Rebelión en Macondo
“En la noche, después del toque de queda, derribaban puertas a culatazos, sacaban a los sospechosos de sus camas y se los llevaban a un viaje sin regreso. Era todavía la búsqueda y el exterminio de los malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Número Cuatro, pero los militares lo negaban a los propios parientes de sus víctimas, que desbordaban la oficina de los comandantes en busca de noticias. ´Seguro que fue un sueño´, insistían los oficiales. ´En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando, ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz´. Así consumaron el exterminio de los jefes sindicales”. (Gabriel García Márquez, “Cien años de soledad”)