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Paulo Ferreyra

columnista

Andrea Geat: “Vivimos una etapa de transición de un paradigma a otro”

La directora del Museo de Bellas Artes charló con Chaqueña sobre la situación de la institución en plena crisis sanitaria. Valoró el trabajo en equipo y adelantó proyectos en los que trabaja.

Andrea Geat

El impacto de la pandemia no puede medirse aún en su totalidad. Estamos atravesando la segunda ola con saldos muy altos de casos activos y muertes. Aumenta el número de  ersonas inmunizadas y ese parece ser el oxígeno para pensar en una nueva vida. No en volver a la vieja normalidad, sino a la convivencia con los cambios que llegaron para quedarse en nuestras vidas.

 Enn el Museo de Bellas Artes de la Provincia del Chaco René Brussau (MuBA) el modo híbrido ya está en funcionamiento. Las charlas y la exposición de arte en modo virtual germinaron como complemento y no como sustituto de la experiencia artística. La directora del MuBA, Andrea Geat, nos cuenta: “Así como la pandemia produjo un distanciamiento de los cuerpos, también nos acercó desde la virtualidad, eso es un punto a favor”.


—¿Qué significa estar al frente del MuBA?


—No sé muy bien qué significa, pero sí sé que implica mucha responsabilidad y conciencia histórica. Es el museo de artes de la provincia, por tanto hay un compromiso grande en  cuanto a ampliar la visión, para observar y llegar a todo el Chaco en lo que concierne a la investigación, la difusión y la conservación de nuestro arte.

De todos modos, vamos por parte. Estar “al frente” es por lo menos cuestionable. No creo, ni quiero, estar al frente. Los paradigmas de gestión están cambiando, por fortuna, y ya no hablamos de dirección de los espacios, sino de coordinación. Esto significa aprender a compartir, a estar a la par, a crear en equipo y a abrir puertas. Son cambios que se hacen de a poco, porque crecimos y fuimos educadas en instituciones muy verticalistas, pero las modificaciones hay que hacerlas desde adentro. Así que lleva tiempo y concentración para no perder el foco. Me gusta mucho el espacio, pero hay que recalibrar constantemente y repensar nuestras relaciones laborales todo el tiempo, dado que vivimos -desde mi perspectiva- una etapa de transición de un paradigma a otro.

Equipo de trabajo del Museo de Bellas Artes


—El patrimonio de un museo es su columna vertebral y de alguna forma constituye su identidad, ¿cómo está conformado ese patrimonio?

—El Chaco posee un patrimonio artístico bellísimo. Mirá qué curioso que hagas referencia a la identidad, porque la colección del MuBA es como el Chaco: heterogénea, diversa, rica, bella, pequeña, joven aún. Está constituida por más de 750 piezas artísticas entre las que podemos encontrar pinturas, esculturas, grabados, collages, fotografías, objetos, textiles, cerámicas, instalaciones, audiovisuales, es decir, gran diversidad de lenguajes y de obras de diferentes períodos que abarcan desde el siglo XIX a la actualidad, de autores y autoras de todo el país y la región.


—Comenzaron el año con una muestra colectiva de mujeres. ¿Cómo están programando las futuras muestras, qué es lo que se viene?


—En realidad, comenzamos el año con la apertura de la sala principal, que está en la planta baja de la Casa de las Culturas. Fue con una exposición que podríamos decir que no está del todo “completa” (porque seguimos trabajando en el guión y se seguirá puliendo en el futuro). Este es uno de los proyectos a largo plazo más ambiciosos del museo: la exhibición permanente de patrimonio artístico del Chaco. Allí trabaja la mayor parte del equipo del museo y también sumamos a especialistas para colaborar y enriquecer el recorrido.


La segunda muestra es a la que hacés referencia como una exposición de artistas mujeres y es la que se inauguró en marzo e involucró otras actividades promovidas por el Instituto de Cultura del Chaco bajo el lema “Vivas, libres y liderando nos queremos”. En esa iniciativa se involucró activamente Roxana Toledo, que preparó “Las flores que nos corresponden”, una exposición en la que se reunieron obras de ocho artistas que además son docentes de arte del Nor

Museo de Bellas Artes

deste (Chaco, Corrientes y Formosa). El objetivo era visibilizar el trabajo y la mirada de cada una de ellas y también la situación de opresión y asimetría que atravesamos hace siglos las mujeres y las diversidades sexogenéricas. En las últimas décadas las artistas hicieron una gran parte del trabajo para que la sociedad tomara conciencia de la importancia de algunos asuntos, participaron el espacio público, tomaron las calles, las plazas, los medios de comunicación, las redes, y también, por supuesto, los museos y centros culturales.


Las muestras que se vienen son las postergadas del 2020, que no se pudieron concretar por el ASPO. Los proyectos que seleccionó el jurado del año pasado y que al no tener posibilidad de que el público asista, quedaron pendientes para este año. Aprovecho para señalar que aún está abierta la convocatoria a proyectos expositivos para el año en curso, que esperamos poder realizar. Por ello, la propuesta apunta a que las y los artistas propongan repensar la relación con el público, desafiar la situación que vivimos, re-imaginando las formas del encuentro, y no nos quedemos en suspenso esperando que pase la pandemia. Hay que enfrentarla, hacernos cargo de este momento que atravesamos, dejar constancia de cómo lo vivimos, qué nos pasó. Sin dudas, tanto el 2020 como el 21, fueron tan extraños como difíciles.


—Justamente ahí quería llegar: ¿cómo piensan, o cómo van a trabajar sobre la relación del museo con el público?


