Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
“En seis meses la perdimos”

La madre que desafía a Meta y TikTok en los tribunales

El tiempo, o más bien la falta de él, es lo que más desgarra a Irene Roggero. Su hija Rossella tenía doce años cuando, en enero de 2024, decidió quitarse la vida. "Y todavía no sabemos por qué", confiesa Irene con la voz rota. Lo único que tiene claro es la velocidad del derrumbe: "Todo fue rapidísimo. En seis meses la perdimos y no había dado señales ni a nosotros ni a la psicóloga que la seguía".

Irene Roggero2

   Esa rapidez devastadora es lo que ha llevado a esta madre italiana a cruzar los puentes de la desesperación y plantarse ante dos de las mayores tecnológicas del mundo. Irene se ha sumado a una demanda colectiva contra Meta y TikTok, impulsada por la asociación de padres Moige y el despacho Ambrosio & Commodo de Turín, para exigir mecanismos reales de protección a los menores. Su objetivo: que las plataformas suspendan los perfiles de usuarios cuya edad no haya sido verificada de forma efectiva hasta que existan herramientas realmente fiables.

El algoritmo como jaula emocional

   Tras la tragedia, Irene y su marido registraron el teléfono y la notebbok de Rossella. Lo que encontraron les heló la sangre. No había mensajes de acoso, ni rastro de un acosador o de un instigador concreto. En su lugar, había un dietario digital de la tristeza: reels de lluvia incesante, rostros desgarrados, paisajes solitarios y dibujos de jóvenes rotos. La niña buscaba activamente contenidos melancólicos y el algoritmo, fiel a su lógica, se los devolvía multiplicados por mil.

   "Ella no estaba manipulada ni creo en la instigación directa, tenía sus propias ideas", matiza Irene. "Pero el algoritmo desempeñó un papel. Rossella buscaba tristeza y el algoritmo le devolvía más tristeza, hasta encerrarla en una jaula emocional". La paradoja era brutal: mientras en el mundo real la adolescente dormía bien, comía con normalidad, no perdía peso y seguía viendo a sus amigos, en el mundo digital construía un pensamiento suicida en completo silencio.

La batalla legal y sus tres frentes

   La demanda, que el Tribunal de Milán empezará a estudiar en profundidad el próximo otoño, no es un arrebato de dolor. Según explica el abogado Stefano Bertone, los padres se sumaron a un movimiento que ya venía gestándose antes de la muerte de Rossella. "Nosotros no habríamos tenido ni la lucidez ni la energía para enfrentarnos solos a estos gigantes después de una tragedia así", admite Irene. "Nuestra mente solo tenía espacio para la desesperación, la culpa y las preguntas sin respuesta".

   La ofensiva judicial se articula en tres demandas concretas. La primera: bloquear todas las cuentas de menores de 16 años y verificar la edad de los usuarios con métodos efectivos, no con meras casillas de verificación. La segunda: abolir los mecanismos coercitivos que generan dependencia psicológica, como el scroll infinito que atrapa la atención de los jóvenes durante horas. La tercera: impulsar campañas de información obligatorias en los colegios sobre los riesgos del uso de las redes sociales.

Un cambio de rumbo global

   La muerte de Rossella se produce en un momento de inflexión mundial. Australia ha aprobado algunas de las leyes más restrictivas del planeta para limitar el acceso de los menores a las plataformas. El Reino Unido, de la mano del primer ministro Keir Starmer, estudia nuevas barreras para los menores de 16 años. Y en España, el Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto el debate sobre la verificación de edad. "El Gobierno español ha tenido valor", celebra el abogado Bertone. "Ahora espero que surjan iniciativas judiciales similares también allí".

   Irene insiste en que los controles parentales no son la solución. Su hija utilizaba cuentas secretas de Instagram y TikTok que ellas desconocían por completo. "Conseguía eludirlos. Descubrimos todo cuando ya era demasiado tarde", se lamenta.

  Ahora, frente al vacío inmenso que dejó Rossella, esta madre solo pide tiempo. Pero no para ella, sino para los demás. "No hay tiempo. Se está produciendo una tormenta perfecta y hay muchos chicos a los que hay que salvar deprisa". Su voz se quiebra al despedirse, pero su mensaje queda nítido: quizá, si los algoritmos no pueden frenarse, al menos la justicia pueda obligar a las redes a mirar de frente a los menores que están cayendo.

Notas relacionadas
Más de Salud Mental+ Ver todas
Te puede interesar