemia no es solo entre pescadores, sino con toda la sociedad, ya que ¿cuántos trabajadores debieron permanecer en sus casas sin poder asistir a sus puestos de trabajos? Comerciantes, propietarios de campos para cuidar y criar a sus animales, mientras que el trabajo de ellos es explotar un recurso natural que es propiedad de toda la sociedad, si pueden hacerlo. “Ahora tenemos que pedir permiso para trabajar”, dijeron… y siempre consiguen lo que quieren o si no cortan el puente Chaco-Corrientes e inclusive aguas del río Paraná. Bien democrático.

Pasaré a dar algunos ejemplos a lo largo de estas décadas:

1)   Año 82, 83, hablaban de llevar las medidas del mallón de 100 a 200 metros y las mallas de 20 cm de lado a 13.5 cm. Años siguientes lo consiguieron. Según el director de Fauna de esa época, que estuvo a cargo como veinte años, se trataba de una medida conservacionista (…)  y ahora, año 2021, dicen que la fauna íctica no está en peligro por lo que interpreto que en aquel momento no era necesario, no sé ahora si queda 15 % de ejemplares que se contaba en aquel momento.

2)   Alrededor del año 90 se proponía desde la Federación Chaqueña de Pesca que si el mallón no se podía eliminar, una solución sería no otorgar nuevas licencias de Pesca Comercial y así iría bajando el número de pescadores a mediano y largo plazo. En ese momento las licencias comerciales eran alrededor de 200, hoy superan las mil.

3)   El 17/11/1997 en un congreso organizado por la diputada Julia Scarpino para modificar la Ley 635 se aprobó la eliminación de la “minimalla” (formada entre nudo y nudo del mallón), lo cual yo presenté y en común acuerdo con los pescadores comerciales fue aprobado pero nunca se puso en vigencia. Como ahora la veda total, con el rio con su altura por debajo del metro. Se define de común acuerdo en una mesa pero luego no se lleva a cabo o cortan el puente.

4)   El tema del fileteado que ahora lo están llevando a cabo lo propuse yo hace unos veinte años aproximadamente, junto con el curtido de cuero de surubíes como se hace o se hacía en Santa Fe, la taxidermia con parte de las cabezas que son tiradas al río y la elaboración de escabeche de pescados. Con ello sacarían más valor agregado y podrían ser menos los que se dediquen a la extracción de piezas. También sería la forma de seguir teniendo trabajos cuando corresponda hacer una “veda natural”, la llaman ellos aunque no la apliquen.

5)   Ahora dicen que quieren tener los mismos derechos que los malloneros correntinos, cuando nosotros los deportivos hace más de 40 años pedimos tener los mismos derechos que ellos, acá en una misma provincia. Pero no dicen que la vecina provincia cuenta con un poco más de cien canoas y la nuestra con más de 800. Y Corrientes tiene unos 600 km de costa sobre el río Paraná y nosotros solo cien. Por lo que creo que no nos podemos quejar.

6)   Hace aproximadamente un mes, Roberto Berh dijo que si un comercial quiere comer un dorado tiene derecho a sacarlo. Coincido, pero reconozca usted que también lo hacen por decenas como ocurrió días pasados en el planchón, el que no tiene ningún derecho es el deportivo, ni de capturar un bagre para llevar con esta veda, lo cual me parece bien pero debería ser parejo. El peor de todos es aquel que está sin trabajo y yendo de costa tampoco puede traer sus capturas.

7)   Y si hablamos de obligaciones es más abismal la diferencia entre deportivos y comerciales ante cualquier tipo de control en el río o cumplimiento de una resolución.

8)   Parece mentira que nuestra zona norte y la patagónica correspondan a un mismo país, el día y la noche con respecto al manejo y aplicación de normas para la conservación de los recursos naturales.

En síntesis, tener los mismos derechos y obligaciones en nuestro río Paraná pescadores deportivos y comerciales siempre fue pedir muchísimo. Bien democrático el tema.

GUSTAVO H. PITTERI

DNI 13.719.735

Resistencia 

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Día Nacional de la Conservación del Suelo 

Producción rural, cambio climático y servicios ambientales 

Por Roberto Olivares* 

 La conservación de este recurso natural adquiere relevancia por la manifestación de los procesos de degradación de suelos (pérdida de fertilidad, salinización y erosión entre otros), que conspiran contra los rendimientos de la producción primaria, la rentabilidad de la actividad y la estabilidad ambiental. 

Este día fue instituido por decreto nacional 1574/63 y por decreto provincial 1208/90, además el Gobierno de la Provincia del Chaco lo declaró de interés provincial. 

En un momento cuando todos pensaban que la riqueza estaba constituida por los metales preciosos, el general Manuel Belgrano seguía una escuela económica de España, la de los fisiócratas, que sostenía que la agricultura era la base de la riqueza de las naciones. 