—Las visitas presenciales estuvieron suspendidas durante todo 2020 y fuimos armando propuestas desde la virtualidad. Desde marzo de 2021, cuando se habilitó la presencia de público, empezamos a trabajar con turnos y protocolos que seguramente se sostendrán. Desde fines de mayo que la situación sanitaria se agravó, se suspendieron nuevamente las visitas físicas, de modo que volvemos a la virtualización del contenido. Sin embargo, ni el público ni los artistas se alejan. Las redes del MuBA se activaron, de a poquito se van sumando followers, las y los artistas interactúan y el público empieza a seguir a los artistas directamente, lo cual es maravilloso porque se genera una interacción que antes, como comunidad, no registrábamos.


La pandemia y el aislamiento produjeron un distanciamiento de los cuerpos, pero nos acercó desde la virtualidad. Eso es un punto a favor. Nos vinculamos a otros museos del mundo, a trabajadores y especialistas de la museología, la investigación, la gestión cultural de la región. Se cerraron las puertas de los edificios, pero se abrieron las ventanas y pestañas de los Meet, los Zoom, las transmisiones en vivo, los podcasts. El aislamiento produjo un salto cuántico, una aceleración preciosa para conectarnos desde la virtualidad, que -en medio de tanta catástrofe- nos alegra el corazón.


—En el último tiempo se hicieron refacciones en la reserva técnica del museo…

—Así es. No todo fue tristeza, eso también nos dejó 2020. Se aprovecharon al máximo aquellos meses para el desarrollo de importantes obras de infraestructura, que fueron muchas y parten de la gestión del Instituto de Cultura con el apoyo del Ministerio de Infraestructura, para poner en valor espacios como la Casa de las Culturas o el Centro Cultural Guido Miranda. En cuanto a la reserva técnica del museo, es decir, el espacio donde se guardan las obras de arte, era una obra pendiente desde la creación del MuBA. El museo se creó en 1982 y recién en 2010 tuvo su propia sede, en la Casa de las Culturas.

Sin embargo, no se había podido realizar antes, aunque en diferentes oportunidades -me consta- las directoras y directores y trabajadores también, soñaron, pidieron, gestionaron la realización de un óptimo mobiliario para la guarda de las obras de arte. Afortunadamente esto se pudo concretar y se terminó la obra en el verano de 2021 y actualmente estamos llevando adelante un reordenamiento de toda la colección. El ordenamiento se hace de acuerdo con criterios basados en la conservación preventiva y en una gestión de colecciones que ponga en valor el acervo. En este sentido fue muy importante contar con el asesoramiento profesional de Andrea Ypa, que es especialista en materia de conservación y restauración de bienes culturales, un lujo para el campo museológico chaqueño. Ella asesora y capacita constantemente al equipo del área de conservación del MuBA, en el que trabajan desde hace más de una década la profesora Alicia Jara Martínez, el profesor Elvio Salina, y se sumó hace poquito tiempo Nancy Minhot. Realmente, un equipo maravilloso que está haciendo un trabajo muy serio en el corazón del Museo, como le decimos a la reserva técnica.

Museo de Bellas Artes de Resistencia


—Hiciste un trabajo sobre historias del arte chaqueño. ¿Al estar al frente del museo sentís una doble responsabilidad para dar espacio y visibilidad a la mujer artista de la provincia?


—Son dos preguntas diferentes. El libro, por un lado, fue un trabajo en el que me propuse recopilar y retomar algunas reconstrucciones históricas que ya habían trabajado referentes de la investigación, la docencia y la gestión de arte. Y a partir de ello, fui trabajando algunas variables que me interesaban a mí. Pero el libro tiene muchas referencias a otras/os historiadores/ as, para quienes se interesen en otras visiones. En pocas palabras, el texto recorre con sentido histórico algunas ideas que -desde el arte- propongo para pensar la chaqueñidad, si es que eso existe.

Por otro lado, no siento una doble responsabilidad por ser mujer en un espacio de decisión. La responsabilidad es mucha, pero es curioso que preguntes si es doble, porque no es una novedad: todas nosotras sabemos en menor o mayor medida que se nos exige mucho más a las mujeres, sea cual sea el trabajo que hagamos. A veces, incluso, por el mismo trabajo se nos paga la mitad, si tenemos suerte; a veces trabajamos gratis. Esta no es una situación que elegimos y por eso estamos en las calles, nos apoyamos entre nosotras, por eso aún los feminismos son necesarios, porque todavía hay mucho que aprender y resolver para lograr un mundo más ecuánime. En relación a los espacios de visibilidad a las artistas, también estamos en eso.


Otro de mis trabajos es la docencia y la investigación en la universidad, lo que me dio la posibilidad de hacer un doctorado. La tesis doctoral, que todavía no se publicó, es un trabajo en el que planteo una periodización histórica desde la teoría y la crítica de arte, sobre la participación de artistas mujeres en Chaco y Corrientes. Esto me dio una perspectiva del sistema del arte nordestino en sentido amplio, que posibilitó comprender no solo lo que se hizo, sino también lo mucho que hay por hacer. Siempre digo en chiste “termino esto y me jubilo”, y es gracioso porque lo digo por casi todo lo que emprendo. Pero lo que pocas personas saben, es que amo tanto trabajar en o para el arte, que ya estoy jubilada, de júbilo, lo hago con mucha alegría.

Museo de Bellas Artes
Muse de Bellas Artes
Investigación de Andrea Geat. Historias del arte chaqueño.
Muse de Bellas Artes
Museo de Bellas Artes de Resistencia
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