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Las Piedritas descansa sobre la cama de los dinosaurios

Un viaje al abismo del tiempo en el Chaco

Cerca del límite con Santiago del Estero, emerge una anomalía geológica que funciona como una "ventana" al subsuelo más profundo.

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   Al transitar por la Ruta 6, a unos 20 km al NO de Las Breñas, el observador se encuentra inmerso en la vastedad del Chaco Austral. Es un paisaje dominado por el monte espinoso y una llanura aluvial que parece extenderse eternamente bajo una horizontalidad inquebrantable. En una región donde los sedimentos modernos suelen sepultar la historia terrestre bajo cientos de metros de arcillas y limos, este afloramiento rompe la monotonía para revelar un perfil rocoso que desafía la percepción común de la llanura chacopampeana como un terreno meramente "joven".

   Este sitio no es solo un enclave de importancia económica estratégica; es un registro cronológico donde cada centímetro de piedra narra eventos de escala planetaria. La tesis es clara: la aparente sencillez del relieve chaqueño oculta una columna estratigráfica compleja que conecta la actividad industrial del presente con ecosistemas mesozoicos y basamentos continentales antiquísimos. Para descifrar este afloramiento, debemos primero elevar la mirada hacia el relieve que lo hace posible.

Las Lomadas de Otumpa

   Estas lomadas representan un hito estructural en medio de la planicie. No son simples colinas producto del azar, sino de un abombamiento o cresta estructural generado por la reactivación tectónica de fallas profundas, vinculadas con estructuras como la Fosa de Las Breñas hacia el este. Este proceso de ascenso, ocurrido durante el Cenozoico, permitió que bloques de rocas antiguas y resistentes alcanzaran la superficie, venciendo el enterramiento masivo de la Cuenca Chacoparanaense.

   La configuración de este paraje, situado cerca de la histórica Línea de Olmos que marca la frontera interprovincial, es el resultado de una erosión diferencial implacable. A lo largo de milenios, los elementos eliminaron los sedimentos más blandos del entorno, dejando resaltadas las cuarcitas y areniscas de la Formación Las Piedritas. Este fenómeno transformó lo que debería ser una pampa horizontal en un terreno de "pequeñas piedras" —bloques y guijarros dispersos— que hoy dan nombre al lugar y nos permiten asomarnos a la profundidad de los estratos donde aguardan los restos de un pasado remoto.

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Lecho de gigantes

   Bajo la superficie que hoy pisamos en la cantera, se extiende un capítulo fundamental: el Mesozoico. A profundidades que oscilan entre los 200 y los 1.000 metros, la geología regional revela la presencia de la Formación Buena Vista (o Tacuarembó). Este nivel está compuesto por potentes depósitos de areniscas rojas continentales, testigos de una era de extensión rift.

En aquel entonces, la corteza terrestre se fracturaba, creando fosas o "valleys" tectónicos que fueron ocupados por ríos entrelazados y lagos en llanuras áridas. Este era el escenario donde los dinosaurios vagaban, dejando su huella en lo que hoy conocemos técnicamente como "camas rojas". La importancia de este dato trasciende lo anecdótico: estas formaciones continentales constituyen la base física y el soporte estructural sobre el cual se asienta el depósito superior de la cantera. La infraestructura moderna del Chaco se apoya, literalmente, sobre el antiguo hogar de los gigantes del Mesozoico, un peldaño en una escalera cronológica que desciende aún mucho más.

Un descenso al basamento de Gondwana

   La cantera Las Piedritas es un libro abierto que permite una lectura sistemática de la historia de la Tierra. Si iniciamos un descenso narrativo desde la superficie, nos encontramos primero con el Holoceno y Pleistoceno (0-10 m), donde los suelos actuales (entisoles y vertisoles) y sedimentos eólicos definen la cara moderna del Chaco. Inmediatamente debajo, entre los 100 y 500 metros, las arcillas y limolitas rojas del Grupo Chaco (Formación Mariano Boedo) nos hablan del Mioceno y Plioceno, una época marcada por la subsidencia del antepaís andino que traía sedimentos desde los nacientes Andes.

