Del aula al volante: un Taxi Rosa para llegar a fin de mes
Ruth Alcorta es profesora, trabaja en escuelas de Charata y cría sola a sus dos hijos. Tras quedarse sin gas y sufrir el corte del servicio eléctrico por falta de pago, lanzó un servicio de transporte exclusivo para mujeres.

"La pobreza es la escuela del vivir". La frase, tomada de la canción "Allá vamos", es la primera que utiliza Ruth Alcorta para explicar por qué decidió convertirse en conductora de un servicio de transporte pensado exclusivamente para mujeres. La historia de esta profesora de Historia de Charata no comenzó con un plan de negocios ni con la intención de emprender. Comenzó cuando las cuentas dejaron de cerrar.
"Taxi Rosa es una manera de sobrevivir a la economía que llegó a un punto desesperante de cortarme la luz, quedarme sin gas y tener cuentas que no puedo pagar", resume en contacto telefónico con NORTE. Días atrás le cortaron el suministro eléctrico. Al día siguiente se había quedado sin gas. Vive sola con sus dos hijos, de 11 y 6 años, y asegura que la situación económica de muchas familias ya no pasa por dejar de pagar deudas, sino por la imposibilidad de sostener servicios básicos. "Estamos en un punto en que no solamente no podemos pagar las deudas, sino que hasta los servicios básicos nos cuesta sostener", afirma.
La factura de electricidad es uno de los ejemplos más claros. "Me vino 200.000 pesos de luz. Antes pagaba 30.000. Hoy es impagable", cuenta. "Ayer (por el martes) cobramos. Lo primero que hice fue devolverle plata a mi mamá. Y con el aguinaldo voy a pagar la luz que viene", relata.
Del aula al volante
Ruth se recibió de profesora de Historia en 2011. Actualmente trabaja tanto en escuelas de la zona urbana como rural y recientemente logró titularizar veinte horas cátedra. Sin embargo, asegura que el salario ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas. "Soy profesora, pero no nos alcanza la plata", dice sin rodeos.
La idea del Taxi Rosa comenzó a tomar forma hace varios meses, aunque recién pudo concretarse cuando su hermana compró un automóvil. "Mi hermana quería usar el auto como remis y me preguntó si podía ayudarla. Yo venía pensando esto hace mucho tiempo", explica. Para promocionar el servicio tomó como referencia una publicación que había visto en Estados Unidos. "La adapté y le agregué mi número de teléfono", cuenta.
Así nació Taxi Rosa, una propuesta que busca combinar una salida laboral con una respuesta a una preocupación cada vez más frecuente: la seguridad de mujeres y adolescentes durante sus traslados. "Por otro lado, también es algo que no existía en Charata. Me gustaría que Taxi Rosa estuviera en todos los pueblos para que las mujeres puedan viajar seguras", sostiene.
Una necesidad y una demanda
El servicio comenzó a funcionar hace apenas una semana, pero la repercusión fue inmediata. "Las madres me llaman para que lleve y traiga a sus hijas. En vez de que hagan viajes en moto o se trasladen con desconocidos, las llevo yo y están tranquilas", explica. También realiza traslados de estudiantes, mujeres que salen con amigas y familias que prefieren contar con una conductora conocida. "Me hablan en la calle, me felicitan y me agradecen. La verdad es que tuvo una gran aceptación", señala.

La propuesta encontró eco en una ciudad donde muchas familias valoran la posibilidad de saber quién transporta a sus hijas. "Las chicas se sienten seguras y las madres también", asegura.
La iniciativa incluso despertó interés entre otras mujeres que atraviesan problemas similares. "Hay amigas que quieren sumarse con sus vehículos porque tampoco pueden pagar las cuotas. Las profes están muy mal. No se pueden pagar las cuentas esenciales", comenta.
Tres trabajos para llegar a fin de mes
El Taxi Rosa es apenas una de las actividades que Ruth realiza para sostener a su familia. Hace tres meses comenzó además un emprendimiento de desayunos personalizados, presentados en bandejas decoradas y adaptadas a cada ocasión. "Eso también anda muy bien. Ahora aumentaron mucho los pedidos", cuenta. Actualmente recibe encargos para cumpleaños, aniversarios y especialmente para el próximo Día del Padre. "Es para ir tirando el día a día", reconoce.
La organización cotidiana es un desafío permanente. "Tengo que combinar las tres actividades. La docencia, el taxi y los desayunos", explica. Los fines de semana y las noches suelen concentrar la mayor cantidad de viajes, mientras que durante el resto de la semana prepara los pedidos gastronómicos y cumple con sus obligaciones docentes.
A sus 44 años, Ruth Alcorta divide sus días entre las aulas, la cocina y el volante. Lo hace para sostener a sus hijos, pagar una factura de luz que se volvió impagable y seguir adelante en un contexto que considera cada vez más difícil. Su historia es la de una docente que, cuando la realidad le cerró una puerta, decidió buscar otra ruta para seguir avanzando.

"Uno no deja de pagar porque quiere"
Lejos de hablar únicamente de su situación personal, la profesora Ruth Alcorta cree que la crisis atraviesa a gran parte de la comunidad. "La gente no llega a fin de mes. No llega ni a la semana", asegura.
También observa que cada vez resulta más difícil emprender porque quienes venden enfrentan el mismo problema que quienes compran. "Todo el mundo está vendiendo y todos queremos comprar, pero no tenemos plata", describe.
Por eso rechaza las explicaciones simplistas sobre quienes acumulan deudas. "Uno no deja de pagar porque quiere. No paga porque realmente no puede", afirma.
Mientras continúa manejando el Taxi Rosa y preparando desayunos por encargo, mantiene una expectativa que comparte con muchos docentes chaqueños. "Necesitamos que nos paguen la cláusula gatillo para poder llegar a fin de mes", reclama.










