El avance médico que busca devolver el tacto humano
En abril de 2025, un paciente ruso de 53 años volvió a escribir, conducir y realizar tareas cotidianas con su propia mano.

No era una prótesis ni un dispositivo robótico: era una mano trasplantada. La intervención, realizada en el Instituto de Urgencias N. V. Sklifosovsky, marcó el inicio de una nueva etapa en la medicina rusa y se convirtió en el primer trasplante de mano realizado con éxito en el país.
El procedimiento fue fruto de la colaboración entre varios centros de investigación y universidades, entre ellos la Universidad Sechenov, el Instituto de Cirugía Plástica de Moscú y especialistas internacionales, incluidos médicos de la Universidad de Guangxi. La operación duró más de nueve horas y consistió en conectar arterias, venas, nervios, músculos y tendones de la extremidad donada con los tejidos del receptor.
Tres meses después, el resultado sorprendió incluso a los propios médicos: el paciente había recuperado sensibilidad y podía realizar movimientos complejos. La cirugía fue considerada un hito para la microcirugía reconstructiva en Rusia.
Un segundo paso aún más complejo
El avance no se detuvo allí. En febrero de 2026, el mismo instituto llevó a cabo una operación todavía más ambiciosa: el primer trasplante bilateral de manos del país. El paciente, un hombre de 42 años, recibió ambas extremidades en una intervención que se prolongó durante cerca de 13 horas.
Los médicos informaron que, pocas semanas después de la cirugía, el paciente ya podía mover activamente los dedos, sostener objetos ligeros y comenzaba a recuperar sensibilidad. Si la rehabilitación continúa según lo previsto, se espera que alcance una recuperación funcional considerable en los próximos meses.
Este tipo de operación es uno de los desafíos más complejos de la cirugía reconstructiva moderna. A diferencia de un trasplante de órgano —como el de riñón o hígado—, el trasplante de una mano implica reconstruir simultáneamente múltiples sistemas biológicos: huesos, músculos, tendones, vasos sanguíneos, nervios y piel. Todo debe conectarse con precisión microscópica para que el miembro vuelva a funcionar.
Microcirugía al límite
Los cirujanos que realizan estas intervenciones utilizan técnicas de microcirugía extremadamente delicadas. Bajo un microscopio quirúrgico, deben unir vasos sanguíneos de apenas milímetros de diámetro y reconstruir redes nerviosas que permitan transmitir impulsos eléctricos desde el cerebro hacia los músculos.
La complejidad es tal que algunos trasplantes de manos realizados en el mundo han llegado a durar más de 20 horas. Cada estructura debe alinearse con precisión: los huesos se fijan con placas metálicas, los tendones se suturan uno por uno y los nervios se reconectan con la esperanza de que, con el tiempo, vuelvan a transmitir sensibilidad y movimiento.
La recuperación no depende solo de la operación. Después del trasplante comienza una etapa larga de rehabilitación, que puede incluir meses o incluso años de fisioterapia diaria para reaprender movimientos y fortalecer los músculos.

El principal enemigo: el rechazo
Pero el mayor desafío de este tipo de trasplantes no es solo quirúrgico. Es inmunológico.
El sistema inmunitario humano está diseñado para identificar y destruir cualquier tejido extraño. Por esa razón, un órgano o una extremidad trasplantada puede ser atacada por el propio organismo del paciente.
En los trasplantes de manos, el riesgo es particularmente alto. La piel —uno de los componentes principales del injerto— es uno de los tejidos más "antigénicos" del cuerpo, es decir, uno de los que más fácilmente desencadena una respuesta inmunológica.
Los estudios médicos indican que alrededor del 85% de los pacientes experimentan episodios de rechazo agudo durante el primer año. Estos episodios pueden manifestarse con inflamación, dolor, enrojecimiento o erupciones cutáneas. Aunque suelen controlarse con medicación, pueden repetirse varias veces.
Existe además el riesgo de rechazo crónico, que puede aparecer meses o años después del trasplante. En esos casos, el sistema inmunológico daña lentamente los tejidos del injerto, lo que puede terminar provocando la pérdida de la extremidad trasplantada.
Medicación de por vida
Para evitar este problema, los pacientes deben tomar medicamentos inmunosupresores durante toda su vida. Fármacos como tacrolimus, micofenolato o corticosteroides reducen la actividad del sistema inmunitario y ayudan a proteger el injerto.
Sin embargo, estos medicamentos no están exentos de efectos secundarios. La inmunosupresión prolongada puede aumentar el riesgo de infecciones, cáncer de piel, hipertensión, diabetes, daño renal u osteoporosis.
Por esa razón, los médicos seleccionan cuidadosamente a los candidatos para un trasplante de manos. No solo deben estar físicamente preparados para la cirugía, sino también comprometidos con el tratamiento y el seguimiento médico durante toda su vida.
¿Trasplante o prótesis?
Otro debate que rodea a este tipo de procedimientos es el económico. Los trasplantes de manos son extremadamente costosos. Diversos estudios estiman que el costo total de un trasplante unilateral —incluyendo cirugía, hospitalización, medicamentos inmunosupresores y controles médicos de por vida— puede superar los 500.000 dólares.
Las prótesis, en cambio, suelen ser mucho más baratas. Un dispositivo mecánico básico puede costar entre 20.000 y 25.000 dólares, mientras que una prótesis biónica avanzada puede oscilar entre 15.000 y 60.000 dólares en su versión inicial.
Incluso considerando el mantenimiento y reemplazo periódico de estas prótesis, el costo total a largo plazo suele ser menor que el de un trasplante.
Sin embargo, las prótesis tienen limitaciones importantes. Aunque las más avanzadas utilizan sensores musculares para mover los dedos, todavía no pueden reproducir plenamente la sensibilidad del tacto humano ni la precisión motora de una mano biológica.
Un trasplante exitoso, en cambio, puede devolver funciones más naturales: sentir la temperatura, percibir texturas o realizar movimientos complejos con mayor precisión.
El factor humano
Además de los aspectos médicos y económicos, existe un componente psicológico crucial. Adaptarse a una mano trasplantada puede ser emocionalmente complejo para algunos pacientes.
En ciertos casos se ha observado rechazo psicológico del injerto: algunos pacientes sienten que la mano no les pertenece o experimentan estrés durante el largo proceso de rehabilitación.
Por eso, los programas de trasplante suelen incluir evaluaciones psicológicas previas y apoyo terapéutico durante todo el proceso.
El futuro de los trasplantes de extremidades
A pesar de las dificultades, los avances recientes sugieren que los trasplantes de manos podrían volverse más frecuentes en el futuro.
Los investigadores trabajan en nuevas estrategias para reducir el rechazo inmunológico, como terapias celulares o técnicas que permitan "reprogramar" el sistema inmunitario para que acepte mejor el injerto.
También se desarrollan métodos quirúrgicos más rápidos y precisos, así como programas de rehabilitación más eficaces.
Mientras tanto, las operaciones realizadas en el Instituto Sklifosovsky representan un paso importante en esta dirección. Para los pacientes que han perdido una extremidad, el objetivo final de estas investigaciones es simple, pero profundamente humano: devolver no solo la función de una mano, sino también la capacidad de sentir el mundo con ella.
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