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Gabriela Cerruti, legisladora nacional

“Para la etapa más larga de nuestra vida no nos planteamos un proyecto”

La periodista y autora del libro La revolución de las viejas dialogó con mujeres del Chaco vía Zoom sobre expectativas y realidades después de los 60 años

“Tengo 55 años y dentro de cinco años voy a ser oficialmente vieja para el Estado porque me jubilo. Para la sociedad tal vez antes, porque ya pasé la menopausia. Las dos cosas están muy relacionadas con ‘lo que vale’: la sexualidad y la reproducción. Cuando dejas de estar ahí pasas a ser irrelevante”, disparó Gabriela Cerruti.

En una conversación virtual con adultas mayores del Chaco invitó a pensar de otra manera una etapa que probablemente sea la más larga que se transite sin un proyecto ni individual ni colectivo para la vejez.

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"Mi generación salió a las calles en los 80 por la democracia, por el divorcio y contra la hiperinflación", afirma.

Ante una expectativa de vida que se ha alargado plantea que ese territorio genera  preguntas: ¿dónde, con quién y cómo vamos a envejecer?.

Con relación al debate de una ley antiedadismo -que acompaña desde el colectivo La revolución de las viejas- explicó que lejos de relacionarse con subir la edad jubilatoria promueve que a la hora de buscar trabajo no las discrimine a las personas mayores. Como la oferta de empleo suele restringirse hasta los 35 años, uno de los pedidos de sus impulsores es que para igualar posibilidades de acceso y de demostrar capacidades, el curriculum de postulantes no contenga fotos ni figure la edad.

Otro tema que la periodista propuso pensar es en alternativas para transitar la vejez en lugares que no sean residencias de larga estadía (exgeriátricos u hogares para ancianos). Contemplando que las residencias son un instrumento necesario para quienes no tienen con quien convivir o presentan algún tipo de discapacidad, necesitan uno o varios apoyos, contrasta que una mujer autoválida, que quiere transitar su vejez con sus amigas, con una vecina, y lo puede hacer, necesita contar con alternativas y desde el Estado debe contemplarlas.

“En eso estamos trabajando desde la Revolución de las Viejas. Estamos proponiendo que haya viviendas colaborativas o compartidas, para que se puedan agrupar como lo hacen algunas organizaciones cooperativas que van construyendo barrios”, explicó.

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Su exposición el viernes forma parte de un ciclo de conversaciones impulsadas por la legisladora Lucila Masin y también participaron autoridades locales y nacionales de Pami.

Durante dos horas de intercambios la escritora ahondó en un rasgo típico de las sociedades de consumo: lo viejo se descarta y reemplaza por algo nuevo.

“Las ciudades, los tiempos, los espacios están preparados para facilitarle a quienes producen y tienen entre 30 y 50 años. Las demás personas nos quedamos con muchas necesidades sin respuestas”, continuó.

De regreso al tema de la brecha económica para sectores más frágiles insistió en la importancia de pelear para que la jubilación sea suficiente para vivir, especialmente para las amas de casa a las que no les alcanza la mínima.

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“También para ellas necesitamos una capacitación que sea permanente en un mundo en el que hoy se cambia varias veces de trabajo y en el que algunos tipos de empleo dejan de existir”.

Con clima descontracturado pidió dar batalla para que dejen de decirles abuela y abuelo a las personas mayores. “No todas lo son, ni es el único rol que las define o importa; me pone loca cada vez que lo escucho”-confió-“Y así como decimos que maternar es una elección, abuelar también lo es. Podemos querer estar con nuestros nietos y no tener la obligación de dedicarles cuatro o cinco horas diarias para volver a hacer lo que ya hicimos con hijos y marido”, sinceró.  

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