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Charla con el poeta chaqueño Tony Zalazar

“La poesía tiene el poder de abrirnos los ojos”

Le quedan algunos años para ser mitad chaqueño y mitad correntino. Tony nació en Barranqueras, es profesor de Letras y fundador del sello editorial Ananga Ranga Taller, junto a Luis Argañarás y Mario Caparra. 

Entre los libros que ha publicado se cuentan “Poemas de tractores” (2001) y “Dios TV” (2004), ambos junto a Mario Caparra; “Ser de ruido” (2006) y “Quherencia” (2009) y “Se llama epifora” (2017). En la colección Mulita publicó su libro de cuentos “Carece de madurez” 2013. Entre otras obras que lleva consigo en rondas de lecturas y ferias.

A pesar de ese profuso camino como escritor advierte que lee más de lo que escribe. Lee a cualquier hora y en especial libros de poesía. Cuando tiene tiempo libre escribe, y aunque ese tiempo es cada vez más reducido, siempre encuentra momentos para hacerlo.

Tony Zalazar

“Estoy seguro de que voy a encontrar espacio y tiempo para detenerme y asentar lo que registro mientras camino, pago las cuentas, doy clases o le preparo la leche a los chicos. La escritura no está sujeta a un espacio y tiempo determinados y se desarrolla de manera espontánea, cuando le presto especial atención a algo que veo, escucho o leo. Gran parte del tiempo voy pensando en versos, en historias para contar, así que el aura de la escritura va más allá del tiempo que pase sentado escribiendo”, explica.

“La mente funciona sin parar. Mientras camino, manejo, y también cuando estoy leyendo, surgen ideas. Todo se reduce a prestar atención a lo que irrumpe durante el día, a lo que me saca del automatismo con el que acostumbramos hacer las cosas. Ante estos hechos me detengo e intento sustraer algún sentido. Después está la instancia de sentarme a escribir y corregir”.

Creación

En el proceso de escritura escribe mucho. Escribe, escribe, escribe. Después relee. Y a veces, la mayoría de las veces, se da cuenta de que el texto no tiene la fuerza que quiso imprimirle. Entonces vuelve a escribir, vuelve a revolver la experiencia.

“Trato de abstraerme y leer el poema como si fuera de otro. Cuando leo de esa manera a veces encuentro que dice algo original y eufónico, o veo que la estructura está bien armada, y ahí descubro que hay un poema. Pero la mayoría de las cosas que escribo, cuando las releo, no me simpatizan”, desliza y suelta una sonrisa. Tony es una mueca feliz en un rostro amable, risueño, pletórico de vida.

Actualmente no usa redes sociales, únicamente Whatsapp. Sus poemas maduran de la mano de otros poetas y no se apura a compartir. Sobre lo que hacen algunos de sus colegas desliza que la urgencia por publicar suele ir en contra de la calidad de lo que se puede dar.

Él, en cambio, es de la vieja guardia. Valora el papel, aunque supo usar las redes sociales como tester de su poesía. Le sigue otorgando importancia al papel. “Me parece que el material publicado en las redes se lee de manera más superficial, la atención se fija menos en ese espacio pasajero, vertiginoso y chispeante. Igual, comprendo esa manera de publicar en redes, porque en definitiva lo que uno busca es comunicar. Y las palabras puestas en la web tienen un alcance insospechado. Siempre van a encontrar un lector que las aprecie y responda al mismo deseo de cercanía, y es vital que el otro se encuentre con vos en tus poemas”, sostiene.

El primer poema que escribió fue en la escuela primaria. La maestra había dado la consigna de escribir lo que quisiesen, abrió la ventana del aula y esa libertad fue preciosa. Él escribió sobre un pájaro, sobre el viento, sobre esa gran libertad que podía ver y tocar con las palabras.

Cuando terminó se lo leyó la maestra y sintió “cosquillas en las mejillas” al oír cómo sonaban en voz de la educadora. “Ahí descubrí que había algo extraño en ese uso distinto de las palabras”, subraya. Actualmente, comparte su proceso creativo con otros poetas, a quienes pasa sus creaciones para que ellos le hagan devoluciones que le permitan cerrar o seguir trabajando un poema.

