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Premio Nobel de Química 2025

Los arquitectos invisibles de la materia

El Premio de la especialidad fue otorgado este miércoles al japonés Susumu Kitagawa, al británico Richard Robson y al jordano-estadounidense Omar M. Yaghi por el desarrollo de las estructuras metalorgánicas (MOFs, por sus siglas en inglés), nueva arquitectura molecular que abrió un horizonte revolucionario en la ciencia de los materiales.

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   Estas estructuras son como esponjas cristalinas con cavidades diminutas capaces de capturar, almacenar y liberar gases o líquidos de manera selectiva. Gracias a ellas, hoy es posible imaginar soluciones concretas a problemas globales como la captura de dióxido de carbono, la obtención de agua del aire en regiones áridas, el almacenamiento seguro de hidrógeno o la eliminación de contaminantes del agua.

Los pioneros del nuevo material

   Richard Robson, nacido en 1937 en Glusburn (Reino Unido) y profesor en la Universidad de Melbourne, sentó las bases del campo en 1989 al construir el primer cristal poroso ordenado, combinando iones metálicos de cobre con moléculas orgánicas.

   El japonés Susumu Kitagawa (Kioto, 1951), profesor distinguido de la Universidad de Kioto, descubrió que los gases podían fluir dentro y fuera de esas redes, demostrando su flexibilidad y respiración molecular.

   Por su parte, Omar M. Yaghi (Amán, 1965), profesor en la Universidad de California en Berkeley, perfeccionó la síntesis de estructuras estables y definió el concepto de "Metal–Organic Framework", acuñando el término y el lenguaje con el que hoy se describe todo el campo.

Qué son las estructuras metalorgánicas

   Las MOFs están formadas por nodos metálicos (como cobre, zinc o hierro) conectados mediante moléculas orgánicas que actúan como puentes. El resultado es una red tridimensional de poros ordenados cuya superficie interna puede ser enorme: un solo gramo puede tener el área de un campo de fútbol.

   Esa inmensa superficie las convierte en trampas moleculares programables. Se pueden diseñar MOFs que retengan solo CO₂, que capturen vapor de agua o que almacenen hidrógeno sin riesgo de explosión. También se exploran aplicaciones médicas, como el transporte selectivo de fármacos, donde la estructura se descompone solo en contacto con células enfermas, liberando el medicamento justo donde se necesita.

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Ciencia al servicio de los grandes desafíos

   Uno de los mayores impactos de este avance es su potencial ambiental. Varias empresas experimentan con torres de MOFs capaces de absorber CO₂ directamente del aire o de los gases industriales. Otros grupos trabajan en sistemas de captación de agua atmosférica, capaces de producir litros de agua potable diaria en desiertos, utilizando únicamente la energía del sol para liberar el vapor acumulado durante la noche.

   En el terreno energético, las MOFs están llamadas a desempeñar un papel clave en la economía del hidrógeno. Su estructura porosa permite almacenar grandes volúmenes del gas a presiones mucho menores que las de los tanques tradicionales, mejorando la seguridad y eficiencia de los futuros vehículos de hidrógeno.

Un nuevo lenguaje para la materia

   El trabajo de Yaghi, Kitagawa y Robson transformó la química de los materiales: ya no se trata solo de descubrir compuestos, sino de diseñarlos átomo por átomo. En lugar de depender de lo que ofrece la naturaleza, los científicos pueden crear materiales a medida, con propiedades predecibles y controladas.

   En palabras de la Academia Sueca, los premiados "abrieron una nueva dimensión en la química", demostrando que el espacio vacío —el hueco entre los átomos— puede ser el componente más valioso de un material.

   Así, el Nobel de Química 2025 reconoce no solo una invención científica, sino una nueva forma de pensar la materia. Las estructuras metalorgánicas son el esqueleto invisible de un futuro más limpio y sostenible: redes de átomos que respiran, absorben y liberan, preparadas para filtrar nuestro aire, almacenar nuestra energía y transformar nuestro entorno.

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