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De la granja a la mesa: la historia chaqueña detrás de Frigoporc

Con raíces familiares, ADN ucraniano y visión emprendedora, Frigoporc construyó desde el Chaco un modelo de producción porcina integral que hoy alimenta a cientos de familias en el nordeste argentino. Juan Manuel Korovaichuk, hijo del fundador, lleva el timón de una empresa que se expandió con más de 30 franquicias, manteniendo intacto su espíritu artesanal y familiar.

Hay historias que no nacen en una oficina ni en un Excel, sino en el campo, en el barro, en una charla de sobremesa o en un revés del destino que se convierte en punto de partida. Frigoporc es una de ellas. Surgida en el Chaco, sostenida por una familia y liderada hoy por un joven empresario que aprendió desde abajo, la empresa se convirtió en una referencia del rubro porcino en el NEA y en un caso testigo de cómo se puede crecer apostando al territorio propio.

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El que soñó y trabajo para que Frigoporc sea la gran cadena que es hoy, Oscar Juan Korovaichuk.

Todo comenzó hace más de veinte años, cuando Oscar Juan Korovaichuk, padre de Juan Manuel y alma fundadora de la marca, debió reinventarse. Las políticas de cierre de importación de genética bovina frustraron sus sociedades ganaderas y lo dejaron a la intemperie. Fue entonces cuando, en un viaje, conoció a un productor chileno que le aseguró algo que marcaría el rumbo familiar: "El cerdo es el futuro, sobre todo en un país como Argentina, con poca especialización y mucho por hacer".

Oscar no lo dudó. Empezó desde cero, con apenas veinte madres reproductoras. Hoy, Frigoporc cuenta con más de 2.300 madres activas y una producción aproximada de 900 animales por semana, criados y faenados íntegramente en territorio chaqueño, en su granja intensiva Estancia María, ubicada en General Vedia, sobre la Ruta 11.

El crecimiento no fue casual. Fue paciente, sostenido y profundamente estratégico. "Fuimos creciendo por etapas, siempre tratando de tener el control de todo el proceso, sin depender de terceros", explica Juan Manuel. Y ahí está una de las claves: la integración vertical del sistema.

De la genética al plato: un modelo integrado

Frigoporc es una de las pocas empresas porcinas del país que controla el ciclo completo: desde la inseminación de las madres con genética seleccionada, el nacimiento de los lechones, el destete, la recría, el engorde, la faena bajo normas de Senasa, el desposte (proceso de extracción de los distintos cortes de una res), el envasado al vacío y la distribución directa a sus franquicias.

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"Esa trazabilidad es fundamental. Sabemos exactamente qué animal llegó a qué punto de venta, y cómo fue criado desde el primer día", destaca Korovaichuk. En un contexto donde la confianza en los alimentos es clave, esa transparencia es un diferencial. La carne que llega a las góndolas de Frigoporc no pasó por intermediarios: fue criada, procesada y transportada por el mismo equipo que responde a la empresa.

Además, desarrollaron una estructura logística que les permite despachar pedidos personalizados cada semana a las 34 franquicias. Cada corte está pensado para un cliente específico, respetando volúmenes, preferencias y condiciones de almacenamiento.

Conquistar la mesa chaqueña

Durante los primeros años, la producción de Frigoporc se comercializaba a través de medias reses vendidas a mayoristas y carnicerías de la región. Pero algo faltaba: presencia de marca, cercanía con el consumidor, identidad.

La verdadera expansión llegó con la creación de sus propias carnicerías franquiciadas, un modelo inédito en el país especializado exclusivamente en carne de cerdo. La primera abrió en Resistencia, en la calle 9 de Julio, y luego vinieron muchas más.

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Hoy, con 28 franquicias activas solo en el Chaco y otras en Corrientes, Formosa y Misiones, Frigoporc consolidó un sistema que no solo vende carne, sino que organiza redes de trabajo, abastecimiento y pertenencia. Cada franquicia es también una oportunidad para pequeños emprendedores locales, que acceden a un producto garantizado, con logística asegurada y acompañamiento comercial.

"No se trata solo de vender fiambres. Es pensar en cómo llegamos a pueblos donde antes era difícil acceder a este tipo de carne con buen tratamiento, envasada y controlada", explican desde la firma. La apuesta, además, incluye campañas de concientización sobre los beneficios del consumo porcino: "Es una carne noble, saludable, con cortes versátiles y más accesibles que la vacuna. Solo había que presentarla de otra forma".

La Ucraniana y La Tablita

Con el crecimiento llegó también la diversificación. Además de cortes frescos, Frigoporc lanzó su propia línea de productos elaborados: jamones cocidos, salames, chorizos, morcillas, salamines tipo milano, salchichones y picadas. Para eso crearon dos marcas bien diferenciadas.

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La Ucraniana, quizás la más simbólica, nació como homenaje a los orígenes de la familia. "Mi abuelo era ucraniano y mi papá quiso dejar ese legado y así nació la marca", cuenta Juan Manuel. La otra, La Tablita, surgió para ofrecer una línea más accesible destinada a clientes mayoristas de otras provincias.

Ambas conviven en el mercado con su propia identidad, pero comparten la misma exigencia de calidad: materias primas de origen propio, procesos cuidados y sabores que remiten a lo casero.

Familia, raíces y legado

La historia de Frigoporc no se puede contar sin mencionar la cocina de los domingos, los asados familiares, las charlas con mate en mano donde Oscar comentaba los vaivenes del negocio. Juan Manuel creció entre charqueos, cámaras frigoríficas y anécdotas de proveedores. Pero su incorporación a la empresa no fue automática. Durante años, exploró otros caminos hasta que, a los 24, decidió meterse de lleno.

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"Cuando decidí quedarme, mi papá ya pensaba en jubilarse. Eso evitó muchos choques. Él ya había hecho un camino enorme. Yo fui tomando decisiones con el equipo que fuimos armando, con otra dinámica", relata. La transición, lejos del modelo tradicional vertical, fue horizontal: se armó un esquema de gerencias por áreas (producción, logística, ventas, administración) y las decisiones se toman en conjunto.

La madre de Juan Manuel también fue una figura clave, acompañando desde siempre, gestionando con él el día a día, sosteniendo lo invisible. "No siempre se ve, pero estuvo en cada paso", dice con emoción.

El valor de las personas: un equipo que crece

Hoy, Frigoporc emplea de manera directa a más de 160 personas, además de contratistas estacionales según la época del año. Desde técnicos en genética animal hasta choferes, vendedores, administrativos y operadores de planta. Cada parte de la cadena tiene su rostro, su historia, su esfuerzo.

"No se puede hacer esto sin equipo. Yo no soy el empresario que toma decisiones solo desde una oficina. Lo construimos entre todos, compartimos diagnósticos, buscamos soluciones en conjunto", remarca Korovaichuk. Esa cultura organizacional, horizontal, participativa, comprometida, se nota también en el clima de trabajo y en el bajo nivel de rotación del personal.

Desafíos de un rubro que cambia

El mercado porcino en Argentina crece a buen ritmo, pero no sin obstáculos. La carne vacuna sigue siendo reina en el imaginario argentino y los cambios en el consumo, si bien positivos, todavía son lentos. "Muchos años no podíamos subir los precios hasta que no subiera la carne vacuna. Si no, perdíamos mercado", explican desde Frigoporc.

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La inflación, las políticas económicas cambiantes, la dificultad para planificar a largo plazo y la necesidad de reconvertirse constantemente son parte del día a día. Aun así, Juan Manuel mantiene la esperanza: "Nosotros no dejamos de invertir. Seguimos abriendo franquicias, incorporando tecnología, optimizando procesos. Porque creemos que hay futuro, aunque a veces se esconda".

La estrategia ahora pasa por combinar calidad con precios accesibles, sin resignar identidad. "La gente ya no busca el producto premium que no puede pagar. Quiere algo rico, seguro, bien presentado, que no le rompa el bolsillo. Ahí estamos nosotros".

Juventud, vocación y otros emprendimientos

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Con 32 años, Juan Manuel representa a una nueva camada de empresarios que entienden que el éxito no es solo expansión, sino también bienestar. Además de Frigoporc, lleva adelante un emprendimiento de cerveza artesanal con amigos, iniciado durante la pandemia. "Si lo sentís, hacelo. El camino del emprendedor es difícil, pero llegar a casa sabiendo que hacés lo que te gusta vale oro", dice.

Su consejo a los jóvenes que están empezando: "No esperen tener todo resuelto. A veces el camino se construye andando. Hay que probar, equivocarse, rodearse bien. Y si aparece esa sensación de que esto es lo tuyo, no la dejen pasar".

Frigoporc no es solo una empresa de carne de cerdo. Es una historia familiar que se tejió con esfuerzo, visión y afecto. Una apuesta decidida al Chaco, a su gente, a su mesa. En tiempos de incertidumbre, se agradece que existan historias como esta: que saben de dónde vienen, tienen claro lo que hacen y no se cansan de mirar hacia adelante.

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