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La “célula papa”

El asombroso experimento que desafía los límites de la vida

El miércoles, un equipo de investigadores de la Universidad de Minnesota Twin Cities presentó al mundo un hallazgo que sacudió los cimientos de la biología sintética.

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   Con el liderazgo de la profesora Kate Adamala y el bioquímico Aaron Engelhart, los científicos lograron ensamblar desde cero un sistema celular artificial al que bautizaron como "SpudCell", en referencia a la papa. Este diminuto organismo sintético, construido exclusivamente a partir de componentes químicos no vivos, consiguió replicar algunas de las funciones más fundamentales de la vida: alimentarse, crecer, dividirse e incluso transmitir mutaciones a su descendencia.

   SpudCell representa un cambio radical en la forma de abordar la creación de vida artificial. Hasta ahora, los intentos más célebres, como la célula JCVI-Syn3A del Instituto Craig Venter, partían de organismos vivos de los que se iban eliminando genes hasta alcanzar un núcleo mínimo. Este enfoque "de arriba hacia abajo" contrasta con el utilizado por el equipo de Minnesota, que optó por un método "de abajo hacia arriba", construyendo la célula pieza a pieza desde sus componentes más básicos.

   La estructura de SpudCell es extraordinariamente simple. Su cuerpo es un liposoma, una esfera microscópica de grasas que imita la membrana de las células biológicas. En su interior alberga un sistema de expresión de proteínas conocido como PURE y, lo más sorprendente, un genoma artificial de apenas 90.000 pares de bases, distribuido en siete anillos de ADN llamados plásmidos. Este material genético contiene únicamente 36 genes esenciales, la mayoría procedentes de la bacteria E. coli, aunque también incluye algunos fragmentos virales y un gen de medusa que permite visualizar la célula bajo el microscopio. Los biólogos teóricos habían especulado previamente que el genoma mínimo absoluto para que una célula funcionara no podía ser inferior a 113.000 pares de bases, lo que hace que SpudCell desafíe las predicciones más conservadoras sobre los límites de la vida.

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   Pero quizá lo más fascinante de este sistema es su capacidad para exhibir comportamientos que recuerdan a los organismos vivos. Para alimentarse, SpudCell se fusiona con pequeños liposomas externos cargados de nutrientes, aunque solo aquellas células que producen suficiente cantidad de una proteína específica llamada alfa-hemolisina logran captar estos recursos.

   El proceso de división, sin embargo, requiere una intervención externa: los investigadores aplican fuerza mecánica haciendo pasar las células a presión a través de membranas con poros diminutos. A pesar de estas limitaciones, el sistema demuestra un principio evolutivo básico: cuando los científicos introducen una mutación ventajosa que mejora la capacidad de la célula para alimentarse, observan que esta variante se vuelve mayoritaria en la población tras solo cinco generaciones.

   Sin embargo, la comunidad científica se muestra cautelosa y no considera a SpudCell como un organismo vivo autónomo. El sistema es increíblemente frágil y depende por completo de un suministro externo constante de nutrientes y enzimas clave, careciendo además de mecanismos para eliminar sus propios desechos metabólicos. Su principal talón de Aquiles es la inestabilidad: después de unos cinco ciclos de división, la gran mayoría de las células hijas pierde la integridad de su genoma, y solo el 30% conserva el material genético completo, lo que provoca que la maquinaria molecular colapse y deje de funcionar.

   La forma en que se presentó este descubrimiento generó un intenso debate en la comunidad académica. El equipo de Minnesota envió su extenso manuscrito de 190 páginas a la prestigiosa revista Cell, pero fue rechazado. Según los reportes, un revisor llegó a argumentar que "esto no era biología". En lugar de buscar otra revista tradicional, Kate Adamala y su equipo tomaron una decisión radical: publicaron el trabajo completo en acceso abierto a través de una nueva organización sin ánimo de lucro llamada Biotic, creada específicamente para fomentar la investigación comunitaria y democratizar el acceso a estos hallazgos.

   Más allá de la controversia, SpudCell abre puertas inimaginables en la biotecnología y la medicina. Estas células artificiales podrían convertirse en fábricas microscópicas para producir fármacos, vacunas o compuestos químicos de alto valor sin los riesgos ecológicos de utilizar organismos vivos que puedan mutar o escapar al medio ambiente.

   Pero quizá su contribución más valiosa sea como herramienta para responder a preguntas fundamentales sobre el origen de la vida, ayudándonos a comprender qué componentes químicos mínimos son estrictamente necesarios para que la materia inerte transicione hacia sistemas biológicos funcionales. SpudCell no es vida, pero es el espejo más nítido que hemos construido hasta ahora de lo que pudo ser el amanecer de la vida en la Tierra.

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