“Hace poco le mandé un libro de haikus y tankas a los poetas Juan López, César Bisso y Silvina Giménez, y ellos me dieron una devolución muy práctica”, comenta.

Chaco – Corrientes

La rivalidad entre provincias trasciende el juego futbolístico. Se lleva a la vida misma, y la escena literaria no está al margen. A Tony Zalazar le faltan tres años para ser mitad chaqueño y mitad correntino. Consultado sobre dónde hay más actividad literaria, cree que en ambas orillas, aunque son muy diferentes, se gestan movidas nuevas y potentes.

“En el Chaco se hacen las cosas de manera más informal, sin tanto protocolo, y por esto me parece que son más pujantes. Dicen ‘vamos hacer una ronda de lectura’ y la hacen. Hay una generación que marcó la diferencia en este sentido. Los escritores del ’80, que desarrollamos nuestras actividades de manera independiente y autogestiva, logramos dar a conocer lo que pensamos y sentimos a puro empuje, ingenio y coraje”.

“La gente participa de las movidas que armamos, y eso empuja de alguna manera la actividad. En Corrientes hay un movimiento joven que convoca y que está gestando cosas nuevas, como la spoken, o los recitales musicales de un gran grupo de mujeres que se las traen. En su momento los slams de poesía reunían mucha gente y eso motivaba la creación. Para mí, desde los dos lados se están gestando y creando cosas significativas y desafiantes”, desliza, evitando polemizar, sin inclinar la cancha hacia uno u otro lado.

Sin embargo, donde sí hay diferencia (y ahí Tony no se guarda nada) es sobre la tradición poética de Corrientes y Resistencia. Explica que los poetas más conocidos del Chaco son de otros lugares: Meloni era de Bolívar, Molfino Vénere –el papá de Miguel Ángel Molfino- era de Saladillo, Veiravé de Entre Ríos.

“Eran poetas que llegaron de otro lado, con un espíritu renovador, que se aquerenciaron en tierra chaqueña”, advierte. En cambio, los poetas más significativos de Corrientes —como Madariaga, Cacho González Vedoya, Jorge Sánchez Aguilar, entre tantos otros— nacieron y se criaron en la provincia, y se embebieron de sus paisajes para luego leer el mundo y proyectar sus estéticas particulares, donde la naturaleza correntina y la lengua guaraní destellan sus poderes”.

“Y muchos de ellos son personas que se posicionan como vates que revelan las cuestiones que nos afectan como sociedad. Por ejemplo, ya en su tiempo Madariaga advertía sobre el descuido del medio ambiente”.

Mientras amasa las palabras, algunas se le escurren por los dedos. Entonces hace silencio, para repensar cada término. Vuelve tras una pausa, y mientras exhala lentamente hasta que todo queda ordenado casi como un poema: “La poesía tiene el poder de abrirnos los ojos y cuidar nuestras cosas. La tradición es muy rica en Corrientes. Caa Catí sigue erigiéndose como vertiente de la palabra. Desde Ituzaingó, Franco Rivero es el poeta más reconocido por sus poemas que nacen del amor, y se proyectan a la flora, a la fauna, al río”.

Destino tiempo a (otro anagrama)

Destino tiempo a las palabras

a desarmarlas con amor

a revisarles el sonido

a ver cómo refractan

-espejitos rotos-

el sol de la poesía.

Encuentro así, por ejemplo

entre las letras del destino

la inmanencia del sentido.

¿Qué designio secreto brotará

si revolvemos nuestro nombre?

Y desmenuzo entonces los vocablos

-crocantes de misterio-

y entre letras disueltas me busco

y me esquivo… ¿quién soy

sino el niño que juega a revolver

truculentas semillas con la lengua?

Y en las entrañas de la nada

destino      tiempo a

       un       poemita   que va a crecer

más cerca del olvido

                                  que de la vida

pero estirando siempre sus raíces

hacia el iris acuoso del recuerdo.

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