   Al alcanzar el nivel de explotación de la cantera, entramos en la Formación Las Piedritas. Datada con cierta incertidumbre como Cretácico superior? – Eoceno? (20-50 m), esta unidad de cuarcitas y areniscas representa depósitos de antiguos ríos entrelazados que hoy emergen como lomadas. Siguiendo la caída hacia el abismo, atravesamos el ciclo mesozoico de las areniscas rojas hasta llegar al Paleozoico profundo (más de 2.000 metros). Aquí, las formaciones Las Breñas, Copo y Sachayoj registran un pasado de mares antiguos y glaciaciones permianas, cuando la cuenca apenas comenzaba su hundimiento inicial sobre el basamento rígido.

   Finalmente, en la base de esta columna de 5 kilómetros de espesor, alcanzamos el Basamento (600 Ma). Se trata del Cratón del Río de la Plata, compuesto por metasedimentitas ligadas a la Orogenia Famatiniana. Este núcleo precámbrico estable formaba parte del margen occidental de Gondwana. Así, en apenas unos metros de excavación visible, la cantera nos ofrece una ventana a un viaje que comenzó en el supercontinente original, antes de que existiera siquiera la idea de Sudamérica.

Secretos en el sedimento

   La reconstrucción de la vida antigua en el Chaco es una tarea de precisión, ya que la profundidad de los depósitos fértiles dificulta los hallazgos superficiales. Sin embargo, la micropaleontología de pozos (respaldada por estudios del Servicio Geológico Minero Argentino, SEGEMAR) compensa esta escasez de grandes piezas. Los microfósiles son los verdaderos cronistas de las transgresiones marinas miocenas que inundaron el centro del continente.

   La presencia de foraminíferos bentónicos como Ammonia y Elphidium, junto a ostracodos y restos de equinoideos en los horizontes inferiores, confirma la existencia de fondos litorales someros de influencia marina durante la transgresión "Patagoniana". Mientras que en formaciones como Paraná o Ituzaingó abundan los restos de grandes cetáceos, aquí la ciencia se apoya en lo invisible a simple vista para reconstruir el avance de los mares epicontinentales sobre la Cuenca Chacoparanaense.

El valor de la piedra antigua

   La relevancia de la Formación Las Piedritas no es exclusivamente académica; es el motor que sostiene la infraestructura moderna. La cantera produce piedra triturada de alta calidad a partir de octocuarcitas y areniscas feldespáticas. Estas rocas, cuya dureza es fruto de procesos ocurridos en el amanecer del Terciario, poseen una composición petrográfica dominada por el cuarzo.

   Como expertos, es vital señalar un detalle técnico: la textura y química de estas cuarcitas pueden favorecer la reacción álcali-sílice en el cemento portland, un factor crítico que la ingeniería civil debe considerar. No obstante, es precisamente la resistencia de estas rocas milenarias lo que garantiza la durabilidad de la Ruta 6, el cordón umbilical que conecta la cantera con Las Breñas, con Sachayoj, y con el resto de la región. Existe una dualidad fascinante: la estabilidad de los caminos de hoy depende de la solidez de sedimentos consolidados hace millones de años.

Las Piedritas, eco de los siglos 

   La cantera es un monumento geológico que nos obliga a reconsiderar nuestra posición en el tiempo. Es el punto de contacto donde la industria moderna del Chaco se estrecha la mano con la costa del subcontinente Gondwana. Al tocar estas cuarcitas pulidas por el viento, no solo estamos ante un recurso económico, sino ante un testimonio tangible de una travesía que inició hace 600 millones de años, atravesó la "cama de los dinosaurios" y culminó en la llanura actual.

   Preservar y estudiar este afloramiento es una obligación científica. Las Piedritas no es solo una mina de piedra; es un patrimonio irremplazable de la provincia del Chaco que nos permite leer el libro de la Tierra en un lugar donde se creía que las páginas estaban perdidas bajo el suelo. En este rincón del mundo, el abismo del tiempo se vuelve materia, recordándonos que el progreso de hoy se cimenta sobre la memoria pétrea de eras olvidadas.

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