Para fomentar la agricultura, en 1796 Belgrano recomendaba crear una escuela de agronomía y fundamentalmente se enseñe las características y propiedades de la tierra, lo que hoy conocemos como mapa de suelos y la producción conveniente a cada caso. 

En 1930 y a partir de la sequía que motivó que volaran los campos por efectos de la erosión del área agrícola de EEUU, se realizaron cambios en el manejo de las tierras, de allí surgieron gran parte de las prácticas que conocemos hoy como de manejo y conservación de suelos y que integran los esquemas productivos denominados como “buenas prácticas agrícolas”. 

En realidad, Belgrano lo planteaba diciendo que “lo que deberá observarse es no sembrar una misma semilla seguida, sino variar y dejar que pasen tres o cuatro años sin sembrar en aquel mismo lugar semillas de una misma especie”. 

A esta altura ya nadie duda de la importancia de la siembra directa, las rotaciones, la cobertura de suelos, la diversificación productiva de cultivos porque influyen directamente en las propiedades del suelo, especialmente en la conservación de la materia orgánica y la humedad, así como el mantenimiento de la fertilidad. 

Las partes fundamentales de cualquier estrategia para enfrentar estos temas incluyen reconocer el suelo como el componente fundamental y vivo del ambiente, ya que suele recibir menos atención en comparación con los componentes encima de la superficie, que son más fácilmente percibidos. 

Es posible conocer el crecimiento y el desarrollo de la parte aérea de las plantas observándolas y midiéndolas, sin embargo, suele conocerse menos sobre lo que ocurre debajo de la superficie.

La fertilidad es la capacidad inherente de un suelo para proporcionar nutrientes en cantidades y proporciones adecuadas, mientras que la productividad del suelo es un término más amplio, que se refiere a la capacidad del mismo para el desarrollo vegetal. Los principales factores de la productividad del suelo son la materia orgánica, incluyendo la biomasa microbiana, la textura, la estructura, la profundidad efectiva para desarrollo radicular, el contenido de nutrientes, la capacidad de infiltración y almacenamiento de agua, por lo que una breve descripción podría indicar que la productividad del suelo depende de características físicas, hídricas, químicas y biológicas y de sus interacciones. 

Con las oscilaciones climáticas es común y lógico que ocurra estrés hídrico en los cultivos y pastos, en estas condiciones ocurre una interacción entre el agua del suelo y los nutrientes, lo que significa que el agua del suelo puede influenciar la disponibilidad de nutrientes y la resistencia de las plantas a la sequía. 

La mayor parte de los productos primarios en el país están originados por la producción de secano (cultivos agrícolas, pasturas y bosques naturales e implantados), siendo ésta dependiente de las lluvias, por lo que los rendimientos están relacionados no sólo por la cantidad total de agua precipitada en el período adecuado, sino también por la frecuencia, la duración y la severidad del estrés hídrico sobre las plantas en distintas etapas de su crecimiento. 

El clima se caracteriza por la variabilidad climática, siendo esta variabilidad más marcada en nuestra región y que el calentamiento global provocado por el incremento de emisiones de gases de efecto invernadero, potencian estas características provocando situaciones de emergencias o desastres agropecuarios, ya sea por déficit o excesos hídricos. 

El suelo en la Argentina es soporte de 54.000.000 de hectáreas de bosques nativos, 1.300.000 hectáreas de bosque implantado, 37.500.000 hectáreas de cultivos agrícolas y 70 % del territorio nacional, o sea 19.000.000.000 de hectáreas, se encuentran cubiertas por pastizales bajo uso ganadero bovino, caprino y ovino mayoritariamente. 

Los suelos bajo manejo adecuado desempeñan un papel importante en la mitigación del cambio climático al almacenar el carbono (captación de carbono) y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, situación que se produce por la conservación y/o formación de materia orgánica, que es el carbono del suelo. 

Además, las capacidades del suelo con manejo conservacionista, poseen porosidad adecuada, permitiendo la entrada de agua, el movimiento de esa agua libremente en el perfil del suelo y el almacenamiento para disponibilidad de las raíces de las plantas en todo su ciclo. 

Lo expuesto se resume en los servicios ambientales que prestan los suelos, siendo el más conocido por ser soporte y suministro de nutrientes a las plantas, también constituye el medio donde se realiza una parte importante de los ciclos biogeoquímicos necesarios para el reciclaje de los compuestos orgánicos y también la captación del agua que permite la recarga de los acuíferos, lo que influye en la calidad de la misma, filtrando, amortiguando y neutralizando ciertos contaminantes, impidiéndoles llegar a las reservas de agua, así como contribuir indirectamente a moderar la temperatura y humedad ambiental, lo cual mejora la calidad del aire.

(*El autor es licenciado y docente en Licenciatura en Administración Rural Facultad Regional Resistencia – UTN).