La historia de una chaqueña que hizo de su sueño una cadena de sabores
Evangelina no se fue para irse. Se fue para crecer. Y lo hizo con todas las letras: después de atravesar una mudanza que le dio vuelta la vida, hoy lidera junto a su pareja una cadena de restaurantes en Miami que combina identidad, esfuerzo y sazón latinoamericana. Pero su historia no es solo una historia de éxito. Es una historia de coraje.
Eva tenía claro desde chica que lo suyo era viajar. No quería casarse ni tener hijos, como soñaban otras niñas a su alrededor. Su norte era otro: ver el mundo, vivir aventuras, salir de Resistencia. Con ese deseo empezó a ahorrar desde adolescente, trabajando con su papá y convirtiendo cada peso en dólares. A los 22 años armó las valijas y se fue. Sola.

Eligió Estados Unidos porque lo consideró seguro y accesible, y destino la llevó a Carolina del Sur. Ahí, rodeada de frialdad y sin hablar bien inglés, vivió una experiencia tan dura como transformadora. "No la volvería a repetir —dice hoy—, pero crecí muchísimo."
Después de casi un año, decidió probar suerte en Miami. Se quedó un mes con amigas que también habían ido como "Uppers", y fue como un abrigo. "Ahí dije: ‘Ah, mirá, hay gente cálida’." Volvió un tiempo al Chaco para renovar la visa, y al regresar a EE.UU., la pandemia lo cambió todo.
El 14 de marzo de 2020 el mundo se cerró. Eva, que pensaba volver a la Argentina para pasar la cuarentena con su familia, quedó atrapada en Miami. "Yo quería estar con los míos, pero no se podía." Consiguió trabajo en un Family Dollar —una especie de mini market popular— y vivió el encierro desde adentro del sistema estadounidense: esencial, expuesta, en la trinchera.
Fue en ese contexto extraño donde apareció Fede, un argentino/uruguayo que ya vivía desde los 11 años en Miami y conocía el camino. Él pasaba por el local donde ella trabajaba y compraba alcohol en gel y té, aunque después confesaría que era más una excusa para verla.
Lo demás es una historia de amor que se cocinó a fuego lento: entre partidas de truco online, comidas compartidas y largas conversaciones, empezaron a proyectar juntos. Y también a trabajar codo a codo.
Eva comenzó a trabajar en un restaurante donde arrancó lavando platos. No hablaba fluido inglés, no entendía a los clientes, y no había tiempo para aprender: todo era rápido. "Tenía que aprender corriendo, fue durísimo." Pero paso a paso fue creciendo. Lavaplatos, cajera, ensaladas, cocina, asistente y finalmente manager.
Mientras tanto, Fede seguía en Campo Argentino, el restaurante de carnes fundado por su padre. Cuando su madre falleció en pandemia, y su hermano dejó el proyecto, él y Eva se hicieron cargo de todo.
Hoy tienen cinco restaurantes funcionando en Miami: un steakhouse argentino, dos locales "Yes Café" con impronta americana, uno de comida mexicana y un nuevo concepto de pizza y café. Entre todos suman 60 empleados.
Un poco de cada lugar, mucho de ellos mismos

Los restaurantes que Eva y Fede construyeron son un cruce de caminos. En Campo Argentino hay carne a la parrilla, empanadas, provoleta y Malbec. En Yes Café, café de especialidad, brunchs abundantes y pastelería bien americana. En Mexsi, tacos, margaritas, nachos y un espíritu joven. En Pizza & Café, la idea de que el desayuno puede convivir con una porción de muzza sin problemas.
"Cada local tiene su identidad, pero en todos hay algo nuestro", dice Eva. Lo que los une es la calidez del servicio, la atención a los detalles, la buena energía. "Queremos que la gente venga y se sienta bien, que se sienta vista", dice.
Para Eva, la idea de familia es central. "Extraño horrores a mi mamá y a mi abuela, pero ellas siempre me impulsaron a volar." En Miami, encontró otra forma de arraigo: una familia elegida, multicultural, diversa. Con ellos celebra la vida cotidiana y también las grandes fechas.
"Navidad sin calor, sin locro el 25 de mayo, sin empanadas el 9 de julio… cuesta", dice. Pero también aprendió a valorar todo desde otro lugar. Por eso, cada tres meses vuelve al Chaco. "No puedo estar mucho tiempo sin ir. Vuelvo a cargar energía, a abrazar, a comer lo que me gusta."
Volver con la frente en alto
Eva no olvida de dónde viene. Sabe que muchos, cuando se van, sienten que tienen que "triunfar" rápido para justificar la distancia. Ella aprendió que el verdadero éxito no está en los títulos, ni en los likes, ni en los lujos. Está en la resiliencia, en la capacidad de construir desde cero, en no olvidarse de uno mismo.
"Cuando venís del interior del interior, como el Chaco, todo cuesta el doble. Pero también te enseña a valorar el triple", dice.
La historia de Eva no es solo una historia de éxito. Es una historia de coraje, de prueba y error, de construir con amor. De alguien que se fue sin irse del todo. "Sigo soñando, dice, porque esto recién empieza." Cierra Eva.
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