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Los malos momentos y los buenos, son parte de la historia de cada agricultor

Desde la zona de Villa Angela, Anibal Kek se suma a este reconocimiento que hoy NORTE hace a los agricultores en su día. “Agradezco a Dios, a mi abuelo y a mi padre por la profesión que me dieron: trabador de la tierra o agricultor”, comienza diciendo.

Saenz Peña (Agencia).  “Pasamos por momentos buenos y malos, trabajamos sin días ni horario pero lo hacemos con pasión”, cuenta y sin dudar, opina que “uno nace para ser agricultor”. “Este 8 de septiembre es el día en que se reconoce nuestro esfuerzo, y está bien que así sea porque eso es un incentivo anímico muy importante para toda la familia agrícola”. dice Una de las actividades que realizan los Kek es la siembra de maíz y sorgo.

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Anibal Kek, de la zona de Villa Angela, cuenta que su abuelo y su padre le inculcaron el valor al trabajo como agricultor. “Y eso lo llevo en el alma”, dice.

“Transformamos esos granos en carne, de pollo o de cerdo y también fortalecemos la cría de gallinas ponedoras para la producción de huevos para consumo, y eso es algo que anda muy bien, se vende todo en el mercado local”, asegura. El aprovechamiento que hacen de la materia prima, es una de las actividades que le permiten encarar otros objetivos.

“Sé que nos veníamos a pique si dependíamos de un solo cultivo, por ejemplo el algodón, y nos dimos cuenta que es mejor diversificar, buscar alternativas en pequeñas parcelas de tierra y la tierra es sabia y generosa: a nosotros nos dá lo necesario para vivir honradamente y sin deudas”.

 

“El verde, nuestro verde es la esperanza de miles de familias”

SAENZ PEÑA (Agencia). “Soy horticultor pero me defino como un agradecido trabajador de la tierra, porque hoy la agricultura en esta pandemia demostró que cada producción que hacemos ayudó a alimentar sanamente a mucha gente”, dice a NORTE desde Las Breñas Sebastián Alvarez, que siembra una parcela de horticultura y que luego instaló una verdulería donde comercializa su propia producción, dando un valor agregado a partir de productos envasados.

 

“La esperanza es la que nos motiva, el pensar que en Chaco tenemos todo para salir adelante, aunque el clima siempre nos golpee”, agrega.

 
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“Lo verde significa esperanza para miles de familias chaqueñas”, dice Sebastián Alvarez, de Las Breñas.

Los meses de marzo y abril de 2019, a Sebastián Alvarez lo marcaron a fuego. Es que su predio ubicado en Colonia Necochea, al oeste de Las Breñas, con las intensas lluvias caídas – de unos 260 milímetros en menos de 6 horas– se inundó completamente, perdiendo el total de su producción de pollitos bebé, como también hortalizas y frutas, pudiendo salvar algunos animales de corral. Intentó, en un otro terreno ya que en el que se tenía sus instalaciones quedaron expuestas a inundación, seguir con la producción hortícola, “pero cuando todo se pone adverso es como remar en dulce de leche, y me fui al sur”, recuerda Sebastián armó una pequeña fábrica de ladrillos de hormigón, pero no encontró mercado suficiente y no pudo sostener el proyecto. A los pocos días, por contactos con conocidos, se fue a trabajar en un frigorífico en un Puerto Madryn, en Chubut.

Lejos de su familia y de sus amigos, por lo que cada día se hacía más pesado estar en esas condiciones. Una vez en el Chaco, trabajó en el cuidado de los rodeos, y aprendió distintas tareas que en Ganadería se hacen. Pero su alma de productor hortícola seguia siendo fuerte, y en medio del monte, en las puertas de El Impenetrable chaqueño, hizo su huerta, y hasta hizo docencia, enseñando a los lugares a consumir hortalizas frescas con algunas recetas fáciles de cocinar.

“No pude con mi genio, y acá estamos, con mi huertita para compartir aqui”, decía, y mientras avanzaba en sus obligaciones como encargado del puesto, seguía madurando la idea de retomar su emprendimiento como horticultor.

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