
Pero Máxi se ríe
Preparan el teléfono para hacerle una foto, y Máxi sonríe. No tiene que forzar nada, porque él es así. Máxi sonríe mucho. A pesar de lo que pasó, a pesar de lo que le hicieron, a pesar de los más de dos años viviendo en hospitales, a pesar de que hasta sus padres perdieron la cuenta de la cantidad de cirugías a las que debió ser sometido. A pesar de que quien le cambió la vida de un modo brutal lleva cuarenta meses libre, “prófugo” de un sistema judicial y policial que pareciera no buscarlo. Como si no hubiese pasado nada. Pero sí que pasó.







