Alberto es gobierno, Cristina es poder
Es atributo del Presidente de la Nación, el 1º de Marzo de cada año, hacer la apertura de las sesiones del Congreso, para dar cuenta del “estado de la Nación, de las reformas prometidas por la Constitución, recomendando a la Asamblea Legislativa, las medidas que juzgue necesarias y convenientes” (artículos 63° y 99°, inciso 8 de la Constitución Nacional).

Nada de ello ocurrió este año. Su prolongada exposición fue un boceto agresivo, contradictorio y ajeno a las responsabilidades propias del peronismo que ha administrado el país desde 1989, durante 25 años. Omitió decirnos que, desde marzo de 2020 a la fecha, se han contabilizado más de 50.000 muertes como consecuencia del COVID-19, sin asumir responsabilidad alguna por su manifiesta improvisación y desprolijidad.
Omitió trazar un proyecto de país: explicarnos la posibilidad de avanzar con el Consejo Económico y Social en un diálogo que habilite una concertación social. Por el contrario, amenazó a la Corte Suprema, y denunció la lentitud de la justicia mientras anunciaba la creación de un supuesto Tribunal de Garantías, que la hará más lenta aún.
El discurso presidencial siguió la misma tónica que su exposición en Méjico: profundizar la grieta. Es impensable superar el presente estado de situación, siendo autoindulgente con su administración y confrontativo con los que la cuestionan.
El presidente ha ensayado un discurso demagogo, en tanto su inveterada conducta y problema central es su contradictoria relación con la verdad: nos miente, tergiversa, distorsiona, omite y ensaya datos incontrastables que, en algún momento, nos pudo entusiasmar y persuadir que la grieta podía cicatrizar.
Sin embargo, por la debilidad política en que se encuentra, eligió replegarse en Cristina Fernández, maestra de una ceremonia que institucionalmente tiene y contiene otra finalidad. El Presidente ha consolidado en nuestro país un régimen vicepresidencial.
El Movimiento Nacional de la Militancia Radical manifiesta su grave preocupación y entiende una obligación cívica señalar al Sr. Presidente que su discurso de apertura no debe estar dirigido al núcleo duro de su coalición, sino al Pueblo todo de la Nación.
La grieta ha sido una experiencia nefasta que debemos superar. Los argentinos la estamos pasando muy mal; merecemos un Gobierno que nos gobierne para todos, nos provea de soluciones frente a la crisis, pacifique el país y nos hable con la Verdad.
Por Mario Jaraz y Roberto Gutiérrez
(Organizadores del Movimiento Nacional de la Militancia Radical)













