
Los juegos del agua
Desastres como el vivido con el agua en la semana que pasó nos permiten revivir un ritual casi tribal que probablemente exista para que podamos sentirnos más chaqueños. Compartimos el dolor, el miedo, la indignación, el desconcierto; participamos en la ruleta rusa que determina a quién le toca y a quién no; los gobernantes de turno prometen ocuparse de lo que nunca se han ocupado ellos ni sus predecesores (los que, a su vez, también tuvieron su oportunidad de efectuar los mismos juramentos); ayudamos a los desafortunados o les dedicamos cinco minutos de tristeza. Y así hasta que un día el sol regresa, los cielos negros se retiran del escenario y las cosas vuelven a estar en su lugar. Bah, en el lugar que les asignamos.







