Resistencia35°Min. 22° • Max. 36°

La pobreza de la pobreza 

Los datos de pobreza difundidos por el Indec el jueves nos volvieron a poner a los chaqueños frente al espejo que más nos duele, el que, con cruel puntualidad, desde que existen las estadísticas oficiales, sitúa al Gran Resistencia como el conglomerado capitalino más postergado del país en términos sociales. Solo en contadas ocasiones, y retrocediendo mucho en el tiempo, los relevamientos del Indec mostraron en peor situación a jurisdicciones como Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Formosa o Corrientes. Pero si buscáramos una metáfora utilizando el historial del fútbol europeo, en materia de pobreza el Chaco sería algo así como el Real Madrid en la Champions League de la malaria ciudadana.

A manera de módico atenuante, puede citarse que el incremento de la tasa resistenciana estuvo a tono con un aumento a nivel país. En prácticamente toda la Argentina la pobreza medida oficialmente pegó un rebote, tras los descensos registrados en los informes semestrales anteriores. No sorprendió a nadie. Diversas estimaciones privadas anticipaban que sería así, y la única duda estaba en cuáles serían las cifras finales.

columna-sergio

Como también viene sucediendo, de los 31 centros urbanos relevados, Concordia volvió a hacernos el favor de robarnos el primer puesto, con una tasa de 56,2%. Pero en la franja en la que nadie pudo evitarnos el liderazgo fue la de la indigencia. El 17,3% del Gran Resistencia superó incluso a la localidad entrerriana. Solo cuatro distritos tienen indigencia de dos dígitos. El peor de esos somos nosotros. No es un dato para soslayar. La indigencia es un estado social que está incluido en la franja de pobreza y expresa su base más lacerante, porque involucra a personas que además de no poder satisfacer necesidades básicas en materia de acceso a bienes y servicios, tampoco pueden, siquiera, darse una alimentación diaria que satisfaga una demanda calórica mínima.

Datos

Como desarrolla la consultora Politikon Chaco, de Alejandro Pegoraro, con la habitual solvencia de sus datos, el ascenso de la pobreza en el Chaco es importante medido contra el semestre anterior (el dato difundido corresponde a los primeros seis meses de 2026), es decir la segunda mitad de 2025, pero casi imperceptible si la referencia fuera el mismo período del año pasado (el primer semestre de 2025). En el primer caso el 48,6% de ahora representa una suba de 6,4 puntos porcentuales y en el segundo de 0,5. Algo parecido sucedió con la indigencia: está 4,1 puntos arriba de la medición del semestre anterior y no empeoró tanto en el contraste interanual (+1,7 puntos porcentuales).

En valores absolutos, los números conocidos días atrás implican que en el área metropolitana hay 29.000 personas pobres más que en el segundo semestre de 2025, mientras que con respecto al primer semestre del año pasado la brecha es bastante más reducida, 3000 personas.

Políticamente, el detalle de los números es relativo. Lo que plantea la información del Indec es que la pobreza y la indigencia aumentaron, y eso siempre será un signo de fracaso o marcha errónea de una gestión. Al fin de cuentas, tanto el gobierno nacional como el provincial habían expuesto los descensos de las tasas, luego de la gestión kirchnerista cerrada en diciembre de 2023, como una demostración de que el rumbo elegido era el correcto. A la vez que, claramente, los incrementos en los años del peronismo gobernando la nación y la provincia también desnudaban la falacia del "modelo exitoso" con el que se pretendía disfrazar a un curanderismo económico cuya inviabilidad comenzó a estallar tres años atrás provocando el desgaste que le allanó a Milei el camino hacia la Casa Rosada. Las cifras de ahora dicen que, de nuevo, algo no funciona.

Contextos

Con todo, conviene agregar algunos datos de contexto. La pobreza del Gran Resistencia medida en el primer semestre de este año es inferior a cualquiera de las tasas registradas entre 2020 y 2023, es decir los cuatro años en los que gobernaron Alberto Fernández y su vice, Cristina Kirchner, a nivel nacional, y en el Chaco ocupaba la gobernación Jorge Capitanich. En ese período la medición más baja fue de 48,7%, en el primer semestre de 2020, y la más alta fue de 65,2% en la segunda mitad de 2023. Como para que quede claro que el cambio de tendencia en el presente (la pobreza había bajado de un pico de 76,2% en el primer semestre de 2024 a 42,2% en el segundo de 2025) no habilita a que la actual oposición se rasgue las vestiduras hablando del daño social de las políticas en marcha. Hemos estado incluso peor.

A la vez, la comparación tampoco puede hacer creer a quienes ocupan hoy el poder que las cifras conocidas tres días atrás están desprovistas de dramatismo. Ni llevarlos a pensar que no hay, allí, una alarma que suena con estridencia. ¿La escucha el gobierno libertario? ¿La escuchan sus aliados? El burdo intento de recortar fondos para las políticas sobre discapacidad y de ralentizar las actualizaciones de asistencias sociales clave como la Asignación Universal por Hijo, escondiendo esas medidas en el proyecto de presupuesto enviado al Congreso de la Nación, hace pensar que no.

Inconsciencia

Por otro lado, hay un proceso sobre el que los especialistas vienen advirtiendo desde hace años, y es que la pobreza en la Argentina va cristalizándose. Cada vez más, una franja amplísima de la población ya no es pobre solamente porque sus ingresos son bajos, sino porque el capital personal integral del que disponen para salir adelante es exiguo o inexistente. El desastre educativo, en eso, está muy presente. La escuela dejó de contribuir al ascenso social. De eso también se tienen que hacer cargo los genios que creyeron que la mejor manera de ayudar a chicos y jóvenes era promocionarlos de un nivel a otro sin necesidad de saber, de entender un texto, de poder realizar una operación matemática básica. Y frente a esa tragedia, ¿alguien está viendo una conciencia real de las autoridades por declarar a la educación en emergencia y orientar todo un conjunto de políticas públicas a que los chicos vayan al colegio, aprendan, estén lo suficientemente alimentados como para prestar atención, los buenos docentes sean reconocidos salarialmente como merecen y los que saltan de licencia en licencia tengan lo que les corresponde?

Hay órganos como el Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina, que desde hace bastante señalan que hay un tercio casi de la población nacional que lleva treinta años o más sumido en la pobreza, por lo cual su condición de pobre se tornó estructural. Ya no es una cuestión de tener la suerte de conseguir un buen empleo. Por un conjunto de razones, el "buen empleo" ya no estará a su alcance, ni siquiera en una economía floreciente. Es una tragedia casi digna de una posguerra. ¿Vemos a una clase política consciente de ese cuadro y dispuesta a un acuerdo de reconstrucción?

Es la pobreza de la pobreza. Ni el proyecto peronista de que todo el universo se adapte a su manera mágica de ver las cosas ni la ilusión libertaria de que el mercado resolverá hasta la última fisura social calzan con las necesidades de este momento. Ambos, de diferentes maneras, deterioraron los ingresos reales de las familias y, también con recetas distintas, les niegan a las pymes generadoras de empleo la posibilidad de sostenerse y sobrevivir a la irracionalidad impositiva y los costos locales invalidantes.

¿Son lo mismo? ¿Unos son menos malos que los otros? Son preguntas propias de un lugar del mundo en el que fuimos aceptando que las varas estén habitualmente bajas.

Te puede interesar