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Hackers dejan sin combustibles a un tercio de EEUU

El día que las predicciones sobre seguridad industrial se hicieron realidad

“Hackers eran los de antes”, podría decirse, recordando cuando algún trasnochado se regocijaba enterándose por los medios de que su última creación se cargaba los discos y archivos de gente que no conocía.

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El ducto Colonial cubre las necesidades de combustibles de un tercio de EEUU.

Generalmente eso era todo, una autosatisfacción anónima compartida con un muy selecto grupo de iniciados que competían entre ellos para ver quién ganaba más espacio en los medios, haciendo daño sin ningún beneficio. Todo eso cambió: ahora los piratas van tras el dinero, no el de nuestra modesta cuenta de home banking, sino tras los billetes grandes.

El último episodio acaba de ocurrir en EEUU. El gobierno debió encender luces de alarma y autorizar de apuro la eliminación de restricciones al transporte de combustible por camiones, a raíz de la paralización de un oleoducto de 8.000 km que provee naftas al 31% del país y al 45% de la costa este.

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El primer indicio de que algo pasaba con Colonial fue la cantidad de camiones cargando naftas y circulando por las autopistas del sureste de EEUU.

  Horas después se supo que un ciberataque en modo “ransomware” penetró el sistema de The Colonial Pipeline Company, bloqueando el acceso a más de 100 Gigas de datos y exigiendo una recompensa para liberarlos.

"El 7 de mayo, Colonial Pipeline Company se enteró de que era víctima de un ataque de ciberseguridad. Desde entonces, hemos determinado que este incidente involucra ransomware. En respuesta, desconectamos proactivamente ciertos sistemas para contener la amenaza, que ha detenido temporalmente todas las operaciones del oleoducto. y afectó a algunos de nuestros sistemas de TI”, indicó un comunicado de la compañía que despertó de su somnolencia a todas las grandes industrias cuyos sistemas informatizados tienen hasta décadas de uso sin renovar debido a los altos costos.

Qué es un ransomware

Un ataque ransomware no busca apoderarse de ningún dato, sino de bloquear el acceso a estos. Para esta empresa gigante que maneja el oleoducto más importante de EEUU es catastrófico, ya que perdió el control de las presiones de cañerías y los desvíos de fluido a cada estado y ciudad. “El ataque fue contra el cerebro del sistema", según Niyo Pearson, asesor de petróleo y gas de Cynalytica, empresa de ciberseguridad. "Controla la configuración en la tubería, cuál es la presión, operación remota de válvulas". Los atacantes pidieron una enorme suma de dinero para liberar las contraseñas, pero la empresa -siguiendo instrucciones del Departamento de Estado- se negó a negociar esta especie de toma de rehenes que la obligó a reducir las entregas de 2,5 millones de barriles por día de naftas, diésel y combustible para aviones a través de 8.850 km de tuberías.

"Este es el mayor impacto en el sistema de energía en los EEUU que hemos visto de un ciberataque, punto final", dijo Rob Lee, director ejecutivo de la firma de seguridad de infraestructuras Dragos. "Tiene una capacidad real para impactar el sistema eléctrico de una manera amplia al cortar el suministro de gas natural a los generadores. Esto es un gran problema".

El momento de las teorías conspirativas

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A lo largo de 8.000 km, las tuberías de gas y combustible de avión, naftas y diesel son identificadas con carteles para evitar accidentes con maquinarias viales.

    Por estas horas, todos los medios “serios” y las redes sociales están llenos de comentaristas que apuntan sus dedos a Rusia, Corea del Norte e Irán, tres comodines que le sirven a EEUU para llevar adelante su política exterior casi sin oposición interna y muy poca en el exterior.

Pero resulta que no hay ningún indicio de quién o quiénes perpetraron el ataque y cómo sucedió. Un “ransomware” no entra solo al sistema, alguien tiene que abrirle la puerta ejecutando un programa oculto y no solo mirando fotos porno o las ofertas del “Black Friday” en la computadora del trabajo. El “ransomware” es una sofisticada secuencia que, además de cortar el libre acceso a los archivos, le da al atacante el control sobre el sistema víctima. 

Como la compañía y el gobierno no parecen dispuestos a dar mucha información, todo queda en el campo de la conjetura. Aunque se sabe que los datos involucrados llegan a más de 100 Gigabytes, una enormidad para un sistema industrial.

Patrick DeHaan, analista de petróleo de Gasbuddy, dijo a la agencia de noticias Reuters que "No esperaría que esto dure lo suficiente como para hacer que el precio del combustible o el suministro sean un problema. Los precios del gas aún no se ven afectados, y no deberían estarlo si las operaciones de Colonial regresan pronto” (un dato no menor es que los atacantes esperaron la llegada del verano para operar sobre el gas, algo que no parece muy inteligente si detrás estuviesen “cerebros” de alguno de los países sospechosos).

¿Delincuentes o excusas?

Sostener ligeramente que Rusia está detrás de esto (el propio Biden declaró que no le parecía posible) da qué pensar sobre un país que supuestamente fue capaz de poner un presidente en EEUU (la investigación sobre la injerencia rusa en la elección de Donald Trump sigue) y -ahora- de dejar sin gas ni nafta a medio país. ¿No aprovecharía ese poderío para conseguir metas más ambiciosas?

De todas maneras, los extremistas identificados con el ataque al Congreso hacen horas extra en las redes sociales, arengando a sus seguidores para que presionen a los legisladores con cartas pidiendo sanciones contra Rusia, ataques contra Irán y la invasión de Corea del Norte. Lo que desde nuestra lejanía suena absurdo, encuentra terreno fértil en un país capaz de conseguir que un señor disfrazado de Mel Gibson entre a sangre y fuego liderando una horda de fanáticos en el corazón del sistema democrático del país.

La agencia Bloomberg informó dos días después que tratar de reiniciar el flujo de gas y nafta por el oleoducto sin el auxilio de los sistemas informatizados requeriría que Colonial envíe decenas personas a varias instalaciones a lo largo de la línea; la experiencia necesaria para operar en esas condiciones es limitada, dijo.

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Una de las estaciones de distribución de combustibles que alimenta un oleoducto secundario de Colonia. Decenas de ellas se comandaban de manera remota con el sistema que fue hackeado.

   Bloomberg indicó -citando a dos personas involucradas en la investigación de Colonial- que los intrusos son parte de una banda de delitos cibernéticos llamada DarkSide, que tomaron casi 100 gigabytes de datos de la red de la compañía con sede en Alpharetta, Georgia, en solo dos horas, el viernes 7. Aparte de las inevitables prescripciones políticas de "culpar a Rusia" que probablemente ganen espacio, la mayor preocupación para el estadounidense promedio es: ¿cómo afectará esto a los precios de los combustibles?

Aun así, el ataque muestra cuán vulnerables pueden ser incluso las grandes multinacionales a los ciberataques y la importancia de contar con redes de ciberseguridad infalibles. La pregunta que está en la mente de todos ahora es: ¿podría haberse evitado esto? Para una empresa de la dimensión de Colonial, que opera un oleoducto de casi 9.000 km (longitud que duplica la distancia entre La Quiaca y Ushuaia), actualizar los sistemas de control técnicos y administrativos no es tan fácil como instalar un CD y -sobre todo- demanda un gasto enorme. Los piratas saben que esto es una realidad en las grandes empresas y procuran apuntar ahí sus cañones.

Una de las cosas más ominosas del “ransomware” es que nadie va a admitir que fue víctima, por el impacto que esto tendría en sus negocios. Así que muchos eligen pagar el rescate, recuperar el control del sistema y tratar de mejorar su seguridad.

The Colonial Pipeline Company informó en las últimas horas que contrató una reconocida empresa de ciberseguridad, pero ¿no es demasiado tarde?, ¿hubo manera de frustrar el ataque y no se llegó a tiempo? Es difícil de decir, ya que este tipo de ataque es único, en el sentido de que no tiene precedentes. Será interesante ver si se producen ataques similares en el futuro y cómo reaccionan las empresas de energía cuyo talón de Aquiles es lo que les permitió crecer, la informática.

--El oleoducto que opera Colonial Pipeline tiene casi 9.000 km. Más del doble de la distancia entre La Quiaca y Ushuaia.

--Colonial despacha por día más de 395 millones de litros de naftas para atender a unos 50 millones de consumidores.

Qué sucederá ahora 

El optimismo de que la pesadilla termine pronto para Colonial despertó leve confianza mientras la empresa insiste en que trabaja para restaurar gran parte de sus operaciones para este fin de semana.

De todas maneras, operadores reservaron al menos cuatro buques petroleros para almacenar productos refinados frente al centro de refinación de la costa estadounidense del Golfo de México, y los futuros de la nafta y el gas que habían subido regresaron a niveles previos a los del viernes 7, ante la perspectiva del reinicio de las operaciones.

Las reservas de nafta habrían caído en cerca de 400.000 barriles, estimaron analistas antes de los reportes del grupo de la industria Instituto Americano del Petróleo y de la gubernamental Administración de Información de Energía por las compras adelantadas de miles de operadores que intentan cubrirse de una posible escasez.

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