El preocupante mensaje de las cuentas públicas en junio
El gobierno cosechó una cifra histórica de ingresos, pero la foto es engañosa: el fisco sufrió una caída real de casi el 8%. El plan de "déficit cero" enfrenta su prueba más dura.

El dato oficial llegó con bombos y platillos desde la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA, la nueva AFIP): en junio de 2026, el Estado ingresó la friolera de $20,02 billones de pesos. Si se compara con el mismo mes del año anterior, hay un crecimiento nominal del 23,7%. Sin embargo, cuando se enciende la calculadora y se descuenta el efecto de la inflación, el panorama se vuelve sombrío: los ingresos reales cayeron casi un 8% (7,4% según estimaciones técnicas). Nunca el Estado argentino recaudó tantos pesos... para comprar tan poco con ellos.
El misterio del "billete devaluado" en las arcas públicas
Este fenómeno no es un accidente estadístico, sino la radiografía exacta de una economía que sigue en caída libre. Durante el primer semestre del año, la recaudación acumulada aún muestra una suba del 25,9% en comparación con 2025, lo que había mantenido cierta tranquilidad en el Palacio de Hacienda. Pero el freno de junio enciende todas las alarmas: el gobierno ya no puede dormir tranquilo con la inercia nominal de los precios.
El principal responsable de este desplome en términos reales es el comercio exterior. Los Derechos de Exportación (las conocidas retenciones al campo y la industria) sufrieron un batacazo estrepitoso. Esto responde a dos factores letales: por un lado, el sector agroexportador liquidó menos divisas (ya sea por retenciones climáticas o por precios internacionales volátiles) y, por el otro, la industria nacional está exportando menos productos con valor agregado.
El resto de los grandes impuestos tampoco escaparon a la recesión. El Impuesto a las Ganancias mostró una fragilidad evidente frente a la inflación: si los salarios y las ganancias corporativas no crecen en términos reales, la recaudación real se desploma. El IVA, que depende del consumo, también está sintiendo el rigor del ajuste en los bolsillos de las familias.
El "déficit cero" y la trampa que viene
Para entender por qué este número es crítico, hay que recordar el pilar de la política económica actual: el superávit fiscal. El gobierno prometió no gastar más de lo que ingresa para ponerle un piso a la inflación. Pero si los ingresos reales caen, el Ministerio de Economía tiene dos opciones, y ambas son dolorosas:
Recortar el gasto aún más: Aplicar el famoso "tijeretazo" a jubilaciones, salarios estatales y obra pública. Esto, en el corto plazo, salva los números contables, pero profundiza la recesión. Menos obra pública significa menos puestos de trabajo; menos salarios reales implican menos consumo.
Entrar en la trampa de la recaudación: El gasto público no es un lujo, es la inyección de dinero que mueve la economía. Cuando el Estado ajusta su gasto, la economía se enfría aún más, el consumo cae, y al mes siguiente el IVA recauda menos. Es un círculo vicioso: se ajusta para no perder, pero al ajustar se pierde más capacidad de ingresos futuros.
Este es el dilema de junio de 2026: el gobierno logra "maquillar" las cuentas gracias a que la inflación empuja los precios hacia arriba (y por lo tanto los pesos que ingresan son más billetes), pero la base real de la economía —producción de bienes, exportaciones y consumo familiar— se está desintegrando.
¿Qué esperar para el segundo semestre?
Con este panorama, los economistas anticipan un segundo semestre de máxima tensión. El equipo económico deberá redoblar el esfuerzo de ajuste para no romper el ancla del superávit. Sin embargo, hacerlo implicaría castigar aún más la demanda interna y la industria nacional. Es la espada de Damocles de la política de "déficit cero": cuando la recaudación cae en términos reales, el sueño del equilibrio fiscal se convierte en una pesadilla recesiva.
La fotografía de junio es clara: Argentina llegó al ecuador del año con el pie en el freno y el motor económico calentándose por inercia. El gobierno puede presumir de números nominales récord, pero la realidad real (la que se ve en los mostradores de los comercios y en la liquidación de los exportadores) advierte que el ajuste no ha terminado. Al contrario, recién empieza su capítulo más difícil.
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