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"Nadie está exento"

Mucha preocupación en el sistema de salud por sustracción de drogas controladas

La semana pasada se viralizaron audios sobre encuentros entre médicos que consumían propofol y fentanilo sustraídos de hospitales.

El silencio en el sistema de salud frente a la sustracción de fármacos para consumo fuera de las instituciones es inversamente proporcional a la creciente preocupación entre directivos y autoridades.

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"El acceso a sustancias psicotrópicas y el conocimiento técnico son una combinación de alto riesgo", indican especialistas en Psiquiatría.

"Nadie está exento" es la respuesta más escuchada. En paralelo, profesionales coinciden en que el abuso de drogas utilizadas para anestesia, sedación o analgesia habría aumentado entre el personal con acceso a esos medicamentos, cada vez más exigido y a edades más tempranas.

Sin embargo, no se habla ni se releva de manera sistemática. La semana pasada se viralizaron audios sobre encuentros entre médicos que consumían propofol y fentanilo sustraídos de hospitales. En esos audios se mencionaba la muerte de Alejandro Zalazar, un médico de 31 años que había concluido la residencia en anestesiología en el Hospital Rivadavia.

En 2024, Zalazar había dado negativo en las pruebas aleatorias que la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba) hace a los residentes. Esos testeos no se hacen en el lugar de trabajo, sino durante las clases teóricas.

La Aaarba tiene unos 2800 miembros, pero solo puede controlar a médicos en formación del sistema público porteño y bonaerense que firman un consentimiento. Al resto, solo se los controla ante denuncias. Si un residente da positivo, se informa al hospital. Si un anestesiólogo consume, se abre un sumario y puede ser apartado o expulsado.

"Hay anestesiólogos expulsados que siguen ejerciendo", criticó una fuente. Christian Höcht, profesor de Farmacología de la UBA, señaló: "Lo que falta es trazabilidad desde la preparación hasta la administración al paciente".

El propofol no es una sustancia controlada y su amplio uso facilita la sustracción. Su abuso solo es posible en personal de salud por el conocimiento técnico que requiere. Ricardo Corral, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras, citó un estudio: 64,5% de los médicos padece burnout, con picos de 78,7% en menores de 35 años. "El acceso a sustancias psicotrópicas y el conocimiento técnico son una combinación de alto riesgo", afirmó.

Alejandro Ayala, familiar de una víctima del fentanilo contaminado, dijo: "El uso recreativo de fármacos hospitalarios como propofol y fentanilo requiere una respuesta urgente. La muerte de Zalazar expone una falla que ya había quedado al descubierto en la tragedia del fentanilo".

Desde el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos, Marcelo Peretta reclamó explicaciones sobre "qué está pasando con el control de medicamentos" y advirtió que hace más de una década vienen señalando estas irregularidades sin respuestas. En septiembre pasado, la Anmat incluyó al propofol y el fentanilo entre las drogas bajo trazabilidad, pero Ayala apuntó que no regula lo que pasa dentro de los hospitales.

"El sistema sigue sin poder asegurar quién recibió cada ampolla. Es en ese vacío donde se habilita el desvío". La Unión Argentina de Salud pidió un abordaje integral: trazabilidad, programas de apoyo al personal y formación continua. "Cuidar a los profesionales no es solo justicia hacia ellos, es la única forma de garantizar la seguridad del paciente", concluyó Corral.

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