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La bolsa de 18 kilos se paga en el campo unos $2500

La papa no cubre costos y temen por la importación

La producción argentina atraviesa una fuerte crisis. Exceso de oferta, caída de exportaciones y amenaza de importaciones desde China golpean al sector.

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   Según Alfredo Pereyra, presidente de la Federación Nacional de Productores de Papa (Fenapp), este año se sembró un 10% más que el anterior, lo que generó superproducción. La situación se agravó porque Brasil, principal destino de exportación, redujo compras y optó por abastecerse de papa europea. Además, empresas procesadoras instaladas en el país, como Lamb Weston, disminuyeron su demanda debido a la caída de sus ventas a Brasil.

   El clima también jugó en contra. Las lluvias y heladas retrasaron cosechas y afectaron la calidad, lo que obligó a colocar mayor volumen en el mercado interno, desplomando los precios. En el campo, una bolsa de 18 kilos se paga $2.500, y en el mercado mayorista llega a $3.000-$3.500. Sin embargo, al productor le quedan márgenes ínfimos: de los $2.500, debe descontar unos $700 para cosecheros, $400 por la bolsa y otros costos de maquinaria.

   Producir una hectárea de papa requiere entre u$s 8.000 y u$s 10.000, en gran parte insumos dolarizados como semillas y agroquímicos. El cobro en pesos y la necesidad de reinvertir en dólares generan una presión financiera insostenible. Pese a la crisis, la papa debe cosecharse, aunque para fin de año podría haber escasez por el daño climático.

   En cuanto al consumo, la papa fresca mantiene su demanda, pero los derivados (prefritos congelados) caen. En este rubro, empresas estadounidenses como Lamb Weston y McCain buscan consolidar en el sudeste bonaerense un polo exportador hacia Brasil, Uruguay y la región, reduciendo su dependencia del mercado argentino.

   La amenaza de importación desde China es cada vez más concreta. En Chile, las papas precongeladas chinas ya compiten con precios 15-20% más bajos que los de Europa o EEUU. En la Argentina, la flexibilización de importaciones, la suspensión temporal de impuestos a alimentos y la posibilidad de financiar compras externas en dólares a 30 días crean un escenario propicio para que ingresen papas congeladas extranjeras.

   Entidades industriales alertan que la apertura ya generó un ingreso masivo de alimentos importados en otros rubros —tomates enlatados, lácteos, pastas, miel y vino— y que las papas congeladas podrían ser el próximo producto afectado. La preocupación radica en que estos productos suelen llegar con subsidios, mientras los productores locales operan con altos costos y un mercado interno deprimido.

  La presión importadora, sumada al excedente global de papa —con China y Egipto exportando masivamente a Europa—, termina impactando en Argentina. Brasil, al recibir más papa europea, reduce compras a productores nacionales, profundizando la crisis. "Estamos trabajando a pérdida y con desigualdad de condiciones. La situación es muy compleja", concluyó Pereyra, advirtiendo que sin medidas de protección, el futuro del sector está en riesgo